fotogloria 

 

 

 

 

   

 

Entre la irreverencia y la exquisitez de la palabra: Comentarios a la nueva edición ampliada y revisada de Placeres cotidianos (2017) de Ildiko Nassr[1]

 

Gloria C. Quispe

 

(UNJu-UNSa)

 

La lectura de este Placeres supone para mí un reencuentro con los diminutos textos que fueron publicados en el 2007, un retorno o una vuelta a esas otras lecturas de años atrás pero también un extrañamiento no sólo porque el libro es otro, sino porque la lectura y la lectora no es la misma. Este Placeres no es una mera reedición sino una nueva apuesta para cautivar a los lectores, los nuevos y no tan nuevos lectores de minificción[2]. Ildiko nos ofrece veintitrés microtextos más que dialogan con los ya publicados en el otro volumen y que al mismo tiempo se inscriben con matices propios. 

El placer está asociado a lo agradable, lo que genera satisfacción, deleite o regocijo. Cuando leemos Placeres cotidianos nos cuestionamos las representaciones y asociaciones de lo placentero. Nos preguntamos si las situaciones en que nos sumergimos, los personajes con los que nos encontramos en sus textos brevísimos nos ofrecen otras posibilidades o manifestaciones del placer o si se trata de la exposición o mostración de lo que acontece en la interioridad de cada uno de nosotros, de encontrar el placer en situaciones o acciones que contradicen el mandato social, la moral e incluso la integridad propia y ajena. Así el placer en este libro puede traducirse en lectura, escritura, amor, sexo, pero también en traición, violencia y muerte.

La narrativa de Ildiko se interesa por las relaciones humanas que podemos sintetizar en los siguientes pares: madre- hija, mujer-hombre (amante), hija- padre, yo- yo. El primero de esos pares lo encontramos en lo que podríamos nominar “un clásico de Ildiko”: el microrrelato “Mamá siempre me salva”, texto ampliamente recuperado en antologías y citado en estudios: 

Mamá, arreglame esta nena, dice, con el brazo de su amiga en una mano y el cuchillo ensangrentado en la otra. (p.18) 

En no más de tres líneas, la escritora condensa la violencia, una violencia que sorprende, inquieta y angustia al ser la ejecutora una niña. La madre aparece como la imagen salvadora, capaz de remediar hasta el hecho más cruento como un asesinato, que aparece sin embargo envuelto en un halo de ingenuidad e inocencia. Con resabios ocampianos, la construcción de los personajes niños es ambigua; sus acciones se mueven con límites difusos entre la inocencia y la malicia, pero también se nos ocurre pensar que estos niños “perversos” refractan, en realidad, la violencia adulta. 

Si de madres se trata, también las encontramos en las siguientes microficciones: 

Solución 

       Ella lo consuela después de cada pelea. 

      Paciencia, hijo, paciencia y resignación. ¿Sabés? Mi papá decía siempre que si te sentás en la puerta de casa podrá ver pasar el cadáver de tu enemigo.Se sientan y esperan. (p. 26) 

El llanto 

    Mi mamá lloraba a la orilla de la cama mientras yo tenía que conjurar el sueño y dormir. No sabía, entonces, las                palabras de consuelo y ella dejaba que las lágrimas le cayeran por la cara y le mojaran las piernas. 

   Ella permanecía mansa ante lo salvaje del llanto. Y yo, oscilaba entre la vigilia y la pena. 

   Así crecimos. (p.43) 

Día de la madre 

   Con prolijo envoltorio y cariñosa dedicatoria, la niña avanza hacia su madre con un libro de crónicas y                                la pertinente explicación para la familia: 

   Yo le regalé el libro de “Mujeres asesinas” a mi mamá porque ella a veces me amenaza con un cuchillo –                  dirigiéndose a su madre: - ¡Feliz día, mami! (p. 36) 

En el primer texto, hay una continuidad de la imagen de madre protectora. Esta vez el peligro se alberga en el espacio hogareño; la apelación al proverbio chino basta para emitir la sentencia y pensar en la revancha. En “El llanto”, el dolor y la soledad colocan a madre e hija en una situación de igual indefensión; el llanto y la pena son necesaria e inevitablemente compartidos para aprender a crecer en sus respectivos roles. “Día de la madre”, por su parte, deconstruye la representación social de la madre construida por el discurso patriarcal, machista y que no deja de establecer estereotipos restrictivos. Esta madre, casi en la polaridad de la madre abnegada y protectora, es potencialmente peligrosa y asesina. Nuevamente, el remate, el golpe es encestado por la voz de una niña que entre la sinceridad e ingenuidad infantil revela y asusta con la cotidianidad familiar.

La relación con los hombres también es tensiva. Oscila entre la violencia que . Oscila entre la violencia que provoca la muerte y el deslumbramiento o la decepción. Encontramos microrrelatos, como “Sosiego”, o “El hombre monstruo” donde la única forma de vínculo es la violencia física o verbal. En una suerte de desmesura de las pasiones y las acciones, los personajes aman con desesperación, odian con intensidad y ejecutan con furia. 

Sosiego 

Cuando él llegó, ella estaba sentadita al borde de la cama con la indefensión que sólo dan algunas posturas. Lloraba por las tazas nuevas que se le habían roto al bajar del colectivo. 

Él quiso consolarla. 

Ella arrojó sus intentos al vacío. Se impulsó desde atrás de sí misma y se dejó penetrar por la furia. 

Cegada, golpeó a su marido hasta encontrar la calma del momento después. (p.19) 

En otros textos, como “Héroe” y “Alcohol y lapachos”, la figura del padre se hace presente.  

Héroe

        Mi papá me buscó esta tarde. Había estado enfermo. Necesitaba una taza de té ofrecida por las mismas manos que le                  rozarían la cara en una breve caricia.

        Mi papá ha vuelto a ser niño. Yo soy su mamá, la mujer que tiene el don de transformar mágicamente algunos gestos en el            remedio más eficaz. 

Yo soy madre, la que lo salva siempre de sus enfermedades. Mujer poderosa con sonrisa mágica y manos amantes. Héroe de sus fantasías, de mis fantasías. (p.45) 

Ambos textos nos ofrecen la imagen de un ser enfermizo, débil que provoca la inversión de los roles familiares: la hija se vuelve madre y el padre se vuelve hijo; pero mientras en “Héroe” leemos una confusa y sugestiva abnegación de la hija-madre que asume ese nuevo papel con agrado, como una de retribución por los cuidados pasados, en “Alcohol y lapachos” esta hija-madre se muestra impotente, frustrada, se vuelve niña ante la inminencia de la muerte y la indefensión por la ausencia. 

Otro de los pares, decíamos, tiene que ver con el desdoblamiento: yo – yo. En “Vueltas”, por ejemplo, irrumpe la Ildiko ficcionalizada y también su contraparte, una imagen contraria o complementaria de quien asume la voz. Irrupción que ocurre en ese estado ambiguo, fronterizo entre el sueño y la vigilia, entre la ficción y la realidad. 

“Ellas” es otro microtexto donde acontece el desdoblamiento. El espejo devuelve al doble, en una evidente contraposición entre el pasado de la infancia, la lozanía juvenil y los pensamientos promisorios; y un presente áspero, con huellas del desengaño. 

Ellas

       Se mira al espejo y apenas logra reconocer a esa intrusa que la increpa sin piedad. Diez años después no es la misma y no         disfruta de manera. Sus ojos reflejan y recorren un rostro lejano y ajado. Aquella joven desapareció sin dejar rastro. No está.         No es.

       Ambas visten la misma ropa. Los zapatos rojos. El vestido de la tristeza. A una le falta un padre y todos los amores que la             abandonaron. La otra no sabe de ausencias aún. 

        Las palabras que alguna vez se dijeron fueron pulverizadas por el viento del norte. Sólo silencio y un reclamo sin decir:                 ¿dónde te perdiste? ¿dónde estás? 

Esta microficción oficia, además, de bisagra entre los textos del pasado y los nuevos que se suman en la unidad de este Placeres cotidianos. Es un texto-bisagra, texto-puente que conecta la escritura incipiente, experimental y con brotes autobiográficos de los primeros Placeres y la escritura de la madurez literaria, construida sobre más lecturas y nuevos vínculos extraliterarios. Una madurez que no opaca o solapa la mirada fresca, desprejuiciada de Ildiko ni la escritura irreverente y lúdica de la escritora. 

Tenemos en estas microficciones un claro predominio de personajes femeninos en distintos roles: niña, hija, madre y amante. Mujeres fuertes, que desacatan y desafían el mandato social, la restricción de género y las representaciones construidas y legitimadas a través del discurso bíblico, mítico y literario. 

Todo esto contenido en la forma literaria de mayor brevedad, la microficción. En este sentido, conviven en el mismo volumen textos que algunos críticos podrían llamar prosa poética, otros tantos que están próximos al microcuento o al microrrelato, los menos contaminados por el aforismo, la sentencia y el diario íntimo. De igual modo, las microficciones de Ildiko se alimentan, “saquean” las fuentes de la literatura universal, el relato bíblico y la tradición oral. Por nombrar algunos ejemplos, podemos mencionar “Vergüenza” y “Esperas” donde la intertextualidad aparece velada, reversionando el discurso bíblico y mítico; o “Pecado capital” y “Certeza” donde las referencias son explícitas; se cuestiona el discurso religioso y más precisamente las leyes que estaban sostenidas en la prohibición o la sanción moral; también, a través de la reescritura, se deconstruye el relato de tradición oral fracturando, de alguna manera, las literaturas de la infancia (específicamente, los cuentos maravillosos) que construía estereotipos de masculinidad y feminidad. 

Llegando al final, me resulta inevitable citar el texto “Palabras”: 

Habito en un mundo de palabras en el que estoy atrapada y no puedo salir. Pido ayuda pero raramente mis palabras dicen lo que quiero decir. (p. 51) 

Esta microficción, a mi modo de ver, retrata a la Ildiko, la persona y la escritora, amante de los objetos pequeños y de las formas breves, desbordada por el lenguaje, en el desafío constante de hallar la palabra justa y en el vacío ante no poder encontrarla. Esa búsqueda, es tal vez, el motor, la causa y el fin de su escritura. 

Los libros publicados de Ildiko Nassr, Animales Feroces (2011), Ni en tus peores pesadillas (2016), Los hermanos mayores (2017) e Hilos dorados (2017, junto con Susana Quiroga y Mónica Undiano), son prueba suficiente del cultivo serio, reflexivo y sistemático de la microficción. No es casual entonces que se la considere una las referentes del género en la argentina y que sus textos hayan integrado variadas antologías regionales, nacionales e internacionales. 

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[1] Gran parte de este texto fue leído en la presentación del libro, el día 17 de octubre de 2018 en la Casa Macedonio Graz (San Salvador de Jujuy, Jujuy)

[2] Fue publicado con el sello editorial Perro Pila. La edición acompañaba la extensión de los textos, igualmente pequeño con tapas de cartón corrugado y anillado con plástico pvc de botellas descartables el libro se publicó en el 2007.