ANTOLOGÍA DE POESÍA SANTIAGUEÑA

FELIPE ROJAS

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 Felipe Rojas Nació en La Banda en 1939. Fue miembro de la asociación María Adela Agudo, la Sociedad Argentina de Escritores y el Centro Bandeño de Investigación y Letras. Fue premiado numerosas veces por su obra poética. Entre ellos, recibió el Premio nacional de Poesía, faja de honor de la SADE, en 1981, por su libro Tiempo de sol y Soledad. Este libro fue publicado el año anterior (1980). Posteriormente, en 2006 publicó El Canto de la Micorriza. Sus poemas integran numerosas antologías poéticas y sus poemas fueron difundidos por diferentes sitios Web. También trabajó como colaborador en el periódico santiagueño El Liberal, Polen de Catamarca; Cuadernos de Cultura Santiago del Estero, entre otros. Su plaqueta Río de Carnaval fue muy elogiada por la crítica., En el año 1996, fue declarado Ciudadano ilustre por la Municipalidad de la Capital de Santiago del Estero. A lo largo de su vida, realizó innumerables recitales poéticos a lo largo y ancho del país. Falleció el año 2011.

Extensión creada

Cuando caiga tu brazo
sobre todas las libertades,
vendrán cerebros extranjeros
A limpiar la tierra de milenios.
Habrá lugar en la extensión creada
para tus dominios de sangre
o el cadáver de tu muerte
seguirá buscando dioses y campanas.
Indescifrable y cierto tiempo de huidas.
Civilizados fantasmas
juegan en el nucleo de las montañas.
Oigo sus gritos correr en la teoría
hasta un croar de ranas en los charcos.
Mares de piedra secan el paso
de los sueños.
Está prohibido crecer de pura imaginación.
Detengan la costumbre de jugar
con infinitos.
Ustedes que ofrecen al día sus espaldas,
recojan la cabeza que delira en las calles
es la testa del pueblo,
abandonada por hacer del sol
un antiguo ornamento de batalla. 

 

La tierra se escribe con agua
La tierra se escribe con agua
digo cuando elevo tus verdes oceanías
Se escribe con viento,
de los que liman la cruz de los hacheros.
El norte viene cabalgando
cosecha en mano y un anhelo vertical
de voz alzada.
El clamor del hijo despeñó su sangre,
se llenó en la boca
de los montes quietos
y es maldito el hombre que sus trenzas corta.
Crecedor del bramido,
se agranda tu cola de reptil sobre los charcos.
Retumba en la madera
La noche horizontal y ciega.
Pasa el juanero tapado el nido
de tu hebras en declive,
espinas de silencio y brujos aterrados.
Mañana, otra selva ordenará tu sombra,
adonde abre la tierra su partición dolida
y no vuelvas a morir sin esperar el alba,
que el suelo ha desprendido su negra montonera
de nuestra cuna de indio, todavía presente. 

 

Elegía campesina
Aúllan de muerte las campanas del sol
en el espectro silbador de la sequía.
Cae la lluvia entre la hierba
pero en mi hierba no.
El arado roto,
la horquilla desfigurada,
y el afán tiñéndose de viejo,
un perro amargamente vivo.
Está lloviendo en las espaldas
pero en mi espalda no.
Una mujer de trizas,
dos hijos en pedazos
y esta cama escupiendo
hilachas amarillas.
Está lloviendo allá en las casas
pero en mi casa no.
La siembra en el desierto,
páramos y andrajos
y la verde desazón que pisa el campo.
Está lloviendo en los maizales
pero en mi chacra no.
El pájaro tenaz de la cosecha
busca mis dedos enlutados.
Ay, mis sueños de peón,
en alas huecas y rebeldes!
Está lloviendo en la vidalas
pero en mi caja no.
Hundiré los ojos en la boca
de las nubes tormentosas,
será mi sombra un rio de mil hachas
cavando leguas y caminos.
¡Dónde quedará este tiempo cuando
duerman mis sueños en los árboles?
Está lloviendo a toda sangre,
sangre espantada
De un mortero lento que acribilla.
Está cayendo así sobre la siembra
Pero en mi siembra no. 

 

Canto sin cadenas
Han cerrado sus leyendas los delfines
en el hito escalador de altos soles y galaxias.
Han cerrado en cuatro lados las historias
para salvar al continente hijo
de las estrellas.
La vida, de otra vida, la del tiempo,
vendrá del infinito, con el mesías de fuego
y una celda cosmogónica y viajera.
Será un todo iluminado, la del olímpico peldaño,
Una errante fundación de eras contra eras.
¿Qué será de este hombre azul que bebe noches?
El que destila niños en la pública montaña del misterio,
aquel huésped de planetas , con sus manos
ateridas de novelas,
el que rompe su cuna vegetal enloquecido de espacio
interminable.
Si nosotros morimos con grillos en la tierra
y existen hordas de fuegos y campanas,
será el oscuro siempre o la antorcha
jamás descolgará caminos.
Nos sube el canto en dimensión de estría
y en cada amanecer el rombo sideral
acuesta cielo en los campos.
Partiendo están sílfides mecánicas
desde la oración universal del día.
Y el planeta es uno más,
vagando con su noche y su mañana. 

 

Río de Carnaval
Huyo hacia el sol tu enero de ríos
cuando el silencio hurgaba las horas sumergidas.
No debieron crearte los enamorados del viento.
Ni los otros, aquellos castos del remanso.
Ellos fueron la tarde,
un libro de cristal en las arenas,
nosotros el esfuerzo de aprender melancolías.
Vayan por mi sombra
a juntar el sueño de las piedras.
No arrojen tanta pena,
que se apaga de celos el verano.
Espero donde termina el sonido
midiendo tus orillas de nutria.
Busquémonos suavemente y que lloren de una vez
las golondrinas.
Al norte de la tierra, horizontales indios
derrumban sus malones.
Que ganas de morir lleva el querernos
con tu manera infértil de sembrar el agua.
Alcánzame la noche, voy a lustrar el corazón del cielo.
Se disfraza la tarde de últimas palomas, y muero.
Ahora descubro tu difícil pollera de innumerables vidas.
Guitarras morenas tocan mi resurrección celeste
y vengo a salpicar tu cuerpo.
Arrima el carnaval a tu regazo de tumbas.
Sabes que el amor, tu amor dolido
ahoga en el fondo de la hembra
un hombre innecesario. 

 

Canto para que regrese el día
Hoy tengo ganas de quedarme en casa,
de meter mis manos en las carnes
y tocarme el corazón
Estoy de luto con mis semanas muertas
y un sueño de espera moribundo.

 

Hace rato tendieron ocasos en las camas
para que duerma en paz todo el silencio.
La mujer del siglo me odia
porque no iluminé sus profundas lunas
ni sus cabañas de ríos.

 

Tengo ganas de quebrarme los huesos
hasta que el nervio atrape su dolor al músculo,
de tirar mi sangre por los muros
Con la ternura de una siembra nueva
De reír con violencia en paredes de bocas adorables.

 

Nos ha mentido el tiempo,
ese grafio maldito que ayer dejó un techo sin veranos;
hace un año es noche,
nadie quiso sepultar al sol, perdido para siempre
en las estrellas
Puede ser ese fantasma que toca los armarios
y vuelve a crujir en los sillones.
Cuando sea hora de vivir
le diré al viento que invada este ardor de extraños mundos,
que anime el brazo del guerrero
en la ventana de luz que duerme tanto
y pueda vencer esta agresión de miedos
aquí en mi casa.