SELECCIÓN DE POESÍA ÁRABE

Investigación y selección de textos Mariano Cuevas.

 

ROMA
                Ahmed Chawqi (siglo XX) 

Detente viajero, y contempla estas ruinas:
sé testigo de que al poder se opone un rey glorioso.

Restos de una nación encumbrada hasta el cielo,
y que el tiempo venció luego de haberla levantado;

los golpes desgarraron su estandarte real
aniquilando su espectro en el polvo.

Ruinas cerca de un estercolero y vestigios:
un libro al que uso ha borrado el título.

Rostros de piedra, realidades más evidentes,
Entrevistas en la lejanía.

Quien las ve se dice: Tales son los Reyes del tiempo,
Tal es su majestad, tal es su ejemplo.

Por allá, restos de altares, aquí grandes palacios,
deponiendo su vigor, se han alimentado de podredumbre.

El tiempo se ha mofado de ellos, dejando discípulos,
y Julio no obtuvo el patrimonio de la púrpura.

En este lugar ocurrieron grandes acontecimientos
cuyo reflejo contagió hasta los viles siervos.

Un culto desapareció, otro culto apareció;
un rey desapareció, otro ocupó su lugar

y lo que causó esa gloria ilustre
fue la efusión de una sangre digna de ser ahorrada.

 

LOS BIENES DE ESTE MUNDO
                                      Abu Nuwas (siglo IX) 

Los hombres no son más
que un montón de muertos que están vivos,
engendrados por otros vivos que están muertos.

Quien tenga un linaje
fértil en héroes
se enriquece en huesos podridos.

Y el hombre inteligente,
si examina bien los bienes de este mundo,
verá claramente
que son un ardiente enemigo disfrazado de amigo.

 

LARGA NOCHE
                            Tumadir, Hija de Amr: "Al-Khansa (siglos VI/VII) 

Mi larga noche ha rehusado ofrecerme
un ligero sueño después de la horrible nueva.

«¡El hijo de Amr haa muerto!», ha gritado el heraldo
«¡Asesinado!» ¡Quiera Dios que yo muera de tristeza!

¡Con él, el siglo cruel me ha destrozado!
Malaventura, arruinar una vida, excelente...

Un héroe, como mi bien amado, hace llorar
unos ojos secos, y toca un alma insensible.

Tenía yo un hermano, leal a todo, compañero
que a la caravana hambrienta alimentaba.

Vibraba en la guerra, luchando en la arena
como vibra el filo lustroso del sable.

¿Qué he hecho yo al siglo, fecundo en desdichas?
¿Acaso nos han tocado en suerte todos los males?

 

LOS MÉDICOS
                         Abul'Atahiya (siglo IX) 

Veo al médico, con su ciencia y sus remedios,
impotente ante las detestables enfermedades.

¿Por qué resulta víctima de ese mal
del que a menudo, en el pasado, curaba a sus clientes?

Así se han muerto el médico y quienes
fabricaron, vendieron y compraron los remedios. 

                                    POESÍA ÁRABE 1      POESÍA ÁRABE 2 

EL MEMBRILLO

                                 Chafar Ben Utman Al-Mushafi (siglo X) 

Es de color amarillo, como si llevase una túnica de
narciso y huele como el almizcle de penetrante aroma.

Tiene el perfume de la amada y su misma
dureza de corazón; pero tiene el color del
amante apasionado y macilento.

Su palidez es un préstamo de mi palidez; su olor
es el aliento de mi amiga.

Cuando se irguió fragante en la rama y las hojas
le habían tejido mantos de brocado, extendí mi
mano suavemente para cogerlo y colocarlo como
pebetero en el centro de mi sala.

Tenía un vestido de pelusa cenicienta que
.revoloteaba sobre su liso cuerpo de oro

Y cuando se quedó dormido desnudo en mi mano sin más
que su camisa color narciso,
me hizo recordar a quien no puedo decir y el
ardor de mi aliento lo marchitó entre mis dedos.

 

EVOCACIÓN
                                 Al-Mutanabbi (915-965) 

Adoro la tierra de Emesa hasta Junasira
como todos los hombres que aman su patria.
Allí mis mejillas se frotaban con las manzanas
del Líbano, y bebía vino delicioso.
Pasaba el verano en un campamento beduino
y el invierno en al-Sahsahan, como los árabes.
Cuando verdeaba un prado, apacentábamos los camellos;
cuando se hablaba de una tribu acampada la combatíamos.
Si aparecía un rebaño de onagros veloces, los cazábamos.
Y nuestros últimos caballos alcanzaban las primeras reses fugitivas.
Si pasaba un tropel de camellos desjarretábamos
algunos para que no se fueran, y degollarlos luego,
y los dejábamos pasear cojeando entre los mancebos bebedores.
Los caballeros jugaban: unos perseguían a otros;
unos arrastraban lanzas largas, y otros cortas.
Les gustaba matar guerreros, pero el Destino
tampoco les alargaba mucho el plazo, después de sus víctimas.

 

EL NARANJO
                                      Ben Sara de Santaren (siglos X/XI) 

¿Son ascuas que muestran sobre las ramas sus
vivos colores, o mejillas que se asoman entre las verdes
cortinas de los palanquines?

¿Son ramas que se balancean, o talles delicados por
cuyo amor estoy sufriendo lo que sufro?

Veo que el naranjo nos muestra sus frutos, que
parecen lágrimas coloreadas de rojo
por los tormentos del amor.

Están congelados; pero, si se los fundiera, serían
vino. Unas manos mágicas moldearon la tierra
para formarlos.

Son como pelotas de coralina en ramas de topacio,
y en la mano del céfiro hay mazos para golpearlos.

Unas veces las besamos y otras las olemos, y así son,
alternativamente, mejillas de doncella o pomos de perfume.

 

CUERVO DE MAL AGÜERO
                                    Djamil (siglos VII/VIII) 

¿Para quién exhalas ese grito lúgubre,
oh cuervo de mal agüero?
Cada mañana,
al no encontrar tu alimento,
te diriges a mí
y gritas, mirándome,
con aire amenazante.

Con tus graznidos
me anuncias que no debo esperar
favores ese día.
Cuervo,
estás seguramente
lejos de lo cierto.
Deseo
que ningún consejero te quede
en el fondo del infortunio.

Si, un día,
no despiertas en mí la turbación,
te bastará con llenar
el cielo color de ceniza
con tus gritos en medio del día.

 

Los poemas publicados en esta nota fueron extraídos de los libros Antología de Poesía Árabe (Ed.NEED, 1998, Selección y traducción de H. P. Lipps y del libro Antología de la Poesía Árabe del Centro Editor de América Latina  (año 1970) en la que no figuran ni nombre de quien seleccionó los poemas ni el nombre de su traductor.