Breve acercamiento a la poesía peruana contemporánea

Por Paola Acosta y Diego M. Eguiguren 

                              Diego-M.-Eguiguren                             Paola Acosta

Diego M. Eguiguren (Lima, Perú, 1989) Poeta, narrador y corrector de estilo. Ha publicado los poemarios El mar de los naufragios (2010), Luces dormidas (2017) y Un camino de regreso. Antología personal (2017), el libro de poemas y minificciones Bajo un cielo de ceniza (2011) y el volumen de narraciones Colección privada (2012). Ha sido antologado en diversas publicaciones nacionales e internacionales. Su obra ha sido comentada y destacada por el crítico literario Ricardo González Vigil. Algunos de sus textos, por su parte, han sido traducidos al inglés y al francés.

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Web: https://www.diegoeguiguren.info 

Paola Acosta Riva (1984). Poeta, declamadora, empresaria y promotora de poesía a través de la página literaria Libre Albedrío, Literatura & Poesía. Estudió Teatro en la Escuela de Artes Amadeus, Negocios Internacionales en la Escuela de la Cámara de Comercio, Marketing Empresarial en la Universidad San Ignacio de Loyola y Psicología en la Universidad Católica. Pertenece al grupo poético Rara Avis. Sus trabajos han sido publicados en antologías peruanas y del exterior.

Se dice a menudo que el Perú es tierra de poetas, y no se falta a la verdad: basta con mencionar a los más reconocidos a nivel mundial, como lo son Blanca Varela, César Vallejo, Javier Heraud, Magda Portal o Martín Adán, quienes han desarrollado las bases de la poética de nuestro tiempo y de esta patria, haciendo del quehacer literario la estructura descriptiva de lo cotidiano, con una amplitud de figuras siempre frescas.
La poesía peruana ha ido evolucionando constantemente dentro de los márgenes lingüísticos y de la inmediatez de nuestros días. Debido al boom de las redes sociales, ya podemos ser espectadores de la revolución poética de nuestra actualidad. Por otro lado, la creación y difusión de colectivos virtuales no dejan morir un legado encomendado.
La poética peruana actual revela todo lo que somos y compartimos como peatones de nuestras ciudades y de nuestros días, es el espejo de una generación que no está al margen de los desórdenes globales y de las inquietudes de mundos propios y ajenos, plasmando una visión de la vida desde los ojos de la construcción personal, social y humanística.
De la producción lírica contemporánea, presentaremos una selección de poemas que, aunque breve, nos aproxima al fin necesario y justo de difundir. Observaremos, además, que la poesía se adapta a coyunturas de voces propias, haciendo uso de perennes herramientas lingüísticas.

 

Isabel Matta Bazán

Cuando no soy río, soy mar que besa el malecón.
Soy montaña donde no crecen los cactus.

Cuando no soy río bravo, intenso y feliz,
soy árbol olvidado en plena carretera.

Cuando no soy río de extensiones magníficas,
soy la piedra que se sumerge sin sentir.
Porque el río es la constancia de la felicidad,
a veces rápido, a veces lento,
pero siempre caminando hacia delante.

Pero cuando no soy río, cuando no soy río
soy la casa donde se velan los difuntos
y no he de sonreír, ni mirar,
ni gritar al cielo, ni recibir los dones.

Entonces soy
la pluma que no se mece con el viento,
las piernas que se destrozan en un solo lugar.

 

Jorge Lovatón Choque

 
INCINERADO (II)

No es fácil vivir
en un cuerpo inhabitable,
peregrinar del sol a la noche,
de la risa al antidepresivo.

No es fácil estar enmascarado,
cubierto de acrobacias,
compartimentado, averiado.

No es fácil ser una solitaria leña
ardiendo en las páginas
del diario de un hampón.

No es fácil despertar
con el corazón detenido,
con la sangre estancada,
sudando abismos,
y a pesar de todo
escribir.

 

Héctor Cacho

 
EN TU MIRAR

Aún no he dejado de mirar tus ojos
cuando sueño,
y aún me miran como el primer día
que latieron frente a mí,
silenciosamente.

No dejas de mirarme,
tal vez porque vienes
de lo eterno,
que nunca empieza y nunca termina.

No dejas de mirarme aun cuando la luz
ha fallecido.
Y aun cuando el final
de todas las cosas llegue,
caminaría al infinito por encima de la nada
con la luz de tus ojos,
titilando como el amor
en mis pupilas,
como cuando por vez primera
me tuviste en tu mirar.

 

Nora Curonisy Lostaunau


EN EL PRECISO ASCENDENTE

Espigas en el viento
dormida la sombra
borra el mapa
del reloj familiar

Grillos nocturnos
horas del alma
Enciendo un fósforo
La miel de la despedida
se refugia en el ceño
Tu piel duerme
en otra ciudad

y tu nombre
me construye una casa

Cercano te siento
respiro tus párpados
yacemos
en el preciso ascendente
Veloces en el acomodo
de la ebria distancia

Tarde se hace
somos río
siempre río
bajamos juntos por la corriente
donde nos acuna el mar

y mi nombre
te construye una casa.

 

Diego M. Eguiguren

 
ME LLENO DE TI

Pienso en las deudas.

Mi promesa de contar
tu historia
está en la cima
de las cosas que te debo.

De las cosas que me debes,
aunque varias,
ya no digo una palabra.

Doctorado en silencio,
me conformo con gritar
mis secretos
al filo de un poema.

Terminar tu historia
está en la cumbre
de las cosas
que no quiero.

Me lleno de deudas
para que leas este libro,
para que te busques
en el museo intacto
de estas líneas.

Me lleno de deudas
para no tener que despedirme
a pesar de que,
cansada de todo lo que soy,
tú ya te despediste.

 

Marco Antonio Quijano

 

ANTES DEL CUERPO

Este es el inicio de toda soledad o el fin de ella
un ligero nerviosismo me lleva súbitamente al punto de inflexión
donde termina mi densidad y se inician mis más oscuras
aprensiones
percibo este poder rocoso de nombrar las cosas
hasta desaparecerme
esta devastada forma de coger lo continuo
va más allá del cuerpo o la distancia
como un dolor cualquiera desaparece cuando ya no hay donde doler
te nombro sin saberlo hasta divisar tu sentencia y
tus células llegan de todas partes a constituirte
tímidamente
una mancha traslúcida se ha formado en el suelo
así empieza esta destrucción.


Gian Pierre Codarlupo

 
MURMULLO DEL VIENTO

Todas las ciudades
tendrían que llevar
tu nombre,
la exactitud de tus pasos
para librar una batalla
que se desata en mi pecho.

Cuando llegue
la hora del destierro
y la arena cubra mis ojos,
la sombra de este triste esqueleto
se posará en tu ventana.
Desde ahí observarás
que siempre fui un animal
sin destino, sin aliento,
y sólo entonces
sabrás de mi peso
y de mi espacio,
y que algunas veces
también fui
el murmullo del viento
que anuncia el desastre.

 

Michael Jiménez Melchor

 
BUENA SUERTE Y HASTA LUEGO

desapareció
como quien no quiere respirar otra vez

se fue lejos
como una hoja de árbol

 drogada por el viento.

 

Gianmarco Farfán Cerdán

 
FRANCIS BACON Y EL MUNDO

Un cuadro de Francis Bacon
puede resumir
lo torcido del mundo.

De nuestro planeta
que nunca fue un paraíso
pero que suele ser un atentado
contra la razón y la justicia.

Que abunda en espanto
en explotación de niños y mujeres
en tráfico de armas y tierras
en sangrientas guerras inventadas
en corrupción al más alto nivel internacional
en demenciales feminicidios
y es un reino de mafias
de odios gratuitos y macabras venganzas.

Un cuadro de Francis Bacon
muchísimas veces
es menos monstruoso y atroz
que un solo día
en el mundo.

 

Feliciano Mejía

 
CINCO

El pánico es sentir una espina
en el centro de tu esternón helado
(todo depende de no sentir el hedor de la angustia
cuando llega el instante):
ese sabor salino que no sientes,
esa fineza de la hiel,
ese nervio roto de la vista,
esas ganas de gritar aún,
y la rugosa piel de la cama
que tus espaldas ya no sienten.

LA MADRUGADA NUEVA LLEGA

Y NO ES DE TU INCUMBENCIA.

 

Paola Acosta

 
EN EL OLVIDO

Con palabras del alma decoré mis silencios.
El susurro frío que despertaba mi orfandad
abrió lentamente, a mi regreso, las puertas del olvido,
con el sonido de las bisagras, advirtiendo soledad.

Con la música melodiosa de su antojo,
descubrí el desconsuelo de mi nostalgia
que abrigaba el más cruel despojo,
pues no es vida la que se lucha
cuando el amor se ausenta.

En mi memoria
sólo queda la calidez de un regazo,
dos luceros de bondad,
la fragancia de un beso negado
y mi cabeza recostada en su tibio palpitar.

 

Grover González Gallardo

 
ESCENA DE CAZA

¿De quién es esa torpe mano que bate,
angustiada, las sombras?
Juan Ojeda

Galopa el tiempo mientras descuartizo
la sombra de un caballo:
siento cómo se agita entre mis manos,
cómo rehúye la luz
que irradian mis ojos desmesurados.

Le asesto el golpe mortal pero el animal
se aferra a la noche,
a la húmeda pradera donde su mirada atrapaba
mariposas que luego atestaban sus sueños,
la frialdad de los acantilados.

Otro golpe y su sangre se ha esfumado.
La sombra no se mueve;
ya no patalea como cuando cierta yegua lo abandonó
para que hollara las estrellas que cayeran a su paso.

Un golpe más y la sombra ya no es una sombra
sino el grito de todos sus antepasados:
¿Qué hacer con estos restos aún cálidos?
¿Olvidar que compartimos la locura
de este mundo, el odio de los veranos?

Amanece,
pero el delirio no ha menguado:
sostengo una carcasa,
oscuridad donde moran los gusanos:
amanece, los árboles se agolpan alrededor de la luna
que se ahoga en mi corazón y se escinde en tentáculos:
he de seguir adelante, sin sobresaltos;
adelante, sin detenerme, a mansalva,
a barlovento, a la deriva como cualquier ser humano.