el ombligo de piedra 

 

 

 

     EL OMBLIGO DE PIEDRA
La columna de Rogelio Ramos Signes
Esa otra literatura 

Kenneth Owen, en su ensayo Camino hacia el maestro que llevamos dentro, defiende la idea del hombre como ser naturalmente religioso. «Al igual que la palabra, al igual que el sonido articulado, el ser humano lleva potenciada en las moléculas que inciden en el hipocampo del cerebro la idea de Dios» asegura el autor, sin hesitar. Cuesta creerlo, pero así son estos libros de presunta divulgación científica. Jessica Haig en el epílogo de Milagro en el jardín de la manzana, en estilo directo y despiadado, y Paloma Irene Labarta en Vacaciones inteligentes de mister Swamp, algo más sutil; se ensañan con este promocionado autor británico.

Para el también muy requerido Nereo Fernández la antítesis entre ciencia y fe se resuelve por el camino del arte; al menos ésa es la hipótesis que defiende en Menester de Holofernes y los suyos. Sus detractores (que también los tiene) aseguran que la consistencia de sus ideas no resiste el mínimo control de originalidad, ya que el citado libro sería un mero plagio de Pormenores de la mente en ascuas de Jacoba Warner. A decir verdad esto es injusto, ya que Fernández llega a esa conclusión tras el desencanto de su larga actividad como docente de ciencias duras en universiadades europeas, y la Warner sólo esboza ese tema en un párrafo donde pone en tela de juicio la obra de los intelectuales norteamericanos de los años 60 bajo efecto de los alucinógenos. Para el escéptico Agustín Laguna Godoy (Los sueños nunca se cumplen, Ediciones Prensa Periódica, Caracas, 1989) ambos autores sólo deambulan por los suburbios de un tema que les queda demasiado grande.

Hacia mediados de 1990, Conchi Llobregat, frente a cámaras de la televisión española, presentó su libro Arquitectos del futuro (Otra vuelta de tuerca sobre Medicina y Psiquiatría). De la mesa panel formada a tal efecto participaron otros escritores de cierto renombre: Celedonio José Guijarro, cuyo libro De la iluminación a la locura ya va por su quinta edición en sólo tres años; Idumeo San José, autor de la controvertida novela El valle de las últimas palabras; y el florentino Desiderio Canali que coordinó los trabajos de los alumnos de la Catenaria Culturale en el volumen conocido como Dinámica de la hipnosis curativa. En esa oportunidad Conchi Llobregat lanzó su grito de guerra contra sacerdotes y psicoanalistas, incriminándolos de encubridores, de «fiscales de lo siniestro», de «capataces en la factoría de dogmas» según sus propias palabras. Esto le valió alguna amonestación de la diócesis local y la masiva demanda de su libro por parte de un público ávido por tener en letra impresa lo que había escuchado frente a la pantalla del televisor. Lo llamativo de esto es que en menos de treinta días el libro se tradujo a seis idiomas y motivó a Oderico Schonfield para que escribiese su ensayo Trama y urdimbre del pensamiento esencial, hoy por hoy reconocido como el texto de mayor seriedad en el tema; e inclusive El tenedor del hereje, considerado como la segunda parte.
En su afán por vender libros, en una época en que la gente lee cada vez menos, las editoriales gastan grandes sumas promocionando engendros producidos a escala sáurica. Los resultados económicos deben ser buenos, a juzgar por el amplísimo catálogo de iniquidades que termina viéndose impreso. Centros de estudios psicocientíficos; escuelas de investigaciones y terapias electrobiónicas; clubes para la apertura de canales energéticos; grupos de consultas esotéricas, mensajes hipnóticos y relajación dinámica; gabinetes de estudios alternativos y asociaciones para la difusión de la sofrología experimental terapéutica (entre muchas más), editan su material apuntando a un público que ha dejado de encontrar respuestas a sus necesidades en el ámbito espiritual que le presenta su religión hereditaria. Allí es donde debemos rastrear el porqué de la masiva respuesta a libros como Alma gemela, estés donde estés de María de la Encarnación Rodríguez Tarquís; Ráfagas de pyr, novela firmada por un tal Federico Iborra, donde el autor expone la virginidad de una supuesta María Magdalena complaciendo al pequeño Mix Mix en la lóbrega abadía del Símbolo Inflamado; La colina del lento amanecer, de Rupert Brinkley; e incluso al verdadero best seller de esta tendencia: Los primeros padres, de Arantxa Mellans.
Más domésticos en sus expectativas resultan algunos textos que siempre terminamos descubriendo en negocios de libros usados. Resulta imposible imaginar el momento de su edición. Este sería el caso de un breve librito titulado Cómo enfrentar a la muerte con una sonrisa, de un increíble Vidusindo Carnac (posiblemente un nuevo alias del prolífico Juan Conrado López); o Hipnoterapia para el buen humor, de Tiburcio Aguilera Bais; o bien Todo es vibración, todo es energía, de la «poética» Rocío Matinal, que no es otra que Josefa Mosqueda, que a mediados de los 70 vendió como pan caliente su libro La comida del próximo siglo, hasta que se descubrió que reproducía como propia cierta información robada al Instituto Égalité (de Montpellier, Francia) y hasta fue a la cárcel por ello. De allí el fresco seudónimo usado por la «popular divulgadora».
Todavía marcado por el éxito de Experiencias en el umbral de la muerte, Tommy Hawkins volvió a la carga contando de otra manera sus visiones ya expuestas en Desagotando el mar con un balde. Este interminable poema, luego reeditado con el explicativo subtítulo de Diálogo entre un náufrago y una botella enterrada en la arena, significó su adiós literario; de allí al Mato Grosso, del Mato Grosso a las playas balinesas, y de las playas balinesas al silencio definitivo. Ahora bien, si hay que hacer una mención especial ésta debe ser para el último libro de José León Ortiz de Cardeñosa. En búsqueda del póngido cognitivo (Diez eslabones perdidos para una cadena sin fin) rompe con las reglas del género crítico, ya que no respeta la linealidad que exige el público consumidor de este tipo de obras. Ortiz de Cardeñosa pide perdón por los crímenes cometidos en nombre de la fe «que nada tienen que ver –aclara– con los sacrificios en los altares aztecas, sino con la marginación histórica de los hombres pobres por parte de los representantes del poder divino; es decir –concluye– por uno de los más feroces poderes terrenales que puedan imaginarse». En fin, literatura. Literatura de todo calibre para lectores de quermese.
Pero no se preocupen, amigos, ya que todos los autores mencionados en este texto no existen y, por consiguiente, los libros reseñados tampoco. Sólo se trata de un pasatiempo de vigilia que he osado permitirme hoy, miércoles 3 de mayo del año 2000. 

Rogelio Ramos SignesRogelio Ramos Signes, nació en San Juan en 1950 y actualmente vive en la ciudad de Tucumán. Ha publicado numerosos libros de poesía y narrativa entre los que podemos destacar Las escamas del señor Crisolaras (Cuentos, Sudamericana, Buenos Aires, 1983), Diario del tiempo en la nieve (Nouvelle, Minotauro 10, Buenos Aires, 1985), Soledad del mono en compañía (Poesía, Libros del Hangar, Tucumán, 1994), Polvo de ladrillos (Ensayos, Libros del Hangar, Tucumán, 1995), El ombligo de piedra (Ensayos, Libros del Hangar, Tucumán, 2000, segunda edición 200), Un erizo en el andamio (Ensayos, Libros del Hangar, Tucumán, 2006) y La casa de té (poesía, Ediciones en Danza, 2009) entre muchos otros. Esta columna pretende acercar a nuestros lectores los textos que fueran publicados cada mes desde diciembre de 1995 a junio de 2000 en la revista Arquitectura y Construcción y que fueron reunidos en el libro El ombligo de piedra.