TOÑO 68B

   

LA LITERATURA BOLIVIANA TAMBIÉN EXISTE

Antonio Cruz.

Motivos y Causas

En este mundo virtual del tercer milenio, uno va conociendo personas ─muchas de las cuales, probablemente, ni siquiera llegaremos a conocer personalmente, aunque nunca es posible predecir eso─. No obstante ese “conocimiento virtual” que apenas nos permite conocer algunos aspectos de la vida de dichas personas, muchas, muchísimas veces, resulta de una gran valía pues nos permite crecer como investigadores, lectores y como escritores sin dejar de lado la tarea de difusión que a todas luces resulta inapreciable.

Hace ya más de dos años, “conocí” a través de una red social a Homero Carvalho Oliva, con quien hicimos “buenas migas” desde el primer minuto. Creo que el principal motivo de ello fue nuestra afición a dos géneros literarios: el microrrelato y la poesía, aunque también, supongo, debe haber influido el esfuerzo que realizamos ambos por difundir literatura. Como siempre ocurre en las redes sociales, establecer contacto con Homero, me sirvió también para tomar contacto con Sisina Anze ─quien de manera generosa y sin esperar devoluciones me envió como obsequio dos libros de su autoría: las novelas Juana Azurduy, la furia de la Pachamama, (obra que leí con muchísimo agrado) y Las crónicas del Supay (que todavía está pendiente debido a los múltiples compromisos de lectura ya asumidos)─.

No fue lo único, En el mes de abril, mi esposa viajó, por cuestiones académicas, a la ciudad de Cochabamba para participar de una serie de actividades programadas por la Universidad Mayor de San Simón. Además de cumplir de manera adecuada con los objetivos de su viaje, tuvo oportunidad de conocer personalmente al poeta René Rivera Miranda y a la mencionada Sisinia Anze Terán. La cosecha de libros fue mucho más allá de lo esperado.

Preocupado por mi escaso conocimiento del vecino país, hice una pequeña encuesta entre mis colegas escritores e investigadores y me di con la ingrata sorpresa de que si bien, muchos de nosotros conocemos la literatura de América latina (México, Chile, Perú, etc.), o bien, hemos leído de manera muy limitada o no hemos leído nada de la profusa y valiosa obra literaria de Bolivia.

Sorprendido por estos resultados, comencé a husmear en la red sobre el tema y descubrí que la literatura boliviana es muy rica y que no tiene nada que envidiarle a los otros estados americanos. No pude menos que comparar esta situación con lo que ocurre entre las dos grandes regiones del Norte Grande Argentino. Los estudiosos, investigadores y lectores del NOA (Noroeste argentino, compuesto por las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán Catamarca y Santiago del Estero), sabemos muy poco (y también hemos leído muy poco) de la valiosa producción literaria del NEA (Nordeste Argentino, compuesto por cuatro provincias: Misiones, Corrientes, Formosa y Chaco). En mi caso particular, salvo por lo que he leído de Mempo Giardinelli, Juan Basterra, Aledo Luis Meloni y Orlando Van Bredam, confieso que soy alguien que desconoce casi por completo el importante patrimonio literario del NEA.

Advertencia

Para ponernos en tema, quiero aclarar que no me propongo realizar en este artículo un estudio minucioso de lo que se escribió y escribe en Bolivia sino que necesito llamar la atención a todos aquellos que disfrutamos de la literatura pero que tenemos, por lo general, poco conocimiento de lo que se escribe y lo que se lee en el país hermano.

Creo oportuno destacar también algunas precisiones sobre lo que se viene en este artículo. La primera de ellas es dejar plenamente sentado que este texto jamás hubiese podido ser escrito sin la ayuda desinteresada y permanente de Homero Carvalho Oliva. Lo segundo es que, poco de mí hay en él. Si bien hay pocas citas textuales, casi todos los conceptos que se desarrollan en el texto ─no todos, ya que alguna cosas las conocí gracias a mis largas conversaciones con Homero y Sisinia y de los libros que me enviaran gentilmente ambos y René Rivera─, fueron encontrados navegando en la red. Entre las páginas leídas, podemos mencionar las siguientes (cuyos enlaces hemos incluido al final en fuentes): Ecu Red (Revista virtual cubana), Perseé (Francia), Américas Quaterly, Librería Boliviana, Revista Aportes de la comunicación y la cultura y Cervantes virtual entre numerosas otras que se podrán encontrar en las referencias. También deseo que quienes lean este texto, comprendan que, este conjunto de apuntes que tiene muy poco mío y mucho de los conocimientos que se “adquieren” a través de Internet, es absolutamente parcial y acotado ya que la literatura contemporánea de Bolivia es abordada por Homero Carvalho en un artículo propio en este mismo número. O sea que de ninguna manera se trata de un estudio detallado ya que la literatura boliviana es tan amplia, tan llena de nombres paradigmáticos que resultaría imposible desarrollar un tema como este en un (no tan) breve artículo.

Tengo la convicción de que hay tantas cosas por descubrir que lo que he escrito, no es más que una primera aproximación al tema con la esperanza de que investigadores y librerías de mi región tomen la posta y el tema se desarrolle de manera tal que nos permita conocer a fondo libros de autores bolivianos.

Introducción

En el año 1985, Luis Antezana sostenía que:

«La literatura boliviana actual (*) es un espacio relativamente cerrado, es decir, carece prácticamente de trascendencia en el ámbito latinoamericano y, ciertamente, más allá. Por lo menos, no hay «grandes nombres» de autores bolivianos directamente asociados con el actual movimiento y difusión de la literatura latinoamericana. Salvo contadas obras, ésta es una literatura que tiende a definirse dentro de marcos discursivos y referenciales locales. Sus límites y alcances pueden entenderse en tales condiciones».[1]

 

No tengo la menor idea de cuánto tendrá de cierto este aserto. Entre 1985 y 2019 pasaron más de treinta años y, durante todos esos años, han ocurrido demasiadas cosas. Por ejemplo, la aparición de Internet ─que más allá de todas sus falencias, representa una herramienta útil para quienes saben buscar y tienen capacidad para separar la paja del trigo─ y la globalización que no es poca cosa. Por ejemplo, en esta pequeña investigación que he realizado a lo largo de tres meses, me doy con noticias más que halagüeñas respecto al conocimiento y difusión de la literatura de Bolivia.

Por ejemplo, abro una de mis fuentes y me encuentro con las noticias de que ya en 2009, un cuento del boliviano Rodrigo Hasbún fue incluido en la revista Zoetrope, de Francis Ford Coppola en el número que le dedicó a los autores latinoamericanos con más futuro, o que por ese mismo año la editorial española Bartleby publicaría el libro de cuentos Niñas y detectives, de Giovanna Rivero, o que también por ese año Maximiliano Barrientos publicaría el libro de cuentos Primeras canciones en la editorial Periférica, también de España.[2] Paso a otra de las fuentes consultadas, la página CultoLT, que aparentemente pertenece al diario La Tercera de Chile (digo esto porque no pude encontrar una descripción y localización más detallada pero tiene como contacto un teléfono den característica de Chile) y descubro en una entrada de marzo de 2018, que Edmundo Paz Soldán, Maximiliano Barrientos, Liliana Colanzi, Rodrigo Hasbún y Giovanna Rivero cuentan con un respetable prestigio internacional.[3]

Pero cuando me digo que, en realidad, mi percepción es equivocada y que mi razonamiento sobre la difusión de la literatura boliviana no es otra cosa que puro prejuicio aparece alguien como Emilio Coco, poeta y antólogo italiano, que en el prólogo de su libro El país de los espejos. Antología de la poesía boliviana de hoy (que se publicó este mismo año en el mes de abril) se pregunta y se responde: «¿Cuánto sabemos de la literatura boliviana en Italia? Casi nada».[4] Por su parte, Gabriel Chávez Casazola, en su artículo Estrella en el agua: Poesía boliviana de un siglo nuevo, que publica la Revista Aportes de la comunicación y la cultura en junio del 2014, afirma:

« Un signo de interrogación. Un signo que guarda un enigma a su vez escondido entre montañas. Así suele verse a la poesía boliviana desde fuera. Y aun esto es un decir, pues casi no se la ve. O no se la ve en absoluto, pese a que Bolivia tiene una rica, fecunda -y sobre todo vital-tradición poética» « Para que nuestra poesía se encuentre invisibilizada conspiran varios factores: un pequeño mercado editorial; ausencia de publicaciones (libros, revistas, portales) con alcance internacional; escasos canales, flujos y contactos con autores, críticos, editores, traductores y divulgadores de otras naciones; falta de apoyo estatal. Pero, sobre todo, en el trasfondo, planea una suerte de enfermedad nacional que aqueja también a muchos poetas: la mediterraneidad espiritual».[5]

Poniéndome nuevamente en situación. Me asalta la certeza de que muchos lectores argentinos ─sin ninguna pretensión de despertar recelos y quejas entre mis colegas connacionales, que, al menos en los círculos en los que me muevo, hay mucho de esto─. Conocemos muy poco de Literatura boliviana y creo que para muchos de nosotros ─por supuesto me incluyo─, lo que se escribe en Bolivia recién comienza a ser descubierto.

 

Breve Recorrido

Si bien, no encontré demasiada información sobre los años previos al siglo XIX, me llamó la atención que ya en los últimos años del siglo XIX (la época del romanticismo) había literatura de gran calidad en Bolivia. Nombres de la talla del poeta Ricardo José Bustamante (1821-1886), el ensayista, bibliógrafo e historiador Gabriel René Moreno (1836-1909), y el narrador Nataniel Aguirre dan lustre al período pero no fueron los únicos. Por aquellos tiempos también se destacaron el poeta Ricardo Jaimes Freyre quien se nacionalizó argentino, además de algunos un poco posteriores como Franz Tamayo y Gregorio Reynolds (1882-1947), con obras de relevancia literaria poco conocidas por estas tierras argentinas.[6]

 

Literatura precolombina

En este período, la literatura se manifiesta a través de la oralidad más que de la escritura. Los pueblos de Bolivia (es un país de numerosas etnias) son poseedores de una rica tradición oral que ha sobrevivido al aso del tiempo. La misma se conforma sobre todo con mitos, leyendas cuentos, narraciones heroicas y, por supuesto de la poesía aymara y quechua que ha logrado llegar a nuestros días.

Se supone que el Tawantinsuyo (nombre con el que se conocía al imperio incaico ─que fue el más grande imperio y la cultura más difundida─) no tenía lectoescritura sino solamente los quipus para comunicarse. Con respecto a ello, personalmente me resisto a creer que así fuera. Una cultura de tamaña magnitud, con amplios conocimientos de astronomía, de climatología y algunas otras disciplinas, debe haber tenido algún tipo de preservación escrita de su patrimonio y, a pesar de que nadie concuerda conmigo, presiento que puede haber sido “borrada” por los conquistadores como ocurrió con el kakán o “lengua de la tierra” de nuestra región.

De lo que se ha mantenido a través del tiempo, lo poco que se conoce son algunas canciones en lengua aymara y poemas en lengua quechua que han logrado superar la grieta del tiempo. De estos últimos, lo que se sabe es que había himnos, poesías y narraciones orales de tipo “heroico”. Los poemas conocidos que se conocen son de diferentes características; se destacan el arawi (que fue la forma poética más apreciada y difundida que era recitado por el propio poeta a quien se conocía como "arawi"; el wawaqui (poema que se cantaba en forma dialogada), El taki (que también es un verso cantado) y el wayñu (que se expresaba en las tres formas artísticas: Música, poesía y danza).[7]

Entre las narraciones las más destacadas, brillan con luz propia el “Ollantay”, el relato sobre la muerte de Atahualpa y el Uscapaucas.[8]

 

Época Colonial

Según algunos investigadores, durante esta época, España, curiosamente, impulsó el cultivo de las lenguas nativas. De cualquier manera, este aserto es una verdad a medias. No olvidemos que en nuestra provincia Desapareció por completo la lengua Kakán (que ya mencioné algunas líneas más arriba) aunque bien podría haber ocurrido por falta de interés. En el altiplano boliviano, se destacan los estudios sobre la lengua aymara entre quienes podemos mencionar a Ludovico Bertonio, que escribió El arte gramatical y un vocabulario de la Lengua Aymara.[9]

Otro de los que se preocupa por las lenguas nativas es el Inca Garcilaso ─ Inca Garcilaso de la Vega, que, entre otros libros escribió "La Florida del Inca" y "Los Clomentaruios reales". Su verdadero nombre fue Gómez Suárez de Figueroa y fue mestizo ya que sus padres fueron Sebastián Garcilaso de la Vega (español)  e Isabel Chimpo Ocilo  (princesa nativa). Sus libros estuivieron dedicados a elogiar la cultura del Tawantinsuyo.[10]

También es necesario mencionar a Fray Domingo Santo Tomás autor del libro más antiguo que se conoce sobre el idioma quechua cuyo título es , “Gramatica o Arte de la Lengua General de los Indios en los Reinos del Perú, y Lecciones y Vocabulario de la Lengua General del Perú, llamado Kechua”.

En un breve repaso mencionamos a Fray Antonio de la Calancha, el Padre Barba, Vicente Pazos Kanki, Gaspar Escalona y Agüero, Juan Pasquier, Antonio de Acosta, Pedro Méndez, Bartolomé de Dueñas, Enrique Erico Martin, Diego Gallostegui y Juan Sobrino.

Fue publicada la obra "Los Anales de Potosi" y la "Historia de la Villa Imperial de Tambien se destacaron el Arzobispo Gaspar Villarroel quien escribio "Gobierno Eclesiastico y Pontificio" y "La union de los cuchillos". Carlos Inca, quien nacio en el Cuzco, y cuyo verdadero nombre era Calixto Carlos Bustamante, desarrollo el genero humoristico y satirico, la obra mas destacada de el es: "Lazarillo", que trata la historia de ciegos caminantes.

 

Independencia y Principios de la República 1810-1826

De este período, lo único que ha podido rescatarse son datos muy fraccionarios. Se sabe que la Universidad de San Francisco Javier fue el centro donde crecieron las ideas libertarias. Entre las muchas actividades a favor de la independencia, se sabe que, a pesar de las prohibiciones se formaron clubes literarios donde además de literatura, se discutían ideas políticas que tenían su fuente en los principios de la Revolución Francesa.

Entre los pocos poetas que han logrado superar el olvido, un nombre inexcusable es el de Juan Wallparrimachi: Guerrillero y poeta quechua, que nació en Potosí en 1793 y murió a la edad de 20 años en una de las batallas de la Independencia en 1814, a las órdenes de su protectora y jefa Doña Juana Azurduy de Padilla ─personaje retratado de manera extraordinaria por Sisinia Anze en su novela “Juana Azurduy, la furia de la Pachamama” y cuyos poemas fueron rescatados por Jesús Lara en 1974 con su obra “Poesía Quechua“ uno de cuyods capítulos se llama “12 Poemas de Wallparimachi”.[11]

 

Finales del siglo XIX y comienzos del XX

Con la aparición del romanticismo, las letras de Bolivia comienzan a tener más relevancia. Uno de los primeros que se destacan es el poeta Ricardo José Bustamante (1821-1886) con obras de exaltación patriótica, como Hispanoamérica libertada (1883), o de teatro, como Más pudo el suelo que la sangre (1869). En las últimas décadas del siglo XIX aparecen el ensayista, bibliógrafo e historiador Gabriel René Moreno (1836-1909), y el narrador Nataniel Aguirre, que volvió sobre las gestas de la emancipación en su novela Juan de la Rosa. Memorias del último soldado de la Independencia (1885).

El modernismo contó con un poeta excelente, Ricardo Jaimes Freyre aunque de origen boliviano, se nacionalizó, años más tarde, argentino, al que se sumarían posteriormente Franz Tamayo y Gregorio Reynolds (1882-1947), con obras de extraordinaria belleza, como El cofre de Psiquis (1918), Horas turbias (1922) o Illimani (1945).[12]

 

Siglo XX. Breves conceptos.

En el siglo XX, la literatura boliviana da sus primeros pasos hacia 1919 cuando Alcides Arguedas, (que se destacó no solamente con literato sino también como político), publica su novela “Raza de bronce” que da origen a la Literatura indigenista. Desde ese momento la literatura boliviana se orientó más hacia una descripción de la realidad nacional y social del momento. Otros autores a destacar de esos primeros lustros del siglo pasado, son Armando Chirveches (1881-1926), Antonio Díaz Villaamil (1897-1948), Tristán Marof (1896-1979) y Carlos Medinaceli (1899-1949) entre otros. Por estos años, también hace su aparición la crítica en las figuras de Gabriel René Moreno y el propio Medinaceli.[13]

Llegados a este punto, no puedo seguir adelante sin referirme a algo llamativo. En una de nuestras conversaciones con el ya varias veces mencionado Homero Carvalho, él me refirió una anécdota sobre Ramiro Tamayo. Con ese dato me metí a navegar en la red y me di con la ingrata sorpresa de que prácticamente no hay demasiados datos sobre él. ¿Por qué lo traigo a colación? Pues resulta ser que, según un artículo de 2016 que se puede leer en el sitio Web del diario Página siete de La Paz y que se titula Borges y Bolivia, un libro y un poeta perdido. En el mismo ─firmado por Martín Zelaya Sánchez─, se dan datos concretos acerca del respeto que sentía Jorge Luis Borges por Tamayo. Según la nota, el poeta Marco Montellano, oriundo de Tarija, afirma en un reportaje que el poeta preferido del ilustre ciego era precisamente Tamayo y refiere una cita textual de Borges: «Quiero contarle que una vez en una librería encontré un libro sobre Borges. Lo había escrito Marcial Tamayo (boliviano), al que después conocí. Mi memoria asocia Bolivia con Ricardo Jaimes Freyre, el poeta más preciosista del modernismo; y luego tienen a Reynolds, y al mismo Tamayo»[14]

Aparentemente, hay una no tan pequeña confusión ya que un poco más adelante, Zelaya Sánchez, escribe lo siguiente que es una cita textual de su artículo que recomiendo sea leído en su totalidad porque hay datos que nos sorprenderán a todos quienes veneramos a Borges y desconocemos muchos aspectos de su vida:

«En 2007 el poeta y crítico Juan Carlos Ramiro Quiroga posteó en su blog el artículo "Borges a calzón quitado”, en el que Albino Gómez cuenta de la relación del mayor escritor argentino de la historia con los Tamayo. Nadie le dio entonces mucha bolilla a ese texto.

Cuenta Gómez: "Ramiro comenzó a destacarse por una tan excelente producción poética que motivó un breve prólogo de Borges a lo que constituyó su primer libro de poemas, donde el escritor se refería a sí mismo como un "poeta crepuscular” -a pesar de que todavía no tenía 50 años- llamando a Ramiro un "poeta del alba”.

Más adelante, Gómez cuenta que Tamayo era tan perfeccionista que retiró y devolvió el libro varias veces de la imprenta y al final nunca salió a la venta. Y comenta: "con sus 18 años, Ramiro Tamayo era para su gusto (de Borges) el mejor poeta de nuestra lengua. Y con esa memoria prodigiosa que siempre lo caracterizó, a pesar de los más de 20 años transcurridos, recordó y recitó uno de los poemas de Ramiro que decía...”»[15]

Según las afirmaciones de Abraham Huarina la segunda mitad del siglo XX es la etapa en que la narrativa boliviana alcanza su madurez.[16] Quiero creer que lo mismo debe haber ocurrido con los demás géneros. Mientras tanto en Ecu-Red se sostiene que justamente, a partir de la década de 1950 la literatura boliviana se renueva merced a la obra de Marcelo Quiroga Santa Cruz (Los Deshabitados), ya que no solamente rompe con el modelo literario tradicional de Bolivia, sino que sirve de para abrir camino a escritores más jóvenes. Se mencionan a Adolfo Cáceres Romero, Renato Prada Oropeza, Raúl Teixidó y Óscar Uzín Fernández

Mientras tanto, en la poesía se destacan poetas como Primo Castrillo, Raúl Otero Reiche, Octavio Campero Echazú, Óscar Cerruto, Jaime Sáenz, Yolanda Bedregal, Alcira Cardona Torrico, Roberto Echazú, Pedro Shimose, Jesús Urzagasti y Eduardo Mitre que lograron elaborar obras de notable calidad literaria.[17]

Bueno. Como primera aproximación a una vasta obra literaria, creo que ya es suficiente. Además, ya dije que, en este mismo número hay un artículo sobre literatura boliviana actual que también ayudará a un mejor conocimiento del tema.

 

FUENTES:

 https://www.persee.fr

 https://www.libreriaboliviana.com/

 https://www.americasquarterly.org/literatura-boliviana

 https://prezi.com/bjrtx1hfd2a4/literatura-boliviana/

 http://www.enciclonet.com/

 http://linguisticaroquechua.blogspot.com/

 https://www.paginasiete.bo/

 

NOTAS:

 

[1] Antezana Luis H. Literatura boliviana : límites y alcances. In: Cahiers du monde hispanique et luso-brésilien, n°44, 1985. Numéro consacré à la Bolivie. pp. 129-135;

[2]  https://www.americasquarterly.org/literatura-boliviana

[3] “Los autores que renuevan el panorama de Bolivia”, Javier García, disponible en  http://culto.latercera.com/2018/03/20/los-autores-renuevan-panorama-bolivia/

[4] Emilio Coco “Il Paese Degli Specchi. Antologia della poesia boliviana d’oggi” Raffaelli Esditore, Roma 2019

[5] Chávez Casazola, Gabriel, Estrella en el agua: Poesía boliviana de un siglo nuevo en Revista Aportes de la comunicación y la cultura, Santa Cruz de la Sierra, junio de 2014 disponible en  http://www.revistasbolivianas.org.bo/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2306-86712014000100010&lng=es&nrm=iso

[6]  https://www.ecured.cu/Literatura_boliviana

[7]  https://libreriaboliviana.com/bolivialibrosescritores1.html

[8]  http://linguisticaroquechua.blogspot.com/

[9]  https://libreriaboliviana.com/bolivialibrosescritores1.html

[10]  https://www.biografiasyvidas.com/biografia/g/garcilaso_el_inca.htm

[11] Uscanga, Víctor Hugo, “Literatura Boliviana” disponible en

 https://prezi.com/bjrtx1hfd2a4/literatura-boliviana/

[12] Literatura Boliviana, artículo sin firma en Ecured disponible en :

 https://www.ecured.cu/Literatura_boliviana

[13] ibíd.

[14] El artículo se haya disponible en el siguiente link

 https://www.paginasiete.bo/letrasiete/2016/6/11/borges-bolivia-libro-poeta-perdido-99066.html

[15] Ibíd.

[16]  https://prezi.com/b0ohhtkfgxeh/la-narrativa-boliviana-en-el-siglo-xx/

[17] Literatura Boliviana, artículo sin firma en Ecured disponible en :

 https://www.ecured.cu/Literatura_boliviana/