VIOLETA ROJO 

 

 

   EL ARCHIVO DE "MINIFICCIÓN DE LOS JUEVES"

Violeta Rojo*

 

 

    Entre Julio de 2014 y diciembre de 2015, la Dra. Violeta Rojo de Venezuela publicó en el diario El Nacional de Caracas, Venezuela, una columna llamada "Minificción de los jueves" dedicada a difundir textos de autores de minificción de todo el mundo. Con enorme generosidad, nos ha cedido ese material para que sea difundido a través de nuestra revista. Agradecemos a Violeta por ello. No dejen de buscar nuestra sección especial "El archivo de Minificción de los Jueves". Les aseguramos que no se arrepentirán pues el trabajo de Violeta es impecable.

 

 

JULIA OTXOA

 Julia Otxoa

 

 

Julia Otxoa. Poeta, narradora y artista plástica española. Nació el 13 de marzo de 1953 en San Sebastián, España. Empezó la carrera de psicología, pero la abandonó al tercer año, para dedicarse de lleno a la escritura. Trabaja en una compañía telefónica. Dueña de una extensa obra artística que incluye, además de sus numerosas obras plásticas, más de 30 libros publicados. Sus textos han sido traducidos a varios idiomas. Otxoa pertenece a la generación de jóvenes que consolidaron el género microrrelato en España. Comenzó a publicar poesía con: Composición entre la luz y la sombra, en 1978. Su tercer poemario obtuvo el Premio de Poesía Ayuntamiento de Pasajes en 1985, y cuatro años después, quedó finalista en el prestigioso Premio Carmen Conde con Centauro. En 1984 publicó el libro de relatos, Kískili-Káskala, y tres años después entra en la narrativa para niños con libros como, Lucas y el búho, o Zainorilandia. Su obra poética ha sido antologada en: "Ellas tienen la palabra" o " Poesía Vasca" (Antología de la Revista de Literatura " Litoral" de Málaga). Ha publicado los ensayos: Emakume Olerkariak - Poetas Vascas, (1990), y "Narrativa Corta en Euskadi" (1994). Participó en la muestra internacional de Poesía experimental Gerardo Diego en Madrid.Colabora además habitualmente en prensa y revistas como Barcarola, Rosa Cúbica, Turia, Leer, Zurgai, Texturas, o el Diario de Bilbao.

 

Ceremonia

Murata Takarai decidió quitarse la vida, su amante le había abandonado. Así que co-menzó los preparativos de su muerte, convocaría a sus amigos más íntimos alrededor del té en el jardín para despedirse. ¿Pero...a qué amigos consideraba íntimos ? ¿Qué clase de té sería el adecuado? Conocía más de cien clases diferentes ¿Y el lugar del jardín?
Murata Takarai dedicó el resto de su vida a preparar la ceremonia del té para anunciar su muerte a sus amigos. Murió muy anciano de muerte natural. Hoy se le venera en Ja-pón como uno de sus más grandes estetas.

 

Paisaje para frac

Una extraña solemnidad precede al ladrón en el Salón del Rey, un alambicado lenguaje que hipnotiza, una teatralidad bien ensayada en su discurso que diluye toda posibilidad de defensa. Finalmente, cuando el camino del ladrón hacia sus víctimas está por fín disipado de obstáculos, viene la esperada metamorfosis, el instante álgido del simulacro: la transformación del ladrón en garante de la seguridad de sus futuros súbditos: su juramento como primer ministro , su fidelidad a la Constitución, posada su mano derecha sobre la Sagrada Biblia.

 

Justicia en Santa reparata

Fue muy duro para Giovanni pensar cuando apretaba el cuello de la muchacha , que aquel crimen que ahora estaba cometiendo le correspondería investigar a él ,Giovanni Spechio, único juez de la pequeña población de Santa Reparata.

 

La oración del dragón

Todas las noches cuando llega la hora de las noticias y los políticos empiezan con su verborrea sobre política nacional, entro en la cocina y quito el sonido del televisor , me siento a la mesa y pelo cuatro cabezas de ajos, desgrano luego todos los dientes y los machaco lentamente en un mortero de madera, lo mezclo todo con sal ,aceite de oliva y un chorrito de limón, golpeando suavemente todo ello hasta formar una masa compac-ta, entonces meto el dedo la pruebo y si está en su justo punto, tuesto cuatro rebanadas de pan y las coloco en un plato junto al mortero. Me arrodillo entonces entre el frigorífico y la fregadera, y echo a volar todas las cáscaras de ajo por encima de mi cabeza, como si fueran pétalos de rosa cayendo por todas partes, alegre lluvia sobre un templo iluminado por un fuerte olor a ajos y a pan tostado.

Sólo después de todo esto llega el tiempo de mi gimnasia diaria con saltos y volteretas por el pasillo, la sala y las habitaciones. Mis ejercicios gimnásticos duran exactamente el tiempo del telediario, sesenta minutos, luego, sudada y exhausta me doy una ducha, me pongo ropa limpia y me siento tranquila y feliz en la mesa de la cocina a comerme las rebanadas de pan untadas con ajo, aceite y limón, regándolo todo con una cerveza rubia y helada.

Después de estos aperitivos salgo al balcón a echar unas cuantas llamaradas con mi aliento de ajos. La noche se incendia ante mis ojos. Y así estoy un ratito apoyada en la barandilla, contemplándolo todo, imaginándome que vuelo sobre árboles y tejados, sintiendo dentro de mí música de volcanes, las estrellas parpadeando sobre mi cabeza. En esos instantes pienso que algo así tenían que sentir en un pasado los dragones cuan-do en plena ebullición de sus incendiadas fauces miraban el cielo.

 

Maletas

En mi caso hacer el equipaje es toda una batalla, tengo pocas cosas pero mal definidas, hasta el punto que desconozco qué poseo en realidad, tan solo sé que algunas perte-nencias son ligeras y ovaladas pero éstas a veces se alargan inesperadamente hasta romperse y vaciarse por completo. Otras en cambio son pesadas y con solo pensar en ellas modifican su forma, estorban por todas partes, me tropiezo con ellas, tengo las pier-nas llenas de hematomas, algún día van a lograr que me caiga y me de un mal golpe.

Hay incluso algunas cuya existencia es dudosa, a menudo ignoro si pertenecen al pa-sado, al presente o tan solo al universo de mis sueños. Así que no es extraño que a la hora de hacer las maletas nunca sepa si voy a tardar mucho o poco, son tantas las con-jeturas, las hipótesis...La sucesión de enigmas me rompe los nervios, me fatiga en extremo, me deja sin fuerzas para nada y claro, en esas circunstancias siempre acabo anu-lando mis viajes.

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Desfile

Todos ellos calzaban zapatos distintos a los de su talla, a unos les venían demasiado pequeños y a otros demasiado grandes, debido a ello la mayor parte cojeaba o avanzaba con gran dificultad, así las cosas el desfile conmemorativo de la victoria en el que participaban resultaba grotesco.

 

El Toisón de oro

Los camareros del Toisón de oro parecían flores mustias, servían como quien llora. Todo en aquel histórico café parecía ausente, como si en realidad, las mesas y sillas, y los grandes espejos que cubrían sus paredes, incluso aquellos tristes camareros con sus ajadas chaquetas blancas fueran la mera representación de la nada.

 

*Violeta Rojo. Profesora titular en la Universidad Simón Bolívar. Profesora invitada en la Universidad del Comahue (Argentina), Universidad de los Andes (Venezuela) y Universidad Central de Venezuela. Doctora en Letras y Magíster en Literatura Latinoamericana (Universidad Simón Bolívar); Licenciada en Letras (Universidad Central de Venezuela). Research (Fellow Kingston University, Reino Unido) 2000-2001. Individuo correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Ha publicado: Las heridas de la literatura venezolana y otros ensayos. (Caracas, 2018); La lectura de minificción (Chile, 2016); Liberándose de la tiranía de los géneros y otros ensayos sobre minificción (Lima, 2015); (con Kira Kariakin y Virginia Riquelme) Cien mujeres contra la violencia de género (Caracas, 2015); Mínima Expresión. Una muestra de la minificción venezolana (Caracas, 2009); Breve manual (ampliado) para reconocer minicuentos (Caracas, 2009); (con Héctor Abad Faciolince y Carlos Leáñez Aristumuño) Antología de la novísima narrativa breve hispanoamericana (Caracas, 2008); Teresa Carreño (Caracas, 2005); El minicuento en Venezuela (Bogotá, 2004 y 2007); Breve manual para reconocer minicuentos (México, 1997 y Caracas, 1996).