ANTOLOGÍA DE POESÍA SANTIAGUEÑA - María Rosa Frágola

 

FRÁGOLA 3 

 

María Rosa Frágola (Santiago del Estero) es poeta. La mayoría de su poesía se publicó en forma de colaboraciones en el los periódicos locales, aunque también editó plaquetas en Ediciones Jardinalia. Ha formado parte de numerosas antologías, entre las que podemos destacar Santiago del Estero Poesía 69 y Antología de poetas Santiagueños (2015). Fue una valiosa colaboradora de los míticos "Cuadernos de Cultura de Santiago del Estero". En 2006 publicó su libro Crecer desde adentro.

Buscando mi raíz libre

Este tiempo sin tiempo
de las voces lejanas
horada la pared
de mi piel.
Estas manos impares
han sentido el peso
del abandono.
Estos pies sin huellas
buscan un sendero
de esperanza.
Estos ojos nuevos
Inundados de azul...
llevan implícita
la marca del mañana.
Estoy dando pasos
en mi búsqueda espiritual
y continuamente rompo
moldes de tristeza,
de dolor,
de rutina
de pobreza...
de críticas que surcan
mis espaldas
con el látigo mordaz
de muchas lenguas.
Mi vientre atesora
la pequeña tibieza
de tres capullos celestes
de eternidad,
y en mi pecho
todavía...
abrigo sueños altos
de justicia
y libertad.
Clamo con esta voz
quebrada en trinos
que quiero ser...
auténtica.
Por eso me declaro
ser humano.
Desde mi raíz libre
de poeta
Doy la cara,
voy al mundo
mezclándome
en los seres y las cosas.
Divago...
Soy...
Voy...
y finalmente me encuentro.

 

La soledad

La soledad

llega,
desciende sobre mí
abriéndome
las venas.
Piel de sombra
castigada,
raíz libre
flotando en la risa
del Universo. La soledad
sola,
desnuda de
tibieza,
ojos de lluvia
y aliento
de nostalgia.
La soledad
ribera inexplorada
donde acaba
el vientre del mundo.
La soledad
se descuelga
del rocío,
como péndulo
blanco
y es flor
en mi ventana.
La soledad
cristalina forma
ideada,
refugio de las horas
blancas.
La soledad
en la palma de mi mano
es una huella,
un sendero de aire
transido de tristeza.

 

 Pedir el horizonte

A veces...

tengo que pedir
el horizonte...
para probar
las alas.
Pero no demasiado
que nos duela
este ritmo
que crece
por las manos,
desde una ciudad
celeste
meridiana.
Pedir el horizonte
para ir más allá
de esa dorada jaula
donde crecen
los sueños más
queridos...
aquellos que duelen
y se callan.
A veces
tengo que pedir
el horizonte...
para que surja
libre y poderoso,
el flujo vital
de la palabra.
Mientras canto
sin voz...
el horizonte es mío
y maduro de luz...
desde la piel
del alma.

 

Pelo rebelde

Ojos oscuros y grandes de mirada lacia.

Tristes y sucias manitos abrazando sus cuerpos.
Pelo rebelde... al frío de la calle,
a la lluvia y al viento.
Caminan con pasos sin ruido,
al amparo de la noche,
con sus pies descalzos...
los niños santiagueños.

Alguien los marginó desde la palabra:
son los "niños de la calle".
Los hijos de la vergüenza y de la sombra.
La conciencia desnuda de una sociedad ciega,
sorda y muda que los ve transitar
su geografía de hambre, de soledad,
de caricias sin dueño.

Ellos son los pájaros que enmudecieron el canto,
ateridos de frio, durmiendo en los portales.
Su pequeña tibieza, su desvalida infancia,
su violada inocencia cayéndose, sin ruido,
con frío golpe en el frío del asfalto.

¿Quiénes somos nosotros para llamarlos "pobrecitos"?
Y por ahí... les damos una moneda de sol.
¿Acaso no podemos descubrir en la desesperación
Y el hambre... solo un niño sino también a Dios?
Pelo rebelde al viento, al frío de la noche
con un mudo cartón.

Se estrella, con rabia, la sonrisa madura
de la infancia contra nuestro corazón.
Hay un niño en la calle... con los ojos tristes,
desvalido, hambriento y descalzo
que en su muda plegaria... solo nos pide amor.

¿Quiénes somos nosotros para quedarnos
quietos en la mitad de la caricia?
¿Acaso una piel sucia y pequeñita
no es la piel de Dios?

 

Saludo del ángel

Otra vez estamos juntos

compartiendo el escenario
soñando los mismos sueños
uniendo todas las manos.
Es la noche de Santiago
que nos convoca a la danza
Que es poesía en movimiento
zarandeos y mudanzas.
venimos del mismo suelo
Añoso de penas largas
y en vez de llorar... cantamos
y celebramos la vida
van sanado las heridas...
y en el baile decantamos
llantos penas y alegrías.
"Línea de bailarines de brazos
al sol
se mueven como las ramas
flexibles al viento
pisan descalzos al Este
con luz de oración".
Así canta Jacinto Piedra
en su Chacarera del amor
y es Santiago, sol y bombo
que les brinda su emoción,
y los brazos de Santiago
se abren para recibirlos
hermanos del folklore
que se sublima en la danza.
Estos changos y chinitas
artistas de piel morena
los bailarines del Ángel...
Se presentan en poema
y con sangre de malambo
corriéndoles por las venas...,
estos muchachos de "El Angel"
bailan desafiando al viento
y al cuarteto que aparezca.
Levanto en alto el poema
que es mi forma de decir
las cosas que llevo adentro<