Adriana Rodríguez 

 

 

                  

PRESENTACIÓN DE LAS MUSAS PERPETÚAN LO EFÍMERO- Antología de

Microrrelatistas mexicanas, compilación de Gloria Ramírez Fermín

Por Adriana Azucena Rodríguez

 

Desde Perú llega, por fin, Las musas perpetúan lo efímero. Antología de microrrelatistas mexicanas, una antología que era más que necesaria en una ya sólida trayectoria (incluso podríamos hablar de tradición) de la minificción mexicana. Y la compiladora tenía que ser una especialista con el conocimiento suficiente de muchas de las voces que en este momento se hacen visibles a través de la escritura en revistas, talleres, blogs y antologías, además de libros publicados; con la paciencia para reunir los textos, entablar comunicación con las autoras dispersas en diferentes estados del país y más allá de las fronteras, realizar los trámites, nunca gratos, de derechos y registros. Esa compiladora es Gloria Ramírez, cuyo esfuerzo nos convocó a ocupar un lugar entre estas páginas, y es la autora también de los umbrales que nos invitan a pasear por estas habitaciones propias de escritoras: un prólogo y una presentación que antecede los 84 textos que conforman la antología.

Gloria Ramírez tomó una serie de decisiones que evidencian su formación y preocupación constantes en el género: opta por el término “microrrelato”, discute las razones que justifican su definición y límites, señala las temáticas que agrupan su selección —la deshumanización del sujeto, las mitologías de la creación, subversión de historias, erotismo y sensualidad, cuadros maritales, monólogos interiores o juegos verbales, entre otros—. En esta antología, estamos ante evidencias de búsquedas constantes de las escritoras más recientes. Las autoras reunidas muestran que la minificción —voy a referirme así a los textos pues sostengo que no todos responden al de micro relato— escrita por mujeres está plenamente diversificada. Por ejemplo, el erotismo ya está mucho mejor asimilado: ha trascendido la culpa o bien esa disolución da pie a los acontecimientos de la trama.

 

El silencio vuelve pesada la lengua de Jorge y lentos hasta el cansancio cada uno de sus pasos, se deja llevar por su esposa y por las caderas de una desconocida. Los tres sortean las mesas hasta entrar a un cuarto de ventanas sin cortinas, un único sofá corre a lo largo de las paredes, donde cinco mujeres atienden a cinco hombres. Susana se acomoda entre dos hombres e indica a Jorge su lugar. La desconocida monta a Jorge y él, hipnotizado por el ir y venir de los pezones, intenta desviar los ojos, concentrarse en su esposa, pero ella suelta los hilos de la tanga roja como si desatara las cintas de un moño.

Maritza Buendía 

Las referencias a la divinidad y su relación con lo femenino, temas universales, siguen presentes en muchos de estos textos: para cuestionar la supuesta omnipotencia masculina y la supuesta maternidad universal. Incluso, se llega al tratamiento del absurdo para recrear aquellas ceremonias en las que se suele imponer a las mujeres situaciones desventajosas. Judith Castañeda, con “Creatura”, Úrsula Fuentesberain en “Tesis sobre el fin” o Marcia Ramos, “La niña que soñaba con el viento” son ejemplos de este planteamiento.

Por supuesto, también está la presencia frecuente de los elementos de lo sobrenatural, ese modo de crear fantasmas, países de fantasía mediante las palabras.

Hija única

Mi madre decidió que yo sería hija única. Sin hermanos, y con gran dificultad para relacionarme con otros, un día inventé a mi amigo imaginario. Sólo con pensar en él podía traerlo a mi lado y olvidar por algún tiempo la soledad en que vivía. Algo parecido a lo que le pasó a mi madre, cuando se enteró de que no podía tener hijos.

Paola Tena 

Pero también se logra recrear los aspectos más detestables de sociedad y denunciar que aún son las mujeres uno de sus componentes más vulnerables: las maquilas, los ámbitos de miseria, la violencia de género aparecen con una contundencia dolorosa pero solidaria desde la mirada de la narradora. Gabriela Conde deja entrever sólo lo suficiente para que el lector concluya las acciones e intenciones de los personajes; Queta Navagomez, Amelie Olaiz y Elizabeth Pérez también recrean situaciones opresivas con tintes de denuncia y deterioro psicológico

Encuentro también las minificciones más enfocadas en la argumentación, la definición, el aforismo, que son parte fundamental del género. Creo que también hay un desprendimiento de esa idea de que la minificción es, obligatoriamente humorísticas, de ocurrencias más o menos graciosas.

Así, sin “cultas damas” ni “mujeres elefantas, maternales, castísimas, perfectas; las mujeres reptiles de labios fríos y ojos zarcos; las mujeres asnas, perdición de los hombres superiores” ni “mujeres del prójimo”, celebro con profunda alegría este tipo de antologías que favorecen la discusión y la destrucción de esos estereotipos de lo femenino. Sé que esto apenas comienza y que tendremos cada vez más materiales de estas autoras, en sus libros futuros y en antologías que ya se encuentran en la imprenta. Nos volveremos a encontrar muy pronto, y será maravilloso.

 

 Adriana Azucena Rodríguez. Doctora en Literatura Hispánica por el Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios de El Colegio de México. Profesora-investigadora en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y en la Facultad de Filosofía y Letras en áreas de teoría y creación literarias. Autora de los libros de cuento La verdad sobre mis amigos imaginarios (Terracota, 2008), De transgresiones y otros viajes (Samsara, 2012) y El infierno de los amantes (UACM, 2017). También ha publicado los libros de minificción Postales (Mini-hiper-ficciones) (Fósforo, 2013) y La sal de los días (BUAP, 2017). Ha sido antologada en volúmenes como Alebrije de palabras (José Manuel Ortiz Soto y Fernando Sánchez Clelo, BUAP, 2013) y Yo no canto, Ulises, cuento. La sirena en el microrrelato mexicano (Javier Perucho, Micrópolis, 2016).