POEMAS DE EFI CUBERO

FOTO EFI CUBERO

Nació en Granja de Torrehermosa (Badajoz, España). Formada en Barcelona. Reconocida como poeta y ensayista, ha realizado estudios de Historia del Arte, Lengua y Literatura en Barcelona donde residió hasta hace poco tiempo. Fue corresponsal de Frontera en Barcelona y es desde hace varios años colaboradora de Revistart donde ha publicado cientos de artículos. Autora de los libros: Punto de apoyo, Condición del extraño, Ultramar (Libro de Artista en colaboración con el pintor Paco Mora Peral), Estados sucesivos, Borrando márgenes, Altano, Fragmentos de exilio y La mirada en el limo. Numerosos poemas, ensayos y entrevistas a personajes del mundo del Arte, el Pensamiento, la Ciencia y la Literatura le han sido publicados en libros y revistas académicas de pensamiento y literarias, de España y América. También cultiva el relato corto y ha prologado a varios escritores. Autora de textos en una serie de catálogos de arte, ha sido miembro de diversos jurados y participado como ponente en congresos nacionales e internacionales, e impartidas conferencias y lecturas poéticas en diversas instituciones y universidades.

 

FUENTE

Estábamos al sol del pensamiento en una tarde clara.
Frente a la mar hablamos de todo en confidencia.
Sólo genero historia, me dijiste, no es esencia, es historia.
Tu drama existencial me conmovía y yo me limitaba a comprender,
sustentar ese duelo, acompañarte – quizá – en el sentimiento.
Desde aquel soliloquio disfrazado de diálogo
la semilla parecía que afloraba, tal vez manifestarse;
la estela precursora del principio empujaba tu mundo
como la espuma ambigua de un trazado de arena.
Sentí esta travesía como propia mientras tú
recostabas palabras en mi hombro.
De pronto aquel silencio repentino que rompiste en voz baja.
El dolor contenido en el deseo:
-Mientras manaba no estuve en la fuente. – Confesaste-
El vacío de tener que comprar la vida embotellada.

(De Punto de apoyo, De la luna libros, 2014.)

 

HUELLA
(Para Basilio Sánchez)
¿Dónde pasó el pasado
cuando acaso soñé lo que me dije
La eternidad fue un trozo de cielo
en las encinas.
Una huella en el agua de los días.
Lo que queda en los ojos después
de los asombros.
Lo que al pasar la página
puede desvanecerse.
Un sobresalto ante lo prefijado:
la comunicación del otro extremo
que prende el fuego sobre la materia.
Tan sólo queda lo incomunicable.
Esta forma de ser de la palabra,
que tan bien conocemos,
cuando regresa al tiempo del silencio.

(De Condición del extraño, La Isla de Siltolá, 2013)

 

DIÁLOGO

(A Jesús Moreno Sanz)

Esta sensación de no ser casi nada de casi no existir.
La mirada golpea alguna puerta, y de pronto,
de par en par los ojos se han abierto
y entablamos un diálogo sin palabras audibles.
Es la comunicación más inmediata,
la que no necesita de saludos de trámite
ni excusas de antemano
ni siquiera el adorno del adjetivo justo.
Se ha llenado de verbos el vacío y es metáfora el tiempo,
como un campo de trigo la mirada se agita
en la extensión granada de lo que se comprende.
Hay un discurso claro y sostenido
con la complicidad de los silencios.
Y ahora tú me preguntas qué hago yo por París...
Y simplemente digo: deambular.
Ver gente que eterniza lo efímero y eterno;
determinado encuadre, la focalización de monumentos
mirados en la luz entre la sombra dulce de los castaños
sintiendo la extrañeza de los que un día buscaron
otra forma de ver. Sentir el rastro tránsfugo de esa luz
en el olvido de las manos desnudas del deseo,
entre los bulevares de las correspondencias
o en las turbias ojeras de la noche distante.
El errático busca reflejarse en los otros,
en los que ya no están y en los que ahora,
desde su soportable soledad
guardan la lumbre de los postergados.

Nada más hay que lo que el viento mueve
sobre los párpados del desasosiego.
Los secretos que alberga la ceniza
bajo las piedras del Père Lachaise,
esta visión de la inquietud que vaga por el mismo escenario
asciende la escalera de Montmatre fingiendo ser destino,
o se deja vencer sobre la silla
del café abarrotado en la rue Saint Germain,
por rescatar del fondo de la copa del Flore
ese telón de fondo que susurra entre espejos
que quizá no fue todo como nos lo contaron.
Brindo por los extraños, saboreo
la frutal transparencia de la vida.
Mientras mojo los labios, un vestigio de trampa
fija en los veladores repletos de turistas,
lo irreal de lo cierto.

(De Condición del extraño)

 

ALMENDRA

Apostada en la luz sólo vislumbró sombra.
Volaban ante mí, me rodeaban, los pétalos del frío.
Un silencio de pájaros y el árbol que brillaba
mojado por las aguas de febrero,
me advirtió lo que existe después de la inocencia:
esa férrea coraza que protege de toda podredumbre,
de la meliflua, la sutil blandura, que en vano intenta
devorar el fruto de un interior que cuaja en soledades.

Toda cáscara amarga nos previene y aísla.
Nos defiende.
Preserva el corazón de lo que importa,
ajeno a la codicia del mordisco,
le devuelve la esencia de lo que es siempre vivo.

Invulnerable.

(De Condición del extraño)

 

CIUDAD
Para Pilar Fuertes Aguilar

Te deslumbra este cielo
decidido en matices,
disperso de colores
cambiantes como el río
que resbala en tus ojos
igual que las canicas
de cristal de tu hermano,
en la lejana infancia...

El agua parte en dos los sentimientos.
El agua, como el cielo,
presente de la tarde
que baila en la mirada
expresando el por qué de la alegría.

Una ciudad de pájaros,
-tan antigua, tan nueva-
te acompaña.
Un sabor a naranjas escoltando las calles.
La fruta resplandece,
no la puedes probar
y tú lo sabes:
La mirada lo sabe.

La pulpa va cayendo
para dar paso al sueño de azahar,
ese dormido aroma
que siempre se despierta
en primavera.

Y aunque la luz se oculte en el abrigo
que cobija del frío
y la noche te llene
-quizás- de incertidumbre;
te queda en el bolsillo,
esa esfera irisada de ilusión fugitiva.

Una ciudad de pájaros,
-tan antigua, tan nueva-
te acompaña.

(De Condición del extraño)