DIEZ MINICUENTOS ÁRABES ANÓNIMOS

Investigación y selección de textos de Mariano Cuevas

 ESCRITOR ÁRABE

La preferida
Nasrudín tomó una segunda esposa, pero las mujeres siempre le pedían que escogiera una favorita. Cansado de su constante rivalidad por lograr más atención, fue al bazar y compró dos cintas verdes idénticas. Al volver a casa, llamó a ambas mujeres, por separado, y le dio una cinta a cada una.
—Lleva esta cinta bajo la ropa, pero no la muestres ni hables de ella a nadie.
La siguiente vez que las dos mujeres quisieron saber a cuál prefería, él dijo:
—Mi favorita es la que lleva una cinta verde bajo la ropa. 

El garrote didáctico
El rey prohibió que se portaran armas por las calles. Pero, temeroso de ser atacado mientras regresaba una noche a su casa, Nasrudín ocultó un garrote bajo su capa. El arma fue descubierta al ser parado y cacheado por la policía, que se lo llevó para que respondiera ante la ley.
—Antes de que te meta en prisión, ¿qué tienes que decir en tu defensa? —preguntó el monarca.
—Soy maestro de la escuela local —contestó Nasrudín— y necesito el garrote para castigar a mis alumnos.
—¿No eres demasiado severo?
—Puede parecerlo, Majestad, pero no has oído las sandeces que dicen. 

Confusión ontológica

Andaba Nasrudín por la concurrida ciudad de Bagdad cuando chocó con otro hombre y ambos cayeron al suelo.
—Perdón —dijo educadamente mientras se levantaba—. ¿Tú eres tú o eres yo? Porque si eres yo, entonces yo debo ser tú.
—Seas quien seas, eres un completo lunático —replicó el otro hombre.
—Es que tú y yo somos de una complexión similar y llevamos ropas parecidas. Pensé que podría haberme confundido en la caída. 

La copia perfecta
Nasrudín estaba en Turquía visitando a un amigo. Una noche, se sentaron fuera, bajo el cielo estrellado. Enseguida, el mulá empezó a dar sonoras muestras de aprobación.
—¿Por qué haces "¡ooh!" y "¡aah!"?
—Estaba admirando tu cielo y me asombraba de la maestría de los pintores de cielos de aquí. Han hecho una copia perfecta de las estrellas que tenemos en mi tierra natal. 

De los labios de Alá
El sha de Irán supo que el santo Nasrudín viajaba por el país. Envió a sus exploradores para que lo localizaran y lo llevaran a vivir al esplendor de la corte.
Después de varios meses, el sha visitó las lujosas habitaciones de Nasrudín en el palacio.
—Dime, oh santo venerado, ¿qué palabras has escuchado de labios de Alá?
—Solo las últimas serán de interés para vos, alteza. Alá acaba de susurrarme algo al oído.

—¿Qué te ha dicho?
—Acaba de decirme que tenga cuidado con lo que digo, para poder quedarme en el Paraíso que Él ha encontrado para mí. 

Efectos de la educación

Estando en Bagdad, Nasrudín extravió su asno. Tras buscarlo durante varias horas, el mullah se sentó a considerar su destino en un salón de té del centro de la ciudad. Fue entonces cuando observó una muchedumbre reunida al lado de la universidad. Se acercó a investigar, y descubrió a su burro rodeado por un grupo de eruditos.
—Tu burro ha hecho estragos en esta honorable sede del saber —aulló el decano—. Debes pagar una gran multa.
—Sin duda —replicó Nasrudín— seré yo quien te la cobre a ti. Yo tenía un burro perfectamente bien educado. ¡Mírale ahora! Después de unas horas en este lugar, se ha transformado en un delincuente. 

Juez juzgado
Una noche, mientras daba un paseo, Nasrudín tropezó con un hombre bebido, tumbado en la hierba. Al ponerlo boca arriba, reconoció al juez, hombre famoso por pronunciar duras sentencias por las faltas morales. Nasrudín le quitó sus elegantes babuchas y el manto y siguió su camino.
Al día siguiente, cuando el juez volvió a su casa dando traspiés, se dio cuenta de que le habían robado. Lívido, dijo a la policía que buscaran en cada casa hasta encontrar al culpable. No pasó mucho tiempo antes de que Nasrudín fuera llevado al tribunal.
—¿Dónde conseguiste esas babuchas y ese manto? —preguntó el juez.
—Se los cogí a un borracho que encontré tumbado en la cuneta la noche pasada —contestó el mullah—. Desde entonces estoy tratando de devolvérselos, pero no conozco su identidad. ¿No lo conocerá su señoría por casualidad?
—¡Por supuesto que no! —replicó el juez—. ¡Caso archivado! 

En tierra firme
Nasrudín y su hijo estaban pescando cuando un torbellino apareció en el horizonte.
—¡Quiera Dios —imploró el mullah— salvar nuestra frágil barca y yo recompensaré a un hombre necesitado con un camello del tamaño de una casa!
—Padre, ¿cómo encontrarás un camello tan grande?
—Me preocuparé de eso una vez estemos en tierra firme. 

El acreedor holgazán
Nasrudín fue llamado por su cuñado.
—Nasrudín, has estado evitándome desde que te presté dinero. ¿No te da vergüenza?
Sabiendo que su cuñado era un hombre excepcionalmente holgazán, el mullah contestó:
—He venido a devolver lo que debo. Ven aquí, estrecha mi mano, saca el monedero de mi bolsillo, cuenta lo que te debo, deja de nuevo mi cartera y despídete.
—¿Quieres que me derrumbe de cansancio? —Preguntó el cuñado—. Sigue tu camino y no me vuelvas a fastidiar. 

El embustero honesto
Nasrudín se encontró en la calle con un estafador.
—¡Me habían dicho que estabas muerto y enterrado! —exclamó el mullah
—Como ves, estoy vivo y en perfecto estado —contestó el otro.

—No pienses que voy a caer en esa trampa —dijo Nasrudín—. Si dices que estás vivo, seguro que estás muerto. ¡Todos sabemos lo embustero que eres!

 

Los textos fueron tomadfos en su totalidad de https://ciudadseva.com/autor/anonimo-mundo-arabe/cuentos/

La imagen que ilusttra esta nota es una fotocomposición realizada por Antonio Cruz a partir de un dibujo tomado desde Internet