DOCE POETAS CHILENOS INELUDIBLES.

Investigación, lectura y selección de poemas realizado por el equipo de Tardes Amarillas 

 

Gabriela Mistral      vicente-huidobro      Pablo Neruda      Paz Molina 

Pablo de Rokha     violeta parra          Gonzalo Rojas         Carmen Berenguer 

 Nicanor Parra        Carlos Pezoa Véliz           Manuel Rojas       Víctor Jara

 

Gabriela Mistral

 

Canción de pescadoras

 

Niñita de pescadores

que con viento y olas puedes,

duerme pintada de conchas,

garabateada de redes.

Duerme encima de la duna

que te alza y que te crece,

oyendo la mar—nodriza

que a más loca mejor mece.

La red me llena la falda

y no me deja tenerte,

porque si rompo los nudos

será que rompo tu suerte...

Duérmete mejor que lo hacen

las que en la cuna se mecen,

la boca llena de sal

y el sueño lleno de peces.

Dos peces en las rodillas,

uno plateado en la frente,

y en el pecho, bate y bate,

otro pez incandescente...

 

Vicente Huidobro

 

Las ciudades

 

En las ciudades

Hablan

Hablan

Pero nadie dice nada

La tierra desnuda aún rueda

Y hasta las piedras gritan

Soldados vestidos de nubes azules

El cielo envejece entre las

manos

Y la canción en la trinchera

Los trenes se alejan por sobre cuerdas paralelas

Lloran en todas las estaciones

El primer muerto ha sido un poeta

Se vio escapar un pájaro de su herida

El aeroplano blanco de nieve

Gruñe entre las palomas del atardecer

Un día

se había perdido en el humo de los cigarros

Nublados de las usinas

Nublados del

Es un espejismo

Las heridas de los aviadores sangran en todas las estrellas

Un grito de angustia

Se ahogó en medio de la bruma

Y un niño arrodillado

Alza las manos

TODAS LAS MADRES DEL MUNDO LLORAN

 

Pablo Neruda

 

Tengo miedo

 

Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza

del cielo se abre como una boca de muerto.

Tiene mi corazón un llanto de princesa

olvidada en el fondo de un palacio desierto.

Tengo miedo. Y me siento tan cansado y pequeño

que reflejo la tarde sin meditar en ella.

(En mi cabeza enferma no ha de caber un sueño

así como en el cielo no ha cabido una estrella.)

Sin embargo en mis ojos una pregunta existe

y hay un grito en mi boca que mi boca no grita.

No hay oído en la tierra que oiga mi queja triste

abandonada en medio de la tierra infinita!

Se muere el universo, de una calma agonía

sin la fiesta del sol o el crepúsculo verde.

Agoniza Saturno como una pena mía,

la tierra es una fruta negra que el cielo muerde.

Y por la vastedad del vacío van ciegas

las nubes de la tarde, como barcas perdidas

que escondieran estrellas rotas en sus bodegas.

Y la muerte del mundo cae sobre mi vida.

 

Paz Molina

 

Historia de ángeles II

 

Yo quiero una mujer para apagar mis ansias,

dijo el ángel, y un gesto obsceno le oscureció el semblante.

Estoy harto de alas y miriñaques,

ahora quiero deshonrar mi estirpe entumecida.

Quiero unos pechos vastos, formidables

en extensión incierta como pensamientos humanos;

que se hundan en ellos mis torpes manos pudibundas.

Mis antiguas plegarias han de ser besos y saliva.

Quiero una inconfesable lujuria.

Se subleva mi espíritu macilento

mi espalda sudorosa se inclina sobre un cuerpo

que parece ardorosa convulsión del infierno

Quiero un goce satánico

dos piernas que agonicen de estertor

y dos manos que perturben mi agónico sentido.

No recuerden mis cánticos.

Mis alas están yertas.

Tan sólo quiero una mujer

y su nefasta dulcedumbre.

 

Pablo de Rokha

 

Autorretrato de adolescencia

 

Entre serpientes verdes y verbenas,

mi condición de león domesticado

tiene un rumor lacustre de colmenas

y un ladrido de océano quemado.

Ceñido de fantasmas y cadenas,

soy religión podrida y rey tronchado,

o un castillo feudal cuyas almenas

alzan tu nombre como un pan dorado.

Torres de sangre en campos de batalla,

olor a sol heroico y a metralla,

a espada de nación despavorida.

Se escuchan en mi ser lleno de muertos

y heridos, de cenizas y desiertos,

en donde un gran poeta se suicida.

 

Violeta Parra

 

La carta

 

Los hambrientos piden pan

Me mandaron una carta

por el correo temprano.

En esa carta me dicen

que cayó preso mi hermano

y, sin lástima, con grillos,

por la calle lo arrastraron, sí.

La carta dice el motivo

que ha cometido Roberto:

haber apoyado el paro

que ya se había resuelto.

Si acaso esto es un motivo,

presa también voy, sargento, sí.

Yo que me encuentro tan lejos,

esperando una noticia,

me viene a decir la carta

que en mi patria no hay justicia:

los hambrientos piden pan,

plomo les da la milicia, sí.

De esta manera pomposa

quieren conservar su asiento

los de abanico y de frac,

sin tener merecimiento.

Van y vienen de la iglesia

y olvidan los mandamientos, sí.

¿Habrase visto insolencia,

barbarie y alevosía,

de presentar el trabuco

y matar a sangre fría

a quien defensa no tiene

con las dos manos vacías?, sí.

La carta que he recebido

me pide contestación.

Yo pido que se propale

por toda la población

que «El León» es un sanguinario

en toda generación, sí.

Por suerte tengo guitarra

para llorar mi dolor;

también tengo nueve hermanos

fuera del que se engrilló.

Los nueve son comunistas

con el favor de mi Dios, sí.

 

Gonzalo Rojas

 

Al silencio

 

Oh voz, única voz: todo el hueco del mar,

todo el hueco del mar no bastaría,

todo el hueco del cielo,

toda la cavidad de la hermosura

no bastaría para contenerte,

y aunque el hombre callara y este mundo se hundiera

oh majestad, tú nunca,

tú nunca cesarías de estar en todas partes,

porque te sobra el tiempo y el ser, única voz,

porque estás y no estás, y casi eres mi Dios,

y casi eres mi padre cuando estoy más oscuro.

 

Carmen Berenguer

 

Loba

 

De dónde esta mueca

Esta boca este rostro

Esta máscara este abrigo

De dónde esta locura

De acompañarte por las noches

Con este negro y este rojo

Esta bufanda que es una bufonada

Y esta vitrina que devuelve esta pirueta

Esta artesanal pinta hecha a la medida.

Y esta lengua de loba despistada

Que te lame.

 

Nicanor Parra

 

La poesía terminó conmigo

 

Yo no digo que ponga fin a nada

No me hago ilusiones al respecto

Yo quería seguir poetizando

Pero se terminó la inspiración.

La poesía se ha portado bien

Yo me he portado horriblemente mal.

Qué gano con decir

Yo me he portado bien

La poesía se ha portado mal

Cuando saben que yo soy el culpable.

¡Está bien que me pase por imbécil!

La poesía se ha portado bien

Yo me he portado horriblemente mal

La poesía terminó conmigo.

 

Carlos Pezoa Véliz

 

Tarde en el hospital

Sobre el campo el agua mustia

cae fina, grácil, leve;

con el agua cae angustia;

llueve...

Y pues solo en amplia pieza

yazgo en cama, yazgo enfermo,

para espantar la tristeza,

duermo.

Pero el agua ha lloriqueado

junto a mí, cansada, leve;

despierto sobresaltado;

llueve...

Entonces, muerto de angustia,

ante el panorama inmenso,

mientras cae el agua mustia,

pienso.

 

Manuel Rojas

 

Gusano

 

Lo mismo que un gusano que hilara su capullo,

hila en la rueda tuya tu sentir interior;

he pensado que el hombre debe crear lo suyo,

como la mariposa sus alas de color.

Teje serenamente, sin soberbia ni orgullo,

tus ansias y tu vida, tu verso y tu dolor.

Será mejor la seda que hizo el trabajo tuyo,

porque en ella pusiste tu paciencia y tu amor.

Yo, como tú, en mi rueca hilo la vida mía,

y cada nueva hebra me trae la alegría

de saber que entretejo mi amor y mi sentir.

Después, cuando mi muerte se pare ante mi senda,

con mis sedas más blancas levantaré una tienda y,

a su sombra, desnudo, me tenderé a dormir.

 

Víctor Jara

 

Somos cinco mil*

Somos cinco mil aquí.

En esta pequeña parte de la ciudad.

Somos cinco mil.

¿Cuántos somos en total

en las ciudades y en todo el país?

Somos aquí diez mil manos

que siembran y hacen andar las fábricas.

¡Cuánta humanidad

con hambre, frío, pánico, dolor,

presión moral, terror y locura!

Seis de los nuestros se perdieron

en el espacio de las estrellas.

Un muerto, un golpeado como jamás creí

se podría golpear a un ser humano.

Los otros cuatro quisieron quitarse todos los temores,

uno saltando al vacío,

otro golpeándose la cabeza contra el muro,

pero todos con la mirada fija de la muerte.

¡Qué espanto causa el rostro del fascismo!

Llevan a cabo sus planes con precisión artera sin importarles nada.

La sangre para ellos son medallas.

La matanza es acto de heroísmo.

¿Es éste el mundo que creaste, Dios mío?

¿Para esto tus siete días de asombro y trabajo?

En estas cuatro murallas sólo existe un número que no progresa.

Que lentamente querrá la muerte.

Pero de pronto me golpea la consciencia

y veo esta marea sin latido

y veo el pulso de las máquinas

y los militares mostrando su rostro de matrona lleno de dulzura.

¿Y Méjico, Cuba, y el mundo?

¡Qué griten esta ignominia!

Somos diez mil manos que no producen.

¿Cuántos somos en toda la patria?

La sangre del Compañero Presidente

golpea más fuerte que bombas y metrallas.

Así golpeará nuestro puño nuevamente.

Canto, que mal me sales

cuando tengo que cantar espanto.

Espanto como el que vivo, como el que muero, espanto.

De verme entre tantos y tantos momentos del infinito

en que el silencio y el grito son las metas de este canto.

Lo que nunca vi, lo que he sentido y lo que siento

hará brotar el momento...

*Esta es una de las versiones del últimopoema escrito por Víctor Jara entre el 12 y el 15 de septiembre de 1973 en su encierro en el estadio Nacional de Santiago de Chile, encierro que terminó con su asesinato.

 

Páginas consultadas

 

www.poemas-del-alma.com/

 

 https://www.vicentehuidobro.uchile.cl/

 

 https://poemario.org/

 

 http://pazmolinavenegas.blogspot.com/

 http://amediavoz.com/

 

 https://www.zendalibros.com/

 https://culturacolectiva.com/letras/

 

 https://www.margencero.es/musica/jara/censurainformativa.htm