Adriana Rodríguez

 

 

ABC de José Juan Aboytia

Por Adriana Azucena Rodríguez

 


José Juan Aboytia es autor de los libros de cuentos Todo comenzó cuando alguien me llamó por mi nombre (FETA, 2002), Contiene escenas de ficción explícita (Relámpagos en el pantano, 2006) y De la vieja escuela (Artificios, 2016), y la novela Ficción barata. Es coeditor de Manufractura de sueños. Literatura sobre la maquila en Ciudad Juárez (Colectivo Zurdo Mendieta, 2013), Desierto en escarlata. Cuentos criminales de Ciudad Juárez (Nitro-press, 2018). Su obra ha sido incluida en las antologías Nada podía salir mal (Artificios, 2017) y Cortocircuito. Fusiones en la minificción (BUAP, 2018). También es tallerista y ha recibido diversos reconocimientos por su obra creativa. De minificción, es autor de Pretextos para una literatura inadjetiva (NorEstación, 2015) y de ABC de la XYZ (NorEstación, 2018). Ha organizado encuentros de minificción en la fronteriza Ciudad Juárez y conduce, junto con Ana Paula González, el programa radiofónico semanal "Farenheit" en el que comentan autores y obras inquietantes y, tal vez por eso, banalizadas o excluidas del canon.
Este último libro, ABC de la XYZ, está lleno de humor desde su dedicatoria. Compuesto de microrrelatos que van de una línea a veinte —aunque son una minoría—, organizados a partir de las letras del alfabeto y en el que cada letra funciona como un eco para historias llenas de referencias a otros escritores, reflexiones sobre la escritura y la lectura, situaciones sugerentes y juegos del lenguaje y el espacio gráfico. Buena parte de las ideas que confluyen en este libro se perciben en la entrevista que José Juan Aboytia tuvo la gentileza de concedernos.

José Juan Aboytia

¿Cómo empezaste a escribir minificción?

Empecé como lector, por supuesto. En la preparatoria empecé a escribir poesía y cuento, me quedé con el cuento y la novela. Leía mucho a José Agustín —tenía la edad de sus personajes— y descubrí las fábulas de Monterroso y sus cuentos cortos. Ya en la universidad escribí para semanarios, conseguí una beca, escribía cuentos cada vez más cortos. Comencé con versiones de cuentos infantiles, "La Caperucita", "Cenicienta", "Pinocho". Conocí los libros de Zavala. Cada vez escribí más minificciones. De ahí en adelante, convivo a diario con minificciones, reviso libros y doy talleres.

¿Cómo tuviste consciencia de que querías escribir un libro de minificción?
Ya había publicado libros de cuento y novela, tenía varias minificciones y quería reunirlos. Tenía algunos publicados, los presentaba en lecturas públicas y algunas personas me preguntaban dónde conseguir esos textos. Estuve insistiendo en un par de editoriales durante unos años, pero salió en 2015.

¿Quiénes fueron tus maestros?
En mi caso fue la lectura, en la antología de Lauro Zavala, por ejemplo, ahí conocí a Luis Britto-García, Ana María Shua, Marco Denevi y Eduardo Galeano; desde luego, a los mexicanos Julio Torri, Augusto Monterroso, hasta Reyes —que no les llamaba minificciones sino "apuntes"—. Después a Agustín Monsreal y cosas tan breves y tan poderosas como "El grafógrafo" de Elizondo, uno de los mejores. Ya después empecé a buscar otros. Así que básicamente me formé en el género leyéndolos e intentado imitarlos. He dado talleres de minificción y veo un auge. En mi último taller formamos una plaquette que fue resultado de la lectura de ensayo, teoría y creación...

¿Cómo planteas tu taller?
La idea de hacer el taller nació de un pequeño grupo; la intención era que los talleristas buscaran cómo nace, cómo se desarrolla, con la estructura del canon creado por Zavala, y con los más recientes: José Luis Zárate, Alberto Chimal, Armando Alanís, Fernando Sánchez Clelo, Javier Perucho y a Adriana Azucena Rodríguez. Es decir, con la experiencia como lectores. Descubrimos que la minificción no tiene límites, toma una noticia, una receta, una entrada de enciclopedia, eso la hace muy creativa. Así que los talleristas ya han partido de esa selección de lecturas, de los encuentros que hemos tenido, el programa diseñado a partir de nuestra experiencia como lectores.
Durante un par de horas, discutimos a partir de la lectura de ensayos: cómo nace una minificción; luego, cómo se estructura, así que revisamos a los canónicos en México y en otros países. El encuentro que tuvimos en Juárez en 2017 sirvió para recopilar mucho material de varios autores con los que fui armando el programa; creo que nos quedó muy bien: ojalá se repita pronto, pero ya con la experiencia de lector, autor y editor. Experimentamos con muchas opciones, los límites se los pone cada uno: la minificción puede ser una entrevista, un anuncio clasificado, una receta. Incluso las minificciones seriadas: habrá algunos puristas que consideran que eso ya es otra cosa, tal vez un juego. Y tal vez lo sea, pero ya está en el lector si se engancha o no; pero uno como autor debe atreverse, no censurarse.

¿Has tenido dificultades para publicar o distribuir minificción?
Algunas editoriales ya están encargadas de eso. Aunque muchas veces depende de procesos, o administraciones, tiempos en sí. Lo otro es si te conocen o no te conocen y va a ser más complicado si no te conocen. Unos amigos de Tijuana tienen el proyecto editorial, les propuse el libro y aceptaron. Luego les propuse el segundo libro y tardaron unos ocho meses. Entonces, tiene que ver con tus contactos, con tu nombre; pero hay que acercarse a las editoriales. Lo de la circulación también es asunto del escritor. Los autores se tienen que organizar, por eso armamos el encuentro de minificción Diego Ordaz y yo, y ahí se van haciendo contactos, proyectos. Se forma la red de escritores y estudiosos que dan a conocer su trabajo con presentaciones, coloquios, cursos y talleres. Para estudios académicos, en Ciudad Juárez no hay aún una cantidad representativa de tesistas dedicados al tema —el interés se centra en proyectos más tradicionales—; o al menos no estoy muy informado.

¿Cuál sería, en tu opinión, la mayor aportación del género? O ¿Cuál sería su rasgo más representativo?
La apertura a nuevas formas de leer, la lectura rápida: aunque sean pocas palabras, la minificción se queda en el lector; también la hibridación y la posibilidad de jugar con la escritura y la lectura; la oportunidad de leer en lapsos muy cortos. La intervención del humor en la minificción me llevó a un conflicto: yo suponía que siempre estaba presente la ironía, lo lúdico, pero también hay textos crueles, misteriosos, filosóficos —cuando leo en público busco las minificciones más efectivas y ese efecto está relacionado con el humor—. La intertextualidad, desde luego, es parte de los recursos: ahorra palabras, y detona referencias—por ejemplo, se lee "Pinocho" y ya está implícito "muñeco de madera", "mentira"—, pero también puede haber minificción sin intertextualidad, con nuevas ideas que son todo un campo abierto; y si el lector no tiene el referente, es un riesgo, pero es también un pretexto para que el lector busque el anterior. Es un riesgo pero también una apuesta y hay que jugársela. Los títulos son básicos: un título ahorra palabras, contexto, una palabra en el título es una o más palabras menos en el contenido y, si entre más breve mejor, para mí el título es básico, tanto en los libros como en cada cuento: me dan estructura —en El ABC se me complicó un poco por la relación con las letras, pero procuro que el título ya sea la historia, que ésta empiece con el título—. La sorpresa final fue un recurso muy usado, pero considero que no es esencial, lo importante es, desde el inicio, plantear hacia dónde va la historia. La minificción tiene un parentesco con la poesía porque hay que cuidar cada palabra y la que sobra se quita. Mi fórmula de editar cuando escribo es "entre menos, mejor": la síntesis, la concreción. Trato de quitar adjetivos, verbos auxiliares, los adverbios en mente, los ripios. Veo la síntesis como un reto: reducir un 20, un 10 por ciento. Sugiero usar el presente, para evitar la repetición de las terminaciones en pasado; el lector, incluso, se siente en la acción; es un ejercicio que propongo a los talleristas: que cambien el tiempo y escuchen cómo se oye.

¿Cómo ves a la comunidad de minificcionistas en México o regional? ¿Te sientes parte de ella?
Me estoy integrando a estos grupos como autor del género. Es importante formar redes: mediante coloquios, congresos, difusión de lo que los autores hacen con reseñas y entrevistas. Es natural y necesario; tal vez seamos pocos, pero esta comunidad va a crecer y resistir. Lo conveniente de ser pocos es que en una comunidad más grande es más fácil perderse de lo que otros están haciendo. En Ciudad Juárez aún somos pocos escritores, pero con los talleres y los encuentros surgen más; muchos son lectores y luego dan el paso a la creación; y apoyamos con proyectos como antologías, los programas de radio. En Tijuana veo más libros y autores, aunque también va empezando. La relación entre escritores es cordial y las invitaciones abiertas; incluye escritores, críticos, promotores, lectores e incluso editores pues combinamos los roles, como suele suceder.

El acto de creación es un tema para tu propia creación: ¿podrías hablarnos de ese planteamiento creativo?
Lo veo como un tema recurrente en la literatura: la metaficción, hacer consciente a la ficción de que es un acto de ficción. En un tiempo llegué a obsesionarme con ese asunto y por eso está presente en Pretextos, y creo que es una forma de seducción. Y hay curiosidad en muchos lectores: ¿cómo nace una historia? ¿qué es para ti escribir? Entonces, me interesa darle a conocer ese proceso, cómo se define la minificción, cómo surge una historia, cómo se elige el final. Me gustan esos temas porque son también modos de compartir qué procesos forman al escritor, incluso hago un homenaje a "El grafógrafo".

Cuéntame de tu libro más reciente, ABC de la XYZ
Es una estampida de textos que luego fui agrupando: cinco cuentos para cada letra, inicial en cada título, incorporo varios juegos de palabras y recursos gráficos o propuestas para que el lector seleccione, subraye, etcétera; la letra es, en realidad, un tema o un pretexto. Hay una constante intertextualidad: incluyo a un autor ruso poco conocido que me voló la cabeza, Daniil Charms, preso político, ingresado a un hospital psiquiátrico y que muere de hambre, y quiero que otros lectores lo busquen, lo conozcan, por eso lo incluí ahí; es una confesión de qué autores me impactaron. También recurro a los cuentos infantiles: me gusta y tengo temas para niños; tal vez algún día escriba minificciones dirigidas a niños. Pero también hay historias de lo cotidiano, que he "cazado" en la vida diaria. 

 

Selección de textos:
La más cercana
Trazo con la mirada los lunares de tu cuerpo, te vuelves una constelación, la más cercana. 

Opción múltiple
Tú y yo nos casaremos cuando seamos mayores, le dijo el niño a su amiguita. Pasó el tiempo, se distanciaron. Un día volvieron a verse, recordaron la promesa, pero no la cumplieron. ¿Por qué? Subraya la respuesta que más te convenza.
a) Ya estaban casados
b) No se gustaron
c) Rechazaban las instituciones y convenciones sociales
d) Les gustaban las parejas de su mismo sexo
e) Estaban en contra de los estereotipos de género
O puedes escribir tu razón del incumplimiento:
f) ________________________________________ 

A quemarropa literaria
Mucho drama y poco teatro. Poema que narra no vende. De ingenio y finura harta la escritura. El que nace para editor no pasa de corrector. Al que siembra ensayos le llueven críticas. Una beca no hace al escritor pero ayuda al autor. Para historias ñoñas, libros de superación. Al mal texto hacerlo trizas. 

Tedio y melancolía
En la noche, a la luz de las velas, con su pipa encendida, Baudelaire cultiva sus flores, les inyecta una demoniaca sabiduría, las aromatiza con un toque de crítica social, para sensibilizarlas agrega versos arrítmicos, después locura y lascivia. Al final , como fertilizante, usa un preciado líquido negro. Cuando Baudelaire ve las flores ya maduras, las corta y las pone en un libro. 

¿Y...?
¿Y las almohadas a quiénes consultan para sus dilemas o preocupaciones? 

Adriana Azucena Rodríguez. Doctora en Literatura Hispánica por el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México. Profesora-investigadora en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y en la Facultad de Filosofía y Letras en áreas de teoría y creación literarias. Autora de los libros de cuento La verdad sobre mis amigos imaginarios (Terracota, 2008), De transgresiones y otros viajes (Samsara, 2012) y El infierno de los amantes (UACM, 2017). También ha publicado los libros de minificción Postales (Mini-hiper-ficciones) (Fósforo, 2013) y La sal de los días (BUAP, 2017). Ha sido antologada en volúmenes como Alebrije de palabras (José Manuel Ortiz Soto y Fernando Sánchez Clelo, BUAP, 2013) y Yo no canto, Ulises, cuento. La sirena en el microrrelato mexicano (Javier Perucho, Micrópolis, 2016).