La minificción está triste… ¿Qué tendrá la minificción?

Alberto Sánchez Argüello.

  Alberto Sánchez Argüello 2017

 

“Nuestra impresión es que usted aún no ha resuelto forjar un minicuento certero, lo que sólo se logra armándolo con un indispensable final de ingenio, gracia o sorpresa, evitando que resbale en chiste. El arte de tales brevedades es en verdad muy difícil y sólo puede atinarse urdiéndolos con malicia literaria, que implica darle muchas vueltas a una idea inicial, hasta convertirla conscientemente en una minificción de la que está seguro de que lo es. Es muy raro que un minicuento válido salga al primer intento, como dan idea que han saludo las suyas, sin el menor retoque o recomposición posterior. La minificción exige tanto trabajo como el de un texto de varias páginas. Lea a Torri o Arreola, a Avilés Fabila, a Guillermo Samperio y a otros escritores expertos en ellas. Mientras no conquiste usted esa malicia y no se fíe de lo que escribe sin someterlo o corrigiendo, caerá inevitablemente en ingenuidades, defecto muy constante en sus textos”

Fragmento de la respuesta de Edmundo Valadés a un autor que intentaba publicar en El Cuento, revista de imaginación

 

En “La minificción atrapada en la red. La escritura mínima banalizada” artículo de Violeta Rojo, Doctora en letras de la Universidad Simón Bolívar de Venezuela; la autora plantea que si bien es cierto existen múltiples posibilidades de experimentación y bondades en la divulgación que ofrecen las redes sociales y la web, la inundación de textos brevísimos, primero con la oleada inicial de blogs personales y luego con el nacimiento de la “tuiteratura” y uso redes sociales, ha hecho extremadamente complejo distinguir el grano de la paja. Violeta hace un recuento de excelentes proyectos literarios que han surgido desde internet como la Narratopedia de la Universidad Javeriana, el sitio de Ráfagas y parpadeos, la comunidad inconfesable, el proyecto de micros radiofónicos de la Universidad Nacional Autónoma de México y por supuesto, el programa radial Living sin tiempo de Martin Gardella. Todos posibles en gran parte a la existencia de una plataforma web.

Sin embargo, esa misma facilidad para divulgar la minificción a través del universo 2.0, ha vuelto tan normal experimentar con el género, que se ha popularizado el pensamiento de que cualquier brevedad es una minificción.

“(…)la inmediatez de la red, la infinita libertad de tener un blog y publicar lo que se quiera sin que haya editores criticando, aceptando o rechazando, la facilidad que pareciera intrínseca a la minificción (…) están formando una red ya no virtual sino real, como las de araña, o las del aire, o las de peces, en la que, cuando ando pesimista, me da la impresión de que vamos a quedar atrapados sin salida”

La minificción atrapada en la red. La escritura mínima banalizada Violeta Rojo

(Voz y escritura Revista de estudios literarios Nº 22 enero-diciembre 2014)

¿Será esta preocupación exclusiva de Violeta? Si hago uso de la ley de Sturgeon que reza que "el noventa por ciento de todo es basura", estoy seguro de que sólo un diez por ciento de mi constante experimentación con la minificción es rescatable, y es posible que esté siendo aún muy condescendiente conmigo mismo.

He escrito mucha basura, es un hecho. Como decía Monterroso "La concisión no es sólo suprimir palabras. Hay que dejar las indispensables para que la cosa además de tener sentido suene bien" Ese saber que palabras dejar no siempre se logra. En mi caso una rápida retrospectiva personal, me indica que mis textos evolucionaron de aforismos con pretensiones narrativas a humoradas ingeniosas que en realidad eran chistes glorificados. Luego, consolidé un estilo que se movía entre la ficción y la crítica social, que rápidamente degeneró en el facilismo del final sorpresivo -el efecto chanfle que me decía un día el escritor nicaragüense Manuel Membreño- y el uso recurrente -hasta el hartazgo- de muertos y fantasmas. Podría decirse que después de una etapa de creación descuidada con eventuales éxitos, alcancé una fase de confort con fórmulas y tópicos repetidos.

Al escribir online la nube todo se lo traga y uno puede cometer autoplagio y repetir sin temor a que nuestros lectores y lectoras -existen excepciones- tomen nota. Pero claro, es uno mismo quien tendría que estar tomando nota. Me pregunto qué habría pasado si hubiese mandado mis textos a la revista El Cuento. Probablemente Valadés, su editor, me habría respondido algo similar a la carta citada al inicio de este artículo. Me habría hecho un gran favor. Esa carta resume muy bien algunos mitos que existen sobre la minificción: al escribir la brevedad es lo único que importa. Mientras el texto tenga humor y haga reír vamos bien; el ingenio hace la calidad en una minificción.

“(…) la mayoría de la microficción actual no es ni híbrida, ni intertextual, ni compleja, ni juega con los conocimientos previos del lector, ni nada. La mayoría de lo que se escribe son chistes sin mayor altura. Sí, yo también, César, yo también caigo en el lugar común, pero las palabras son débiles (…)”

Alejandro Bentivoglio

Este comentario de Bentivoglio de algunos días atrás, trajo a colación este tema a las redes sociales y Antonio Cruz, desde Santiago del Estero, tuvo a bien seguir el hilo de su reflexión crítica en Tardes Amarillas con MICRORRELATO: Un género signado por la polémicaAntonio confía en la capacidad de académicos, académicas e investigadores para identificar la minificción de calidad y mantener a flote este género, en medio de un mar de chistes, entendiendo por chiste un dicho, ocurrencia o historia breve, narrada o dibujada, que encierra un doble sentido, una burla, una idea disparatada, y cuya intención es hacer reír.


El problema, como bien lo plantea Brasca, es que la división entre el chiste y la minificción con recursos humorísticos es muy fina:

"Lo característico de la microficción es su capacidad para disparar sugerencias múltiples en la mente del lector. Para ello se vale de la ambigüedad y de modos oblicuos de expresión como la ironía, que apuntan a que lo que parece ser no sea, o no se sepa con seguridad si es o no es. De ahí que la paradoja y la parodia sean tan frecuentes. También lo es el doble sentido, en cuyo caso se acerca peligrosamente al chiste. En este límite, el trabajo con las palabras es lo que determina la diferencia"

Raúl Brasca.

Ese “trabajo con las palabras” parece ser el parteaguas que necesitamos, pero no estoy seguro de que todos y todas seamos capaces de distinguirlo, además de académicos e investigadores claro está. ¿Deberíamos dejar de escribir minificciones con recursos humorísticos para evitar la confusión?

“Se ha generalizado la idea de que la minificción se caracterizaría por efectos risibles: Dolores Koch señala, como segunda carac­terística del minicuento que “está regido por un humorismo es­céptico; como recursos narrativos utiliza la paradoja, la ironía y la sátira” (…) Como he sostenido, la minificción no necesariamente se limita a estos recursos. Sin embargo, cuando estos recursos fun­cionan para estructurar el discurso narrativo discutido, alcanzan una notoriedad poco común, gracias a su brevedad y su cerca­nía estructural con otros géneros enfocados en la risa —por su­puesto, su categoría estética y su complejidad ficcional elevan al microrrelato por encima del chiste—“.

Rasgos risibles en los microrrelatos: algunas claves para la interpretación de la minificción de Adriana Azucena Rodríguez (Revista Escritos BUAP Número 1, enero-diciembre 2016)

Rodríguez deja claro que los recursos humorísticos como la ironía, el absurdo, la sátira y la parodia son comunes en la minificción, pero que es en lo estético y en lo ficcional donde se hace la separación del chiste. Entonces, la clave no está en dejar de escribir minificciones con recursos humorísticos, sino en no abusar. Sin embargo, el humor no es el único recurso abusado.

El sitio Flash Fiction online publicó un artículo llamado “15 Short Story Cliches That Need To Die”, en el que hace un recuento de los lugares comunes y malas prácticas literarias que se han vuelto habituales al experimentar con la minificción, entre ellas:

$1·         Concluir la historia revelando que todo fue un juego, sueño, alucinación, uno de los trucos más baratos que ha funcionado muchas veces en el cine, pero que en minificción ya está muy gastado.

$1·         Desarrollar textos a partir de películas o libros contemporáneos con tan poca creatividad que no pasan de ser “fan fiction”

$1·         Incluir finales felices a la manera de fábulas o un Deus ex machina sin mayor justificación ni lógica argumental.

$1·         El convertir el texto en un chiste glorificado. Lo que no quita que el humor sea un recurso válido, pero la línea que separa un chiste de una minificción es tan fina que necesita mucho cuidado y talento.

Antonio Cruz me decía que la minificción está enferma y que nos toca encontrar vacunas. Me parece que un primer paso es reconocer que nosotros mismos hemos contribuido a propagar la enfermedad. Como decía Bentivoglio “las palabras son débiles”. Hecho ese reconocimiento, nos toca recordar lo que es y lo que no es la minificción.

Una minificción no es un aforismo en cuanto narra algo, brinda las pistas necesarias para formar una historia al interior de la mente del lector(a) modelo, ya sea que posea principio y fin o no. Lo que importa es que los contenidos elípticos y los marcos de conocimiento contenidos en el texto, brinden las rutas necesarias para que sean recorridas en sus múltiples variantes.

Una minificción no es un chiste en cuanto a que si bien es cierto puede poseer humor en su desenlace o en su forma de narrar, no es esa su intención primordial, ya que normalmente el humor sólo será una manera de encubrir un contenido doloroso, una crítica sutil o una fantasía que sirve de analogía a la realidad.

Una minificción no es fan fiction en cuanto no es una extensión de la narrativa de un contenido masivo, sea literario, fílmico o televisivo. La intertextualidad es usual en la minificción y se introducen personajes y situaciones de obras conocidas de la literatura o incluso de la filmografía universal, que de alguna forma con el tiempo han devenido en arquetipos de los marcos de conocimiento universal. El reto de introducir personajes o situaciones muy contemporáneas radica en que aún no han trascendido a arquetipos y es muy difícil usarlos sin caer en el fan fiction.

Una minificción debería permitirnos establecer una relación única con nuestro lector(a) modelo, una especie de complicidad mágica que posibilite la cocreación de un universo de alta calidad semántica, uno que se extienda más allá de los bordes del texto, y que sea distinto cada vez, haciendo de cada viaje narrativo una aventura inesperada.
Una minificción no debería ser solo un artefacto entretenido. La minificción requiere del lector(a) modelo para extender sus alas y funcionar, pero aspiramos a que su funcionamiento trascienda la risa que produce un chiste ingenioso, o la extensión recalentada de una obra contemporánea muy conocida.

Podemos retarnos a ir más allá de la función de entretenimiento del texto; ejercitar un artificio literario hasta alcanzar la excelencia y luego usar uno nuevo. Tratar que cada vez que sintamos que hemos creado una “fórmula literaria” exitosa, romperla y volver a comenzar. Explorar nuevos tópicos, nuevas voces. Proponernos escribir de manera honesta lo que incomoda, lo que no nos cuesta decir.

Además de explorar nuevos territorios con la minificción, podemos fomentar la lectura crítica, promover la degustación de la minificción en los y las demás; compartiendo nuestras lecturas favoritas; criticando lo que no funciona; ahondando en los criterios de complejidad ficcional, el uso de recursos literarios y la polisemia en el contenido narrativo que evoca en quien lee.

“Al ser tan ambiguo, movedizo y resbaloso ¿quiere decir que todo vale? Pues no. Las minificciones deberían ser pequeñas obras de arte, y eso, como bien sabemos, es siempre muy difícil de lograr”

La minificción ya no es lo que era: una aproximación a la literatura brevísima Violeta Rojo (Cuadernos de Literatura Vol. XX, Nº 39 enero-junio 2016)

Ser críticos, autocríticos y fomentar la lectura con criterio, son algunas de las vacunas a nuestra disposición para curar la minificción.

Empecemos.

 

Alberto Sánchez Argüello, nació 14 de enero de 1976, en Managua, Nicaragua. Fue hijo único. Su madre fue una administradora de empresas, con ascendencia familiar de León y Chichigalpa y su padre arquitecto, con ascendencia familiar de Carazo.
Estudió en el colegio nicaragüense francés y se graduó de psicólogo de la Universidad Centroamericana de Nicaragua. Ha sido docente universitario, coordinador de proyectos, facilitador de formación en liderazgo, oficial de gestión del conocimiento y consultor en desarrollo organizacional.
Sus textos han sido traducidos al portugués e italiano. Ha sido ganador del I concurso de cuento versión juvenil de la Fundación Libros para niños, Nicaragua (2003), con La casa del agua. Obtuvo el primer lugar en el VII concurso nacional "Otra relación de género es posible", de CANTERA Nicaragua (2007) y el primer lugar, categoría lengua castellana de la IIª Convocatoria Internacional de Nanocuento Fantástico y de Ciencia-ficción. Ha publicado numerosas obras como La casa del agua. (2003), De Antifábulas y ficciones. (2012). Parafernalia Ediciones Digitales. Micromundos. 2012. Parafernalia Ediciones Digitales. Chico largo y charco verde. 2012. Parafernalia Ediciones Digitales. Panópticos. Grabados de Carlos Barberena. 2012. Parafernalia Ediciones Digitales. Sueños del Rey Rojo, I Vol. Con pinturas del pintor francés Jean Marc Calvet. 2012. Parafernalia Ediciones Digitales. Sueños del Rey Rojo, II Vol.. Con pinturas del pintor francés Jean Marc Calvet. 2012. Parafernalia Ediciones Digitales. Mi amigo el dragón. Ed. Libros para niños. 2014. Los monstruos bajo la cama. 2015. Ediciones Parafernalia Ediciones Digitales. Los García. 2015. Ediciones Parafernalia Ediciones Digitales. Ha recibido numerosos reconocimientos por su tarea literaria.
La fotografía fue tomada del sitio Web Wikipedia y la biografía se corresponde con la que publica EcuRed en el siguiente enlace https://www.ecured.cu/Alberto_S%C3%A1nchez_Arg%C3%BCello