Claudio           

  

 OH CAPITÁN, MI CAPITÁN (Claudio Rojo Cesca)

                                                                       Especial para Tardes amarillas

El 11 de agosto murió Robin Williams, actor y comediante ganador del Oscar. Fue una de las personalidades más queridas de la industria cinematográfica mundial: sus personajes inspiraron a profesores de escuela, médicos, psicólogos y hasta conductores radiales a ser mejores y más comprometidos en sus carreras. 

 

 ELECTRICIDAD

Cuando empecé el secundario tuve un profesor de electricidad bastante excéntrico e incapaz al que, sin ningún cariño, llamábamos Mario Bros. Era petiso, perro con las notas, incompetente. Una vez, durante una de sus primeras clases, se subió a la mesa larga donde nos sentábamos a pelar los cables. Puso las manos en jarra y caminó de ida y vuelta varias veces, hablándonos sobre la vida. 

 

Las clases que siguieron a esa, muchos empezamos a cuquearnos, a hacer hora en el patio, entre las gradas, donde se fumaba a escondidas. Ninguno de nosotros (éramos todos varones: a las mujeres no las dejaban cursar electricidad) le tomó cariño, quizás porque su excentricidad nos resultaba chocante o sospechosa. Terminamos el secundario y todavía le decíamos Mario Bros. No lo queríamos ni para la burla, porque encima nos enteramos que era juarista, cosa que a lo mejor no era verdad. 

 

LAS PÁGINAS QUE SOBRAN

 Lo que ninguno de nosotros sabíamos era que el juego de subirse a la mesa era un afano a cuatro manos de “La Sociedad de los Poetas Muertos”, una película inolvidable del australiano Peter Weir. El que caminaba por la mesa era John Keating, profe de lengua en una de esas escuelas privadas de las películas yanquis donde los alumnos se visten a lo AC/DC, pero sin el rockandroll.

 El tal John Keating no era uno del montón. No se subía a la mesa para hacerse el piola o inspirar a los alumnos una adoración caprichosa a su figura transgresora. No. Se subía para enseñarle a sus estudiantes a mirar la vida desde un lugar diferente. Tener una perspectiva a pesar de la soledad, de las represalias, que suelen ser muchas. 

Había otra cuestión: cuando Keating hablaba de las letras, también hablaba de otra cosa. Decía, por ejemplo, que la métrica era insustancial. Les pedía a sus alumnos que arranquen las páginas del texto escolar donde se les explicaba qué debía tener un poema para ser bueno.

La vida, uno piensa, se trata de eso mismo: de arrancar páginas. Las páginas que sobran, al menos, las que nos piden métrica y rima y cuando se la damos nos reclama la ortografía, porque lo importante no es el acatamiento, sino el dolor necesario de la sumisión. Keating les explicaba a sus estudiantes que hay clandestinidades ineludibles. El pacto entre los hermanos, por ejemplo, que se reunían durante la noche a recitar poesía beat e intercambiar ideas y melodías como si traficaran armas letales.

 Y hay una cosa más: Oh Capitán, mi Capitán; el grito de batalla de los estudiantes, que encapsulaba la honorabilidad y el amor caníbal de saberse parte de un eje secreto, revolucionario. 

Oh Capitán, mi Capitán significaba “Hasta la Victoria Siempre”. Significaba, “que lo demás no importe nada”. Significaba el mundo, envasado en un verso de impostada cordialidad. capitán mi capitan

 

EL MEJOR AMIGO

 La sociedad de los poetas muertos funciona por muchas razones, pero quizá la más destacable sea la presencia de Robin Williams en el papel de Keating, el profesor revolucionario. Su bondad subrepticia, distanciada de todo ensayo interpretativo, le otorgaba una fuerza vital que muy pocos actores saben transmitir. Es la misma fuerza vital que habita a todos los personajes que Williams interpretó, incluso en las películas más denostadas, que se volvían incómodas porque la pereza de la puesta en escena entraba en conflicto con el torrente invulnerable de Williams. Algo parecido ocurría con Insomnia y Retrato de una obsesión, donde el comediante se animó a jugarla de villano: aunque su interpretación fuera ajustada y, por momentos, brillante, muy pocos quedaron convencidos; discurría, bajo el nudo dramático de los espantosos personajes, una especie de traición al amor incondicional que el mundo tenía (y tiene) por el actor.

 

Cierro con una anécdota de la ceremonia de los premios Emmy 2014. En un sentido homenaje, Billy Crystal dijo: “Robin Williams era el mejor amigo que podías tener”. Es un cliché, sí, pero en la angustia viva de la pérdida, también es una de las pocas verdades que nos atreveríamos a aceptar sin conjurar la sospecha a un mundo desconocido de cartón piedra.    

                                 

 

 

Quindi se raggiungi l’orgasmo con facilità, diventerà più comprare viagra generico in farmacia intenso ed appagante; se lo raggiungi di tanto in tanto o hai difficoltà, sarà più facile e frequente.