MICRORRELATO
TEXTOS DE LORENA DÍAZ MEZA

LORENA DÍAZ MEZA

Lorena Díaz Meza (1985, Santiago) Licenciada en Letras, profesora de Lenguaje y Comunicación. Ha escrito "Existe" (cuentos), "Bajo llave" (cuentos), "Príncipe busca princesa" (microficción) y "Sangre en el ojo" (microficción). Pertenece al colectivo: Señoritas Imposibles: Escritoras de narrativa negra y al colectivo Ergo Sum. Ha participado en las Itinerancias de Escritores organizadas por el CNCA y sus textos han sido traducidos al inglés y al francés. Es monitora de talleres literarios y de encuadernación y directora de Ediciones Sherezade.

Se vende
Vende esa cuna, mujer, si ya no la vamos a usar. Aprovecha el mismo aviso y vende el coche, la ropa de recién nacido, las bolsas de pañales y el móvil de abejitas que te regaló la tía Josefa. Vende también la mecedora, la silla del auto y todo lo que no nos va a servir y quita espacio. A nuestra edad es difícil tener hijos, eso lo sabías. Te dije que no nos ilusionáramos. Para que veas que no te quiero triste, toma toda la venta de esas cosas y déjala para ti, para tus cosas. No llores, si ya pasó. Ahora vamos al entierro del angelito, así salimos luego de eso. Conformémonos con el perro y los sobrinos. Deja de llorar, a los cuarenta uno ya no se ilusiona.
 

Este cuento es para un nobel
Dijo la escritora antes de comenzar a leer su propio escrito. Lo que nadie sabía era que ella, ni en sus noche de mayor inspiración, escribía. Lo que hacía era remendar, tomar retazos de otros textos, de otros autores y coserlos, unirlos con su aguja invasiva. Ana no era buena escritora, pero era una gran costurera. 

Por necesidad de la empresa
Pasó la lengua, una vez más, por encima de la línea roja que se formaba desde el pecho hasta el vientre, y comprobó que hasta en eso le habían mentido: su jefe no tenía la sangre tan fría. 

Cuestión de gustos
Pasada la medianoche y acabado el hechizo, a Cenicienta no le gusta que le pongan los zapatos: prefiere que se los saquen. 

Por experiencia propia
Estimada: No se saque el luto todavía. Insista a la policía para que lo busque por cielo, mar y tierra, y cuando lo haga trate de que el llanto le resulte amargo y conmovedor. No saque aún las foto matrimoniales de la sala y a quien se le acerque a preguntar, dígale lo mucho que se amaban y lo sola que se encuentra sin él. No hable de las amantes que él tenía, de los golpes que le propinaba, de las humillaciones en la cama ni de los celos injustificados que mostraba. Jamás mencione la sierra que dejó en el vertedero ni lo de las bolsas plásticas en las que llevaba comida a lo animales del circo que se instaló en el barrio. No olvide, por si las moscas, baldear el patio dos o tres veces diarias. Eso ayuda a refrescar. 

Para no verte mejor
El lobo se escondió en la casa de la abuela y se disfrazó para que caperucita no lo encontrará. La pequeña golpeó pero nadie abrió. De un empujón pudo romper la cerradura y entrar, sacó un cuchillo del canasto y partió en dos el vientre de la fiera. Con su piel se hizo una nueva capa más abrigadora. A caperucita le gusta ir por el bosque cambiándose de camino, ella sabe que el cuento ya está escrito. 

Madrastra
Llegó al bar y se encontró con el lobo y la bruja sentados en la última mesa, en medio de una nube de humo. Junto a ellos lloró sus penas; no era fácil ir de madrastra por la vida. Los otros la compadecieron y contaron de sus amarguras para subirle el ánimo: el lobo hacía muy poco que salió de prisión por un delito que no cometió y ahora no encuentra trabajo en ninguna parte, la bruja lee el tarot en una calle céntrica de la ciudad; gana poco pero le alcanza para vivir.
Ya de vuelta en casa, la madrastra pasó en silencio a su dormitorio. Observó el cuarto matrimonial y tuvo ganas de emborracharse de nuevo: abrazados, sin capa ni corona, el rey dormía junto a Blanca Nieves.