EDITORIAL 64

 

Con el número de este mes, nos acercamos lentamente a nuestro quinto cumpleaños. Dentro de pocos meses, Tardes Amarillas cumplirá cinco años de presencia ininterrumpida en la red en poco más de dos meses.
Decir esto, que para otras publicaciones puede resultar algo sin demasiada importancia, para nosotros es algo muy significativo porque ─no nos cansaremos de repetirlo─, mucha gente (amigos y no tanto) me recomendaban «perder el tiempo» en algo tan complejo, lleno de misterios porque seguramente me acarrearía muchas dificultades y terminaría por abandonar el proyecto.
«Vas a perder mucho tiempo y no podrás dedicarte a escribir», decían algunos; «Terminarás por cansarte», consideraban otros, «El manejo de este tipo de proyectos en la red es complejo y lleno de misterios» escuchaba por ahí, «El pago del hosting en un país impredecible como el nuestro habrá de agobiarte» y así.
Pero en mi vida, llena de avatares, de errores de apreciación de la realidad, de mala evaluación de entornos, todo, absolutamente todo ─hasta vivir─, ha sido un desafío. Específicamente, en el área de la literatura, lograr cierto ─y limitado reconocimiento─, me ha costado mucho más de lo que pueda imaginarse. Entonces ¿Cómo no iba a seducirme el reto de dirigir una revista de cultura?
Y aquí estamos, con un número que, creemos resultará del agrado de todos ustedes. Hay para todos los gustos y tenemos desde una crítica de cine hasta una entrevista, pasando por conjuntos de Microrrelatos, poemas, galería de fotos, efemérides para recordar y mucho, muchísimo más. Queremos anticipar que nuestro columnista Rogelio Ramos Signes inaugura una nueva sección: Un erizo en el andamio. Tenemos dos reseñas de libros; una de ellas es el primer texto de este tipo que escribe una autora que demuestra ser dueña de mucha fibra Aitana Muñoz; la otra es acerca de una novela que conmueve y que tuvimos el privilegio de leer antes de su lanzamientos oficial.  La sección de cine nos habla de la película Silencio de Martín Scorsese, la de fotografía de un fotógrafo ruso nacionalizado argentino. En fin mucho, mucho para este nuevo número que creemos, está para no perderse. 

Así que una vez más, Tardes Amarillas, está con su querido e inapreciable público.

Antonio Cruz. Director.