Tonio 3

              

                      

 

 

ACERCA DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ. (Antonio Cruz)

 

 

Hace pocos meses atrás, el diario “El liberal” de Santiago del Estero, a raíz e la muerte de Gabriel García Márquez, me solicitó a través de uno de sus corresponsales la confección de un artículo que, en alguna medida, no sería otra cosa que una necrológica. Me pareció bastante desafortunada la idea de escribir una nota de este tipo, por lo que, acepté la posibilidad y traté de reflexionar no tanto en la muerte de Gabo sino en su vida. Me parecía más justo.

Mi relación con la palabra de García Márquez había atravesado momentos de profundo rechazo, hasta que, no sé bien de qué manera, logró conquistarme y entonces tomé la decisión de contar de manera más o menos lineal esa historia de desencuentros entre mi intelecto y la obra monumental del colombiano

Corría el año 1968 y yo estaba dando mis primeros pasos en la Facultad de Medicina. Una tarde, a la salida del Hospital Nacional de Clínicas de Córdoba, fuimos a tomar un café varios de los noveles estudiantes. De aquella tarde recuerdo que un amigo (de quien lamentablemente tengo un vago recuerdo), me preguntó si había leído “Cien Años de Soledad”. Acostumbrado a la literatura que leía por entonces, respondí sin el menor pudor, que ni siquiera conocía el nombre del autor. «No sabes lo que te pierdes» dijo el muchacho. «Es una obra maravillosa y seguramente este autor marcará un antes y un después en la literatura latinoamericana».

Acicateado por la curiosidad, al día siguiente visité varias librerías, donde curiosamente la obra no estaba en la vidriera sino en un mesón donde había “novedades literarias”. Con inmenso dolor por el impacto del costo del libro en mis ya menguadas arcas de estudiante me fui con un ejemplar en la mano y esa misma noche acometí su lectura.

Debo confesar que me resultó difícil encarar la obra; quizás la edad, mi costumbre de leer otro tipo de literatura o alguna otra razón que desconozco, influyeron para que me resultara un libro cercano a lo críptico y que me insumió varias semanas en terminar. Cuando llegué al final, estaba plenamente seguro de que mi dinero había sido malgastado. No me había producido ninguna emoción particular.

Pasó el tiempo. Mis estudios y, sobre todo, la lectura en mis ratos de ocio de aquellos autores que me seducían más, me llevaron a olvidar a García Márquez y sus “Cien años…”.

En 1987, por razones particulares, me mudé a la provincia de Neuquén a realizar una tarea que me dejaba mucho tiempo libre para la lectura. Uno de esos fines de semana tediosos que a veces nos apresan, me llevó a releer la obra de Gabo y fue como si en el instante mismo en que leí la primera frase de la novela, mi cerebro hubiese recibido un rayo de luz. Me llevó apenas tres noches meterme en la fascinante historia de los “Buendía” y recuerdo que el lunes me dediqué a visitar varias librerías neuquinas en busca de más obras de García Márquez. Por aquel entonces solamente encontré ese magnífico conjunto de relatos que se llama “Los funerales de la mamá grande”. Cuando leí el segundo libro de García Márquez que llegó a mis manos, me di cuenta que, contrario sensu a lo que siempre había pensado, entre los escritores que tienen el español como lengua materna, los había tan buenos o mejores quizás que aquellos que habían sido mis preferidos.

No obstante, fiel a mi costumbre, seguí leyendo a Le Carré, Lartèguy, Ludlum hasta que, en el año 1996, alguien me prestó una novela de Mempo Giardinelli (“Imposible equilibrio”) lo que cambió definitivamente mi manera de leer. Creo que, a partir de ese momento pude comprender en su profundidad la literatura española y llegaron Rulfo, Fuentes, Vargas Llosa, Roa Bastos y por supuesto Gabo.

Fue entonces el tiempo de “El amor en los tiempos del cólera”, “El coronel no tiene quien le escriba”, “Crónica de una muerte anunciada” y varios otros títulos que la mayoría de los lectores conocen quizás mejor que yo. En este punto me parece apropiado confesar que todos los libros de este autor que leí me gustaron  pero, estoy convencido, el que más me conmovió fue “Del amor y otros demonios” que leí allá por el 98 o 99. No sé bien por qué pero la historia de Sierva María y Cayetano Delaura, me llegó bien dentro y, curiosamente, siempre que puedo vuelvo a ella como si se tratara de una rara obsesión.  Probablemente porque la grandeza de ese amor imposible no sea otra cosa que el fiel reflejo de todos los amores imposibles que en el mundo han sido.

García Márquez pasó por diversos avatares en la última etapa de su vida, avatares que, probablemente, lo hicieron más misterioso, como por ejemplo la acusación en 2005 por parte del escritor Gregorio Morán,  acerca de qué “Memoria de mis putas tristes”, no es otra cosa que una adaptación encubierta de la obra de Yasunari Kawabata, “La casa de las bellas durmientes”.

No obstante, mi opinión es que, los textos de García Márquez combinan con originalidad y pericia, la descripción de paisajes y locaciones, así como la esencia del alma de cada uno de los personajes que habitan sus cuentos y novelas. Hay numerosos artículos, escritos por críticos de prestigio, que dejan claramente expresada esta cualidad de recrear personajes y sucesos “reales”, lugares comunes en la obra de Gabo.  

A lo largo de toda su historia literaria, valiosos alegatos y exhaustivas investigaciones no solamente han elogiado su obra sino que hasta nos permiten saber a cuál de los García Márquez (de aquellos que fue Gabo) estamos leyendo. 

Se me ocurre que García Márquez, quien era dueño de una increíble imaginación, ha sido capaz de ayudarnos a comprender que es la soledad, que es el avatar, que es la solidaridad pero por sobre todas las cosas, que es el amor. Estoy convencido de que también nos permite enfrentar nuestros triunfos y frustraciones como parte de lo que es una verdadera novela: La vida. Esa vida que él describe con una maestría de la que solamente es capaz el propio Gabo. GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ

Quiero creer también que, el verdadero secreto de la obra de García Márquez, es esa cualidad que la transforman en un valioso tesoro, comprensible en su verdadera dimensión, solamente por quienes vivimos en este grandioso país que es Sudamérica y en especial para los pueblos caribeños, porque seguramente, aún las mejores traducciones de sus obras, no pueden interpretar con exactitud aquellos giros idiomáticos que nos hacen tan iguales y tan diferentes a la vez.

Seguramente, este indiscutido referente del realismo mágico, dejó un vacío difícil de llenar no solamente en las letras de esta parte del mundo sino también en el periodismo que ejerció con pericia. Vaya nuestro adiós de lectores y dejemos que los críticos, los académicos y el tiempo reflejen la obra de este verdadero maestro de la literatura.

 

               

Un’esperienza chiave durante l’adolescenza è l’innamoramento, http://guardastelle.net/gs/propecia-italia.html acquistare propecia generico momento di passaggio dagli amori intrafamiliari a quelli extrafamiliari, vissuto frequentemente come esperienza totalizzante.