ANTOLOGÍA DE POESÍA SANTIAGUEÑA

MÓNICA MAUD

foto de Mónica Maud

Mónica Maud nació en Santiago del Estero en 1962. Estudió el profesorado en Literatura, Castellano y Latín y luego, la Licenciatura en Letras. Escribe desde muy joven, pero sus trabajos han salido a la luz hace unos 10 años aproximadamente. Ha publicado dos libros de cuentos: Yo, sacrílega y pesadillas; está preparando un libro de poesías y otro, con minicuentos. Su primera novela, La muerte de Alcira, donde trata la violencia de género en una historia real, está pronta a salir. Es docente de nivel superior, ha sido editora por 15 años del suplemento literario de Nuevo Diario y directora editorial de la revista aprender, dedicada a la educación.

La escritora nos expresa: "Nunca antes me había atrevido a mostrar estos garabatos, hasta que alguien me dijo: "Si no los sacas a la luz, jamás sabrás si son buenos"; bien, me tomo el riesgo. Aquí están. Es mi mayor desafío. Soy de los que piensan que el dolor del alma moviliza el mundo...sé que a muchas personas esta idea les desagrada; ya Jorge Luis Borges, lo decía: La poesía nace del dolor. La alegría es un fin en sí mismo. Siento que debo ser coherente con mi pensamiento".

Senderos

Crucé montañas,
caminé llanuras,
me topé con muros.
respiré perfumes
abracé a mis niños,
vacié mis entrañas,
rasgué las piedras
de las catedrales.
Miré los cielos
busqué estrellas,
resequé mis manos
en los matorrales.
Dejé las luces
encegueciéndome.
Hablé con hambrientos
y desconsolados;
escudriñé a ricos
y depravados.
Mi vida está hecha,
mi sonrisa estirada
las ramas de mi cuerpo,
rodean a mis astros.
El adiós me alcanza
como una ráfaga.

 

La tristeza
La tristeza se adhiere en el alma,
infinita,
como hiedra,
volátil, insana.
Esas lágrimas que derramas
no la limpian
ni la esquivan;
no la prestan
no la cargan.
La tristeza se aposenta
aquí,
regodeando en mi falda.
La tristeza traza los caminos,
como voces,
yertas,
congeladas.
Que desabrigan la sombra
pero no la mata,
agonizas,
por el valle,
azuzando
los sentidos en el alba.
La tristeza te anquilosa,
te devuelve...aniquilada.
La tristeza te veda el suspiro
por encima de la parca.

 

Mi manantial

Mi manantial esta mañana
lanza acordes y preludios;
aguas secas y fantasmas,
de huellas y crucifijos.

Y se levanta tenuemente
el albur de la distancia
tiñendo de gris el prado
y gimiendo en la simiente.

Ando corriendo en el lodo,
girando las amapolas,
que fueron de mí,
el espejo de marañas.

Mi manantial se entrecruza
con la mirada sin rostro,
y el semblante de mis labios
ha muerto desde el abismo.

Pero, marcho lentamente
en la hilera de los verbos,
de esclavos minuciosos
de palabras malditas,
que reciben las palmas
y no se atreven, ¡cobardes!
a mirar hacia atrás.

 

Los espejos

Suben náuseas,
desde el centro de la tierra
mis pasos persiguen,
polvorientos.
Un ave mecedora
alienta los espasmos;
insectos asesinos
sus cuerpos
y mi silencio...
mi silencio los cultiva.
Locas fantasías
falsas postraciones,
el hedor que circunda,
el amor que aniquila.
Suben náuseas,
mis pasos,
extraños pasos,
todos juntos los pasos,
caminantes,
El dolor que amordaza
y paraliza la vida.

 

Lejanías
Aislada de niños,
hombres y mujeres,
en la oscuridad yazgo
de mi bóveda.

Aterrorizada,
contemplo tantas vidas
vanas,
aunque se erijan en tibias mañanas.

Retorno...
colmada de tormentos,
retirada del mundo
donde la fe es distancia.

Rememoro los astros de mi estada
entre pasatiempos y lágrimas.

Ya no existe la pena,
tampoco las larvas
ni aquellas caricias
veladas de palabras.

Se han secado pupilas,
borrado las miradas.

Soy un manojo pintado
de arena congelada
navegando el infierno
cada mañana.

 

Lo incierto
Y aquel recuerdo,
esta angustia,
ese dolor
que no pasa,
ni sucede
ni se aquieta
no florece
ni se oculta.
Una espina
que se clava
en la sombra
de una vida.
Sin marcas
y sin fallas
con huellas
cruzadas
y remozadas.
Y el estómago
que chilla
y la noche
no descansa
y el día
no aparece
y el sol
que se niega
sobre las calles
de mi ciudad,
sobre las retinas
de estos avejentados
ojos de la luna.