#MICROLEE 2018

LABORATORIO DE LECTURA 2018

Invitada Esther Andradi

 

 MICROLEE N2 ANDRADI

 

 Elogio de las pasiones: la microficción de Esther Andradi 

Ildiko nassr

 

 Lo interesante de la microficción es su hibridez. Ese ondulante deseo de nombrar y nombrar-se de acuerdo a conveniencias y puntos de vista. Esa inasibilidad de pez. El sabor difuso de un fruto que se come por primera vez y estructura toda una nueva gama de sentires y pasiones. No se puede asir un microrrelato ¿o una minificción? Este género escurridizo adquiere múltiples formas y perspectivas y se acomoda entre el cuento y el poema. ¿Se acomoda? ¿Se hace un hueco y reposa tranquilamente? ¿O acaso se cuela en los intersticios entre estos géneros ya clásicos inaugurando nuevos espacios, nuevas emociones, nuevas maneras de decir? 

Esther Andradi recorre emociones sin preocuparse por si eso que escribe será un microrrelato, sino apuntando una flecha al vacío y acertando en el corazón del lector que siente que sólo escribe para él, en una sostenida intimidad. Y la escritora, escribe, a pesar de todo. A pesar de la incomodidad y las dificultades como bien describe en este fragmento: 

                                     En esa casa escribía en el armario. Un espacio entre el baño, la cocina y el dormitorio,

                                   que se abría para escribir y se cerraba para guardar. Era el antecedente del archivo digital,

                                   pero entonces yo no lo sabía. Tipeaba por las noches, culpable por molestar, por no              

                                    compartir el lecho, por la luz encendida.[1] 

Todo lo que uno desea quiere llevárselo a la boca: la comida, los labios del amado, una copa de vino, las palabras… Los textos de Esther Andradi también. Se paladean, se degustan, se desvisten y ofrecen múltiples sorpresas al lector/comensal. Ofrece un banquete de textos breves con una generosidad desinteresada, ya desde el título de su primer libro de micros: Come, éste es mi cuerpo. Y los placeres de la bebida y la comida se confunden con placeres sagrados, que indagan y preguntan. Crean nuevas teorías, como en el micro LO MÁS PROFUNDO ES LA PIEL[2] 

La escritora es como Una doña Petrona fuera de órbita [que] apronta el horno[3] y crea un universo. Un universo que se expande en la imaginación del lector. Un universo irónico, misterioso y placentero. 

Vemos la ironía en algunos remates de textos, tales como: 

                             Nada que ver con el perejil en que me he convertido[4]

o 

                             No soy ninguna papafrita[5] 

También se plantea la dualidad de lo femenino y lo masculino a través de preguntas retóricas que alientan la reflexión irónica:                                         ¿Hay algo más masculino que la carne? ¿Más violento y lleno de provocaciones

                                  que un trozo de carne fresca colgando del gancho?[6] 

La autora hace instantáneas de momentos y elementos que sobrevivieron al tiempo y los recupera desde la emoción que produjeron a la autora/narradora, como en el siguiente micro: 

                          En la infancia había dos tipos de mares. La mar grande que separaba a los abuelos de Europa

                         y la Mar Chiquita adonde iban las tías de vacaciones. La Mar Chiquita era en verdad una laguna

                         de agua salada a pocos kilómetros de donde nació, y que conoce sólo de oídas porque hasta ahí

                          todavía no llegó. Y ahora que cruzó varias veces la mar grande qué no daría por vivir otra vez

                          cerca de la Mar Chiquita.[7]

La buena escritura, como la buena cocina, no conoce fronteras. No necesita idiomas. Sucede. Conmueve. Simplemente es. Como los textos de Esther Andradi. 

San Salvador de Jujuy, febrero de 2018 

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[1] De REQUIEM POR RIOBAMBA (inédito).

[2] Incluido en el libro Microcósmicas

[3] De MAMÁ AMASA LA MASA. Incluido en el libro Microcósmicas.

[4] De MAMÁ AMASA LA MASA. Incluido en el libro Microcósmicas.

[5] De REQUIEM POR RIOBAMBA (inédito).

[6] De CARNES. Incluido en el libro Come, este es mi cuerpo.

[7] Incluido en el libro Sobrevivientes.

 

ESTHER ANDRADI 

TRAVESÍAS DE LA ESCRITURA, TRAVESÍAS DE UNA PROVOCACIÓN EN VERSIÓN MÍNIMA. 

LILIANA M. MASSARA

Esther Andradi, santafecina de Altiva, tiene una particularidad que la hace interesante en el ámbito de la literatura, dado que es una viajera que reside en Berlín , que vivió en Buenos Aires 8 años con su familia, que tiene la posibilidad del ir y venir, no solo entre continentes diferentes sino que, además, tiene la particularidad de “vivir entre lenguas” como dice Sylvia Molloy; una escritora, de algún modo bilingüe que se identifica con dos lugares en el mundo, marcada por el sello de la lengua materna pero con la singularidad que le permiten las distancias: interpretar el mundo desde la expansión geocultural de su mirada, atravesada por fronteras culturales y enlazando tiempos entre la brevedad y la concisión de sus ficciones en moldes más pequeños. 

Una escritora que se atreve en la variedad con ensayos, cuentos y aún, la novela, se remite, en esta oportunidad, a poner en la acción del papel juegos inteligentes que se conjugan con la variedad de moldes. Lo interesante, a partir de la selección que la autora nos envío, conlleva a observar el comportamiento del género al que se alude, y la razón de su discurso. No la afecta el mandato de la brevedad, ni la exacta medida a la manera de Augusto Monterroso en su ya mítico texto del dinosaurio, sino en la flexibilización de la misma, en la movilidad de las formas por las que atraviesa el género en sus textos, y el trabajo de su literariedad, apelando a veces al humor, a la ironía, sustentando figuraciones de la realidad con ciertos rumores intertextuales, o bien mediante intervenciones de la memoria y un locus histórico insinuado y de “golpe seco” a la vez. 

¿Cómo definir su narrativa de breve dimensión? ¿Existe ese rasgo tan importante que define Fernando Valls, llamado narratividad y que destaca David Lagmanovich cuando habla de que es una “minificción y como tal, debe poseer una historia? A partir de los textos seleccionados para su análisis[1] , y lo ya expresado, nos acercaremos para considerar algunos sentidos de estas “minificciones” y el mapa formal en el que las sostiene. 

En el caso de Sobre vivientes, mediante el subtítulo “De Vuelta”, el núcleo narrativo está centralizado en la captura del pasado, “mirar hacia atrás” como un modo de alcanzar mayor conocimiento de la vida; volver al inicio, si es que se vuelve realmente, porque la memoria mira lo que ya no está, y en esas vida que son únicas, las narradoras que construye (yo/ella) Andradi trabajan con la metáfora del tiempo y con ciertos tonos femeninos y nostálgicos. En “La mercería” hay una posibilidad de regreso, de aprisionar el pasado frente a lo que ineludiblemente ya no está; los objetos de la infancia como marcas del pasado, lo que ya es antiguo y tal vez nunca se recupera, lo que se transforma y lo que no se adapta y queda aferrado a un tiempo, y lo que “sobre vive”. La autora trabaja vidas singulares entre movimiento opuestos o complementarios, pero necesarios para el reconocimiento del sujeto frente al espacio y al tiempo que ineludiblemente cambian: 

─Todavía quedan huellas...─murmura esperanzada al extranjero que la acompaña. Y juntos admiran el rastro de esa madera que supo ser alguna vez cama, mueble, cuchara y silla. Pasiones que consumió un verano. 

Se ríe el hombre que atiende y al final le permite que se lleve uno de sus trofeos. (III,9) 

La nostalgia, el detenerse en el pasado mediante la representación por los objetos, puede ser dañina, repasar puede permitir el auto-reconocerse aunque, engendrar dolor. Así como cuando apela a la revisión de instantes de la historia como un tiempo que camina un siglo es donde la autora, mediante la concentración de datos y la síntesis de una secuencia, vuelca la mirada a las cicatrices dejadas por los dictadores y caudillos para plantear la marca de una semántica que continúa dejando huellas en la designación de los “desaparecidos”. 

En “Partida” se evidencia lo autobiográfico en la casa de la infancia, en los fantasmas de las noches niñas; el coche motor, el ferrocarril, el colectivo y la “nena que se va a la ciudad”. En “Partida doble” los efectos son más tremendistas mientras que en “Laberintos”, la narración armoniza con la nostalgia de las cartas que se esperan. No me detengo en cada una de las ocho partes en que está organizado el texto, destaco algunas, sin dejar de mencionar el tópico del tiempo como viaje y el viaje en sí mismo como ese estar “En tránsito”, búsqueda de sí permanente, por las geografías del reloj y dar la “Vuelta entera” de sus agujas para volverse a encontrar con ella misma, mientras va representando el sentido de la imposibilidad de permanecer sin transformarse; solo queda la imagen y el imaginario de un tiempo, nada es, todo fue como el país donde la estación y el tren ya no están, son la mirada desde el recuerdo y desde una viajera “sin límites”, en constante transcurrir, entre la realidad que observa, su propio relato y el que le llega de otras voces. 

En Come, este es mi cuerpo, apela, según esta selección, a un conjunto de elementos relacionados con el placer y el arte culinario, sin embargo, los sentidos pueden no significar siempre el beneplácito que puede dar el “Vino”, sino la otra cara más oscura de las experiencias de la vida o de las vivencias como en “nueces”; y la audacia que logra a través del sensualismo que roza lo erótico en la forma de saborear el fruto en “Alcachofa”. En su conjunto, estos micros son una manera de decir la sexualidad, la atracción, y también los vacíos del ser como tal. 

Microcósmicas está surcada por la idea de la escritura como caos, según alega el epígrafe, y alcanzado su nuevo orden, tal vez se pueda asistir a un estado de purificación, para lo cual, la escritora ha seleccionado partículas existenciales del cosmos. Un texto que también está organizado en partes, pero esta vez, apela a las figuras de la música y establece una relación con el lenguaje, dos campos del arte que se unen para significar el universo. En “allegro ma non tropo” con la idea de un Dios que nos habilita la vida, y el hombre que vive entre sueños, miedos, fantasmas, deseos, fracasos y la puesta en escena de la propia escritura, en la que se pone el cuerpo, y en la que la “vibra” está en la piel, lugar de la profunda sensibilidad frente a lo otro. En “Memoria cafuné” dice: 

me queda una cicatriz que, con los años, se ha ido ocultando bajo el cuero cabelludo. 

Cada vez que nos vemos, mi padre me acaricia la cabeza hasta encontrarla. Me recuerda los efectos colaterales del deseo.  

La vida como parte de la literatura, la existencia en formato pequeño pero profundo y hasta filosófico, desde donde lo real se conquista o atrapa, y la escritura se hace o fallece. En “Mañana” relata: 

Desde hace una semana alucina. Se ve observándose desde un ángulo de la habitación. 

Han pasado los años, ya no hay nada, no queda nada. Y el que mira le recuerda estos días en que cree que escribe. 

Mañana ya fue. 

Esther Andradi atraviesa el universo con la ficción; trabaja con acierto el compás narrativo que le requiere el microrrelato y se atreve a cierta inestabilidad con las formas porque no son su preocupación única; suele cortar la prosa en el discurrir de algunos versos en los que no busca el lirismo propio de la poesía sino la metáfora de la vida; la implicancia de la existencia en las historias que relata. Juega con el género, lo “amasa”, provoca a través de una avanzada, a veces grotesca, violenta, o lo armoniza con la memoria de lo que ya no tiene presencia. Sus minificciones comparten los tonos que posee la literaturidad de los hechos que narra con ermerada imaginación y lenguaje transparente, espontáneo, entre la calidez y a veces, cierta consternación.

 

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[1]Come, éste es mi cuerpo. Ediciones, Último Reino, Bs. As. 1991,1997; Sobre Vivientes. Sigmurg Ediciones, Bs. As. 2001; Microcósmicas, Macedonia Ediciones, Morón, Argentina 2015-2017