DIEZ MICRORRELATOS DE MARÍA ELENA LORENZIN EN VERSIÓN BILINGÜE

 

Una selección de cuentos generosamente traducida por Fiona y Vanessa Taler.

A selection of short stories generously translated by Fiona and Vanessa Taler

 

 María Elena Lorenzín 

Sobre el libro, Silvia Guajardo, editora de Asterión Ediciones, ha expresado lo siguiente:
«Lorenzin plasmó en sus textos el asombro y la denuncia ante las calamidades que asolan este siglo y que pareciera que ya forman parte de nuestra cotidianidad, avaladas por la sumisa resignación de quienes pasivamente nos sentamos ante el televisor, el diario o simplemente, el celular. Ella hurga, muestra, denuncia, remueve mediante escenarios reales, anecdóticos o delirantes. Y es imposible permanecer estáticos ante su pluma suave y severa; limpia y sangrienta». 

About the book, Silvia Sandra Guajardo, editor of Asterión Ediciones, has said the following:
In these texts, María Elena Lorenzin expresses astonishment about, and condemnation of, all the calamities that are devastating this century and that, endorsed by our submissive compliance as we sit before our TVs, newspapers or even our cell phones, would now seem to form part of our daily lives.Not so Lorenzin. Using settings that could be real, anecdotal or delirious, she rummages, reveals, denounces and provokes, making it impossible for the reader to remain static before a pen that is simultaneously soft and severe, clean and bloodstained.

PARRICIDIO

                         A mi abuela María Abilar, in memoriam

El tipo no solo se cargó a la esposa y al hijo por nacer sino también a la entrometida suegra que tuvo la mala suerte de cruzársele en el camino aquel fatídico día. Dicen quienes lo conocieron que era un hombre mordaz y de escasos amigos, de barriga gruesa y flaco de sesera. Con todo, logró engordar el jugoso prontuario con una trilogía que lo hizo tristemente célebre. También cuentan que pasado un tiempo recuperó su libertad, se casó y hasta tuvo la oportunidad de engendrar hijos, algo que no se le niega a nadie. Por suerte, engendró también a una hembrita que creció y se hizo una mujer muy bella, a la que el papá no le sacaba los ojos de encima. El hombre, embobado, se olvidó del parentesco y de las rígidas leyes que regulan estas relaciones. Ese fue su error.

 

PARRICIDE   

                  To my grandmother, María Abilar, in memoriam

The man didn't stop at killing only his wife and unborn child; he also took out his interfering mother-in-law, who was unlucky enough to cross his path that fateful day.
Those who knew him described him as an acrimonious man, with few friends, a beer belly, and a shortage of brains. In spite of that, he managed to fatten an already juicy record with this new trilogy. That made him sadly famous. People also say that, after some time, he was released, he married and even had the chance to father children, something that is not denied to anyone.
By good fortune, he fathered a little girl, who grew into a beautiful woman. Her father couldn't take his eyes off her. The man, enthralled, forgot about kinship and the strict rules that govern those relationships. That's where he went wrong.

 

LA HIGUERA
                        Para Ángela Romero-Astvaldson

La casa que albergó a tantas generaciones de mi familia sigue en pie a pesar del abandono. Cuando llego, el viejo mayordomo, el único personal de servicio que queda, abre la puerta, pero no me reconoce. Era muy pequeña cuando pasó aquello. Al anunciarme, el viejo trastabilla y se lleva una mano a la boca. No sé si el gesto es de asombro o de espanto, pero me estremece. Quedamos los dos
petrificados, como si de pronto todas las palabras se hubieran evaporado y no quedara más que la mueca fría marcada por el surco del tiempo. Intento abrirme
paso, entrar en la casa que clausuró mi infancia, pero me lo impide. Entre sus dientes desgastados asoma un esbozo de comunicación. No puede pasar, mi
niña, no puede. Quiero verla, por favor déjeme entrar. Un ladrido lo distrae y aprovecho para evadirlo. Corro al patio y la encuentro todavía allí, en el lugar de siempre, donde no debería estar. A mi madre le gustaban sus higos frescos y las prematuras brevas –un paliativo para la depresión que ya la consumía–. Cómo ha crecido la desgraciada; si hasta parece haberse fortalecido con la vida que se
llevó. Le corto una hoja y me la llevo al pecho. No, no voy a preguntarle por qué la dejó hacer.

 

THE FIG TREE  Parricidio
                         To Ángela Romero-Astvaldson

The house that sheltered so many generations of my family is still standing in spite of neglect. When I arrive, the old majordomo, the only member of the staff left, opens the door for me, but does not recognize me. I was very small when that happened. When I tell him who I am, the old man staggers and brings his hand to his mouth. I'm not sure whether the gesture is from amazement or fear, but it makes me shudder. Both of us stand as if turned to stone and suddenly words have all dissolved, leaving nothing but a cold grimace marked by the furrows of time. I try to push past him, to go into the house that ended my childhood, but he stops me. From between his worn teeth a fragment of communication is barely audible. "You can't come in, my child, you can't." "I want to see it, please let me in." A dog's bark distracts him and I take the opportunity to dodge past him. I run to the patio and find it, still there, in the same place that it should never have been. My mother liked both the fresh figs and the early crop – a palliative for the depression that was already consuming her –. How the damned thing has grown; it even seems to have got stronger through the life it took. I pick a leaf and hold it to my breast. No, I'm not going to ask it why it let her do it.

 

NAVIDAD EN FAMILIA

No, a la tía Eugenia este año definitivamente NO. Ya sabes lo pesada que es. Tampoco al tío Samuel, siempre arruina todo, otro pesado. A tu hermana Carlota no la trago, pero no me importaría invitarla, les hace buenos regalos a los niños. ¿A tus padres? Decime ¿siempre tengo que cargar yo con tus viejos? ¿Cuánto tiempo hace que ellos no nos invitan? A ver, a ver ¿cuánto tiempo hace? ¿Acaso
no iban a pasar la Navidad con tu hermano Pedro? ¿Que Pedro se divorció, dices? No, no lo sabía. ¿Y que se te ocurrió invitarlo porque el pobre lo está pasando fatal? Vaya, vaya, que ahora somos un centro de rehabilitación. Y encima, agregale lo que me cuesta aguantar a tu queridísima madre, si ya casi
la estoy oyendo: te quedó muy seco el pavo, hijita, ¿se te pasó la cocción? Qué soso te ha salido esta vez. ¿Por qué nunca sigues mi receta? Ya le decía yo a mi Luisín que eras una cabezota. ¡Qué Navidad, mi Dios, qué Navidad!

 

A FAMILY CHRISTMAS

No, Auntie Eugenia definitely NOT this year. You know how unpleasant she is. Nor Uncle Samuel either; he always spoils everything. He's just another boor. As for your sister Carlota, I can't abide her, but I wouldn't mind inviting her to come; she brings nice presents for the children. Your parents? Tell me, why do I always have to put up with your olds? How long has it been since they asked us over? Let's see, how long has it been? ... But weren't they going to spend Christmas with your brother Pedro? Oh, so you are saying Pedro got divorced? No, I didn't know. And so you thought you might invite him just because he is having a really awful time? Well, well. So now we're running a rehab centre. And on top of all of that, you can add what I have to put up with from your dearly beloved mother. I can hear her already: "The turkey's too dry, my dear." "Did you leave it too long in the oven?" "It's turned out really bland this time." "Why don't you ever follow my recipes?" "I was just telling Luisín how stubborn you are." What a Christmas, dear God, what a Christmas!

 

SOPA AMAZÓNICA
En un lugar de la Amazonía probé la sopa más sabrosa de mi vida, una experiencia de aquellas que no se olvidan jamás. Después de una agotadora jornada de bexploración por el río Marañón, con los víveres agotados y mi compañero desaparecido misteriosamente, encontré una posada en plena selva
cuya especialidad, según decía el cartel, era la famosa Sopa Marañón. Tentado, la pedí para probar algo autóctono. Mi especialidad, la biodiversidad, me había traído hasta ese apartado rincón del Paraíso y no iba a despreciarla a pesar de la cargosa persistencia de las moscas por darme la bienvenida. El mozo las espantó de un manotazo, y descargando una sonrisa me sirvió el apetecido plato. Quedó a la espera de mi reacción. Incómodo, procedí a probar la sopa y no paré
hasta terminarla. Aquello era un festín para el paladar más exigente, la combinación perfecta de aromas y de una carne cuyo origen no supe precisar. Nunca había probado nada igual y cuando pedí una repetición, el mozo mudó la sonrisa por otra que me inquietó por el sarcasmo con que la remachó: "Creo, don, que va a tener que esperar porque nuestro cocinero es muy exigente al seleccionar los ingredientes no autóctonos".Biodiversidad o no, no quise comprobar la imagen que me asaltó en ese momento, activada por ese ingrediente secreto que rebullía dentro de mí haciendo sonar todas las alarmas.