#MICROLEE 2018 

LABORATORIO DE LECTURA 2018 

Invitada Esther Andradi 

  MICROLEE N2 ANDRADI

Cartografía de una escritora nómade

 Por Nélida Cañas

Hay en este puñado de relatos seleccionados por Esther Andradi, una comparación entre los alimentos y sus propiedades y la condición humana:

"Ahora soy una hierba doméstica. Pero supe ser salvaje" (Metamorfosis)
El microrrelato Vino, de una delicada y precisa construcción, responde al título del libro Come, este mi cuerpo. Un rostro que se asimila a una pasa. Una pasa que se puede macerar en alcohol. "Por eso bebo tanto. Para macerarme en alcohol y así poder tragarme." Celebra aquí E.A. una ceremonia con su propio cuerpo. Ceremonia donde se concreta el sacramento de la eucaristía. Muerte y resurrección. Una preciosa parábola que define la obra de E.A. a la manera de Alejandra Pizarnik que hacía el cuerpo del poema con el propio cuerpo.
Escribir microrrelatos es una manera de aprehender el mundo, no de simplificarlo. La autora lo sabe y lo hace en un estilo despojado, conciso. Transita distintos espacios. Cruza fronteras y geográficas y literarias. Como en la vida, en la literatura E.A. es una escritora nómade. Del relato a la poesía. De la reflexión al humor. Del sueño a la vigilia. Del pasado al presente. De una ciudad a otra. De un país a otro. De un idioma a otro. Escritora nómade que no olvida sus orígenes: "Pero ellos, incapaces de leer los mapas, tardaron años en darse cuenta que lo comestible de mí no eran las flores, ni las hojas, ni el tallo, sino mi raíz, el tubérculo." (Lo más profundo es la piel, Microcósmicas)
Desde su estilo despojado y un lenguaje coloquial que fluye sin estridencias, nos parece fácil ingresar al mundo que nos propone. Pero ese mundo cala hondo. Está hecho de profundidad y sabiduría. Nada es casual. La autora sabe de qué habla, lo ha vivido en su cuerpo y desde ahí nos habla.
A veces la embarga un tono melancólico como el lírico Réquiem para Riobamba (inédito) o el recuerdo de esa Mar Chiquita (XII, Sobre Vivientes) a la que quisiera ver ahora, aunque conoce el amplio mar (XII), o el que alude a aquel depósito de la casona de campo donde los mayores jugaban a las cartas. Dice con respecto al paso del tiempo usando el leitmotiv de su escritura (las referencias gastronómicas):
"Amasaban horas, crocantes minutos" [...] "Cada noche los mayores enseñaban a sus hijos a hornear la vida en el depósito: No te apures. Calla y espera. Aprende. Digiere" (XVIII, Sobre Vivientes)
¿De qué habla cuando habla Esther Andradi?
Del hombre habla. Del hombre y su destino. Y dice en Mamá amasa la masa (Microcósmicas):
"Somos la masa de un pastel que no está listo".
"Somos obstinados grumos de una masa imperfecta. Sólo una buena batida nos pondría en forma si es que aún tenemos arreglo"
El hombre ser incompleto y por tanto anheloso de completud. Que se pregunta y no tiene respuestas. Que es un junco tembloroso, agitado por el viento. ¿Tendrá arreglo? O deberemos aceptarlo así en su imperfección. Como dice Roberto Juarroz en su poema Cómo amar lo imperfecto: Quizás debamos aprender que lo imperfecto/ es otra forma de la perfección: / la forma que la perfección asume/ para poder ser amada (Poesía Vertical). No lo sé. La busca continúa con cada ser sobre esta tierra.
Como toda buena literatura, la de Esther Andradi abre interrogantes. No se trata aquí de interpretar. Se trata de preguntarnos qué abrió en nosotros su búsqueda. Qué nos dijo en su tránsito de viajera incansable acerca del hombre y su destino.
Sé que dibujó con su escritura una deslumbrante cartografía. Y que cada pequeño cosmos emergido del caos de la escritura prefigura el universo. 

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Esther Andradi
-Come, éste es mi cuerpo. Ediciones Último Reino, Bs.As. 1991,1997
-Sobre Vivientes. Sigmurg Ediciones, Bs. As. 2001
-Microcósmicas. Macedonia Ediciones, Morón, Argentina 2015-2017

 


ESTHER ANDRADI

Por Norah Scarpa

Hay que acceder a los universos mínimos de Esther Andradi. E.A. metaforiza en gran parte la realidad vivida. Narradora de excelencia, el corpus propuesto se compone de microficciones y relatos, a veces alegóricos, donde hasta la poesía acontece. Textos inquietantes, singulares, polisémicos, de lenguaje rico y conciso, atrapan en sus redes a un lector desprevenido que se ve precisado a hacer un aporte impensado para adentrarse en esa realidad múltiple.

E.A. se ubica como una habitante de dos mundos, no desprovista de nostalgia de sus raíces, a las que en ocasiones se aferra: Estaba escrito en mi piel... Pero yo, que estuve en todas aquí abajo, sueño con conocer el universo (Lo más profundo es la piel).
La temática que aborda corresponde a tres de sus libros: Come, este es mi cuerpo, Sobre Vivientes y Microcósmicas. En Come, este es mi cuerpo, transita entre sexualidad, feminismo, la propia edad, cuando en su asociación con la bebida nos plantea una incógnita: Por eso bebo tanto. Para macerarme en alcohol y así poder tragarme. (Vino). La analogía mujeres-nueces hace clara referencia a aspectos de la problemática de género. Asimila comida-sexualidad y se pregunta: ¿Hay algo más masculino que la carne? (Carnes I). Y concluye: Seductores, varoniles, los chicharrones, casi siempre indigestos después, pero entretanto qué buenos. (Carnes III) Comida y cuerpo, partes entrañables de la condición humana.
En Sobrevivientes XII E.A. se refiere a sí misma en tercera persona, como para hacer notable el alejamiento, esa duplicidad que manifiesta en algunos de sus textos. La nostalgia de la infancia, el tiempo, la ajenidad de sus dos mundos. La Mar Chiquita y la mar grande. Y la memoria ancestral. Cada noche los mayores enseñaban a sus hijos a hornear la vida en el depósito... Y el tiempo se demoraba entre los dedos como una carta deseada. (Sobrevivientes XVIII).
En Microcósmicas E.A. rescata su identidad americana y lo cotidiano le sirve para bucear en su propia escritura hasta aproximarse a misterios que no se dejan develar: Mi gata salta sobre el teclado de mi compu, me obliga a escoger signos que desconozco... Desde ayer sé lo que ella quiere. Pero yo no sé escribir. Ella me mira y se ríe. Sabe que tampoco puedo leerla. (Laberinto). La representación del mundo, la vigencia de los muros en la visión de una humanidad deshumanizada: Somos obstinados grumos de una masa

 

imperfecta. Solo una buena batida nos pondría en forma. (Mamá amasa la masa). Y culmina con un microrrelato duro, de antología: No es verdad que el universo se está expandiendo. Es que se aleja de nosotros, que es otra cosa. Pero sus escritos no están exentos de ironía. Al volver sobre el título, casi nos alivia una sonrisa: Malas compañías.
E.A. incorpora en este corpus tres relatos inéditos sobre el Perú profundo, ese mundo mítico que aún lleva en la sangre, adonde una vez le llegara el llamado de la escritura: Todo permaneció intacto en esa casa que esta noche me visitó en sueños, envuelta en celofán, como un regalo de Christo, anexada a mi vida hasta el fin del mundo. (Requiem por Riobamba).
¿Desde qué mundo escribe E.A.? ¿A qué sociedad le habla? ¿En qué lengua? En definitiva, ¿desde sí y para sí, sumida en su soledad creativa? Pero... Nuestra patria es la infancia, al decir de R.M.Rilke. E.A. podrá resignificar sus orígenes, sin embargo no podrá despistar a los manes de su infancia. Y nosotros, seducidos lectores –a veces con desconcierto- nos sumergimos en ese su mundo que, en buena parte, hasta nos resulta propio.
Norah Scarpa Filsinger

 

PARA ESTHER

Patricia Nasello

Lejanía e intimidad. De tener un título esta breve reflexión que pongo por escrito, sería ese. Dos categorías, antagónicas, en las que Esther Andradi se mueve con infinita elegancia mientras nos colma de inquietud, de preguntas, de respuestas a preguntas desconocidas, de melancolía por el futuro perdido, de dicha por el presente cuando ese presente permite ser gozado. O viceversa: Y galoparse el futuro (1) dice, apostando por un mañana venturoso. Viaje, comí, probé del mundo muchas pobrezas y lujurias, pero ninguna como aquella mantequilla. Mismo golondrinas de Bécker, ¿no? (2), el presente que no se disfruta porque lo nuble la nostalgia.

A no dudar, la relación que cada individuo desarrolla con la comida hace a su interioridad más profunda. Come, éste es mi cuerpo es el título de uno de sus libros, interioridad que el subtítulo 30 Textos Eucarísticos 30, subraya. Microcósmicas, otro título de su abundante producción literaria, insinúa un alejamiento. Sin embargo, el lector pronto comprenderá que nada es así de lineal, que mejor leer entrelíneas, que se engañará si se deja llevar por sobrentendidos.
Leemos en los dos últimos párrafos del microrrelato titulado Y SIN EMBARGO LIMA SIEMPRE SERÁ BELLA (3)
Una noche me despertaron golpes en la puerta del largo pasillo que daba a la calle. Salté de la cama, y el tigre escondido en mis tripas se abalanzó en un grito que desgarró el aire en pedazos.
Alguien corrió, alguien se asustó, alguien no volvió nunca más.
Íntimo microrrelato que cuenta su historia en primera persona, de modo que "vemos" a la protagonista a lo largo de la narración. Pero, de inmediato, golpea la lejanía. ¿Quién corrió, se asustó, no volvió nunca más? Para nuestro deleite, descubrimos que el tigre escondido resulta ser la maestría de la que el texto hace gala.

 

¿Alguien adivina el futuro en la ciudad de Hipatia? ¿Qué sueña esa "vieja pared" a la que conocemos como el muro de Berlín? ¿Acaso el Minotauro estaba acompañado por una gata?
He aquí algunas de las tantas respuestas a preguntas que el lector nunca supo que había formulado. Respuestas que se abren, en un mismo texto, a nuevas preguntas:
No pregunten de quién es el cráneo. (4)
Se despierta violento, y despechado se reproduce en cuanta costura del mundo puede, cada vez más alto, cada vez más inaccesible. (5)
¿El Minotauro había sido Michitauro? (6)
Andradi entiende a la microficción como, a mi criterio, corresponde ser entendida: un monstruo que el escritor debe entrenar para que atrape, dé caza, al lector. En el siguiente microrrelato bastan diecinueve palabras para dejarnos sin aliento. 

MALAS COMPAÑIAS (7)
ne me quittes pas
Jackes Brel
No es verdad que el universo se está expandiendo.
Es que se aleja de nosotros, que es otra cosa. 

El impacto que provoca, obliga a volver sobre el título. La relectura de este último provoca desde un escalofrío hasta una sonrisa. Humor amargo, humor negro. Y melancolía por el futuro que perderemos. Lejano futuro. Y dicha, porque el presente es hoy y el ahora todavía es nuestro. Tan íntimamente nuestro. Y el tigre ha cazado una vez más: nuestra inquietud es su alimento. 

(1) ANDRADI, E. (2017), Microcósmicas, Morón, Argentina, p 68, Macedonia Ediciones.
(2) ANDRADI, E. (1997), Come, éste es mi cuerpo, Buenos Aires, Argentina, p 13, Ediciones Último Reino
(3) ANDRADI, E. Ciudades de memoria, libro inédito.
(4) ANDRADI, E. (2017), Microcósmicas, Morón, Argentina, p 44, Macedonia Ediciones.
(5) ANDRADI, E. (2017), Microcósmicas, Morón, Argentina, p 42, Macedonia Ediciones.
(6) ANDRADI, E. (2017), Microcósmicas, Morón, Argentina, p 15, Macedonia Ediciones.
(7) ANDRADI, E. (2017), Microcósmicas, Morón, Argentina, p 56, Macedonia Ediciones.