Antonio Cruz 1                                                                         

 

 

MICRORRELATO, MINIFICCIÓN O MICROCUENTO

Un género signado por la polémica desde su génesis

Por Antonio Cruz*

 

Antes de entrar al meollo de la cuestión, me parece prudente hacer tres aclaraciones que considero pertinentes. En absoluto reniego de la escritura mínima pues, como todos quienes me conocen saben, es el territorio literario en que más a gusto me siento. Por otro lado, no creo que solamente el microrrelato esté teñido de polémica. La literatura en su conjunto lo está desde tiempos inmemoriales. Como para muestra basta solamente un botón, recuerdo que cuando comencé a escribir mis primeros textos (poesía) la poesía estaba ─y creo que sigue estando─ en la picota. La discusión acerca de lo que es poesía y lo que no es sigue tan vigente como entonces. Por tanto, creo que, cuando se discute acerca del canon de la minificción, no solamente se está discutiendo sobre cuestiones intrínsecas de un género (o subgénero) sino sobre la calidad que diferencia buena literatura de la otra. Por último quiero dejar claro que en el mundo del microrrelato hay una enorme cantidad de creadores valiosos (la lista es muy extensa) pero también son muchísimos los que escriben textos que de ninguna manera pueden ser considerados microrrelato y ni siquiera literatura.

Como expreso al principio, cuando se produce el boom el microrrelato (minicuento, microcuento, minificción, cuento ultrabreve o como se le llame) ya provoca controversias, las que son más común entre los académicos que entre los escritores. Los dos primeros asuntos que han provocado disenso, surgen cuando pretendemos establecer si es un género o un subgénero o un tipo de narrativa dentro del género cuento y cuando tratamos de nombrarlo. ¿Es un género o no? ¿Cuál es su verdadero nombre? ─En relación al nombre, personalmente me inclino por la palabra "Microrrelato" porque fue el que usó siempre el maestro David Lagmanovich─, pero a fuer de ser sinceros, creo que a esta altura de la historia ambos temas se han vuelto absolutamente intrascendentes. Sin embargo, el microrrelato sigue dando que hablar. Hace pocos días, en su muro de una red social muy de moda, el reconocido microrrelatista ─con varios libros a cuesta y no poco prestigio ganado a fuerza de talento y dedicación─ Alejandro Bentivoglio publicó el post que transcribo:
«Al final de cuentas, no, la mayoría de la microficción actual no es ni híbrida, ni intertextual, ni compleja, ni juega con los conocimientos previos del lector, ni nada, la mayoría de lo que se escribe son chistes sin mayor altura. Sí, yo también, César, yo también caigo en el lugar común, pero las palabras son débiles. Como también la mayoría de la poesía no es más que oraciones a las que se les va clavando un enter para que nos dé un verso. Puro verso».
La polémica (en realidad muy breve y sin demasiadas intervenciones por lo que no pasó a mayores) no tardó mucho en aparecer.
Yo le di un "me gusta" al breve post pero las opiniones posteriores ─que creí que serían muchas más, pero parece que muchos prefirieron no opinar─, me obligaron a reflexionar acerca de las investigaciones que realizo, intuitivamente y absolutamente de manera empírica ─advierto a quienes no conocen mi relación con la literatura que carezco de formación académica en ella (en realidad soy médico) y que todas mis observaciones no cumplen con el rigor del método científico─, acerca de lo que aparenta ser una banalización del microrrelato.
Justamente uno de los temas centrales del escrito de Bentivoglio es la diferencia entre chiste y texto literario, ─tema que ya me venía haciendo ruido desde hace varias semanas, cuando en San Nicolás tuve oportunidad de escuchar una clarísima exposición de la colega Claudia Cortalezzi acerca de lo que es microrrelato y lo que es chiste─, o sea una preocupación común a muchos de nosotros, sobre la falta de calidad literaria de algunos textos que van en desmedro de este tipo de escritura.
En el año 2014, en la Jornada Trinacional de Microficción: Borrando Fronteras organizado por la Universidad de Santiago y el Colectivo Ergo Sum que se llevó a cabo en la Universidad de Santiago de Chile, al que tuve la fortuna de asistir, leí una ponencia titulada "MICRORRELATO Y REDES SOCIALES: LUCES Y SOMBRAS (Del crecimiento superlativo a los riesgos de la banalización)", el que también leí durante el Congreso Nacional de Literatura David Lagmanovich en Tucumán en 2016 y que está disponible en la red gracias a la generosidad de Plesiosaurio. Primera Revista de Ficción Breve Peruana
En él, manifestaba mi preocupación por la creciente pérdida de calidad literaria de los minitextos a raíz de su enorme popularidad en las redes sociales.
Durante el desarrollo, después de una breve introducción, explicaba que no era el único en tener esta preocupación. Violeta Rojo y Orlando Romano , ya lo habían hecho con mucha anticipación a mi artículo.
En este punto, creo necesario mencionar que uno de los temas que se tocan tangencialmente (y que tiene mucho con el post de Bentivoglio) es la noticia de que en un concurso muy famoso y que entrega una jugosa recompensa, de había premiado un ¿microrrelato? que incumplía con tres de las reglas establecidas pero que tenía dos aditamentos muy graves; por un lado, era modificación o reescritura (yo prefiero llamarle plagio) de otro texto ─y aquí viene lo verdaderamente grave─. Que en realidad no es otra cosa que un chiste popular en el territorio americano, sobre todo en los países del norte.
Por ello, en relación al post de Bentivoglio yo le di un "me gusta" y si bien, la/os poca/os que contestaron lo hicieron con mucha mesura y aludiendo a que en el género hay creaciones de calidad ─cosa que no me atrevería a dudar─, creo que no comprendieron el verdadero sentido del comentario de Bentivoglio quien ─como muchos de nosotros sostenemos─, dice sin cortapisas que hay una creencia más o menos generalizada que escribir un micro es, al mismo tiempo, escribir un chiste.
No quiero dejar pasar la oportunidad para repasar las pocas certezas y muchas dudas que tengo en relación al microrrelato. El microrrelato o microficción o microcuento o cómo se le llame, se ha extendido de manera muy rápida como si fuera la onda expansiva de una enorme explosión. En ello tienen una gran relevancia las redes sociales por sus características que remedan el comportamiento de la sociedad en la vida real. Las razones de ello son variadas pero hay un factor determinante (algo así como la columna vertebral de esta situación) que guarda relación con la facilidad de adaptación a Internet y a las redes sociales. De hecho, esto se manifiesta por una gran libertad y escaso costo (se puede publicar salteando a la industria editorial) para obtener numerosos lectores inmediatamente y lograr un reconocimiento mayor y más rápido. La difusión expansiva está ligada también a ciertas características sociológicas de la vida moderna (Velocidad, fragmentariedad, etc.). Cada vez más gente escribe microrrelatos y por último la tremenda certeza de que una inmensa mayoría de los textos que se difunden son de dudosa estirpe literaria y no pocos de ellos no son otra cosa que un chiste. Mientras tanto, deshojo la margarita que representan mis dudas. ¿Va el microrrelato hacia el peligroso territorio de volverse vulgar? Esa depreciación... ¿Es solamente del microrrelato o de toda la literatura? ¿Es bueno eso? Si no es bueno ¿Cómo evitar que se transforme en algo tan expansivo como su difusión?
Para expresar mejor estos temores repetiré lo dicho en la última parte del artículo que escribí hace ya varios años. Es un ejemplo que pinta a las claras esta decadencia que venimos mencionado desde el principio de este texto.
Este fragmento, debería llamarse "Lo que los microrrelatistas no deben hacer". Por supuesto, por una cuestión de prudencia y, habida cuenta de mi falta de formación académica, no daré los datos exactos pero están en la red y, si alguien sabe cómo buscar, lo podrá encontrar («Hay que saber mirar bajo la ola» dice el personaje de una novela).
En una página Web: "alguien" comienza su apología de un taller literario diciendo más o menos lo siguiente: «Cuando contamos lo que nos sucede en las redes sociales estamos escribiendo microrrelatos de nuestras vidas» y más adelante afirma: «... aprender a escribir historias cortas es un gran regalo para desahogar las emociones» (Sic.) Su discurso se enrarece cuando al citar el famoso texto de Monterroso "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí" lo cita modificado (sin aclarar de esa modificación) por "Cuando despertó, el unicornio seguía allí" (¿?) y, para el final expresa: «Yo practico el microrrelato libre, es decir aquel que no busca más que desahogar un suspiro. Siento que, más allá del formalismo literario se esconde la esencia del ser humano y es en ella donde reside lo que nos llama la atención, lo que nos atrapa para seguir leyendo.
O sea, a quienes corresponda, deseo decirles que miren debajo de la ola del post de Bentivoglio y que guardo la certeza más absoluta de que deberíamos separar lo bueno de lo malo y dar trascendencia a aquellos textos que sean valiosos, tarea que es más acorde con los académicos y los estudiosos que con los propios escritores y/o lectores pero que no nos exime de pecados. Debemos poner todos ─y en especial quienes administran grupos y foros en las redes─, un poco más de empeño en difundir lo bueno y criticar lo malo.

 

*Director de Tardes Amarillas