Un erizo en el andamio

 

UN ERIZO EN EL ANDAMIO


La columna de Rogelio Ramos Signes


EN EL DÍA DEL CONTROL REMOTO Y DEL PEZ ESPADA

 

Un cierto miércoles nos invitaron a iniciar las actividades culturales de un café musical. El pretexto era festejar el Día de la Poesía, o el Día del Poeta. En verdad ya olvidé la denominación correcta, y supongo que los dos amigos escritores que me acompañaron también habrán olvidado ese detalle. Se había elegido una fecha (diferente a la del 21 de marzo instituida por la UNESCO) para conmemorar supongo que el nacimiento (espero que no la muerte) de un lejanísimo poeta nacido en Córdoba, en los años de la colonización de esta parte del continente. Si digo que también olvidé el nombre de dicho poeta del siglo XVII, parecerá que este texto es una injusticia movida por una imprudencia. Pero no es así, porque en verdad recuerdo algunos versos de ese poeta, decididamente menor, que tiene el único mérito de haber sido el primero que escribió algo en este país; aunque su lengua recuerde más a la culterana España. Creo que el poeta en cuestión era Luis de Tejeda, pero mencionarlo ya constituye un desatino si no hablamos también de Manuel José de Lavardén (tal vez el primer poeta nacional) y del español Manuel del Barco Centenera, que en 1602 escribió el poema La Argentina.

No sé si como una reparación histórica, o bien para que haya un motivo más de brindis, los días de homenajes han ido sumándose con rapidez. Tanto es así que hay días del año donde trabajadores de diferentes disciplinas son recordados de manera superpuesta, sin contar los animales u objetos que se ven «beneficiados» por esta carrera de No Me Olvides. Los sindicatos, las sociedades de fomento, los amigos memoriosos y, por sobre todo, los comerciantes, han hecho que nuestro almanaque se pueble de homenajes.
El 19 de enero es el Día de los Cerveceros, y tiene sentido; es verano en la Argentina y hace mucho calor. Brindar con una fresquísima cerveza a nadie le viene mal. Así, a lo largo del año, irán sucediéndose los motivos para festejar: el Día del Trabajador Mecánico, el del Trabajador Ferroportuario (no festejado en Tucumán, supongo), el del Trabajador de la Alimentación (donde el brindis se matiza con varios agregados), el Día de la Secretaria (no sé si incluye también a secretarios, o si la celebración de ese día es zona de litigio en lo que hace a la guerra de los sexos), el Día del Actor, de la Policía Montada, del Trabajador de la Carne (que no debe confundirse con el del Pornógrafo, que aún no tiene día, ni con el del Chacinador, que sí lo tiene), el Día del Obrero Fideero, del Futbolista, del Horticultor y de todos los que usted imagine. Por eso es que suceden cosas curiosas, o que al menos exceden lo que uno espera «de la unidad y de los lazos fraternales». El 7 de junio es el Día del Periodista. Pero esa fecha, que debería englobar y hermanar a un numeroso e importante grupo de gente abocada a una misma actividad, ha terminado generando una diáspora a partir del viejo tronco de la información escrita. Así es como el 12 de mayo festeja su día el Periodista de Turf (independizado ya de esa «clínica general» que es el Periodismo Deportivo, que festeja el 7 de noviembre), y el 24 lo hace el Periodista de Turismo. El 1 de septiembre es el Día del Periodista Agrario, y el 21 de octubre el del Periodista Especializado (o sea que vuelven a festejar los periodistas deportivos, de turf, de turismo y de temas agrarios, pero esta vez juntos, recordando los tiempos felices en que todos dormían en la misma cuna) y no olvidemos que el 1 de junio festeja su día el Periodista Aeronáutico (y esa sí que es una especialidad, casi tan exclusiva como la del Enfermero Coqueto que Sólo Sutura las Heridas con Hilo Macramé color Verde Oliva importado de Nueva Delhi en Barcos con Bandera Suiza que Desembarcan en el Cabo de Hornos; que es un grupo muy selecto).
El 8 de junio celebra el Obrero Azucarero y al día siguiente el Geólogo. Dos días después lo hace el Vidriero, y el día 13 el Escritor, en conmemoración al suicidio de Leopoldo Lugones en algo así como un prostíbulo de El Tigre llamado El Tropezón (sí, del mismo Lugones que había satirizado el suicidio de Horacio Quiroga). En junio también festejan el Bancario, el Apicultor y el Empleado de Enseñanza Privada, inevitable docente de estos tiempos que no debería confundirse con el Maestro tradicional, que celebra su día sólo el 11 de septiembre en honor a Domingo Faustino Sarmiento, que luchó por la enseñanza pública, precisamente, además de laica y obligatoria. El Arquitecto se agasaja a sí mismo en julio, y el Asistente Social y el Editor de Revistas también, y el Aeromodelista, compartiendo su día (el día 3), aunque posiblemente no su mesa, con el Locutor. El 5 de julio es el Día del Empleador, el 7 del Policía, el 8 del Inventor (si patentaron sus inventos se saludan entre los colegiados, y si no los patentaron los saludan sus familiares), el 11 es el Día del Promotor Teatral y el 28 el del Personal Doméstico.
Los Empleados de Hipódromos, los Trabajadores Gastronómicos y los Madereros brindan el 2 de agosto; el 4 lo hacen los Panaderos; el 6 los Agrónomos y Veterinarios; el 8 el Cura Párroco y el 10 el Sacerdote (permitiéndosele a los párrocos volver a brindar, ya que les corresponde por derecho divino y por derecho vitivinícola también). El 11 festeja su día el Dietista, aunque nunca sabré de qué consta el festejo de esa lejana casta.
El 12 de agosto llega el turno del Jabonero y del Trabajador de Televisión (del que ejerce en el medio de difusión, no del que arregla aparatos). El 14 es el Día del Fiambrero y el 24 el del Peluquero. Todos los que no encontraron fecha libre en los restantes meses del año, al parecer, terminaron agolpándose en septiembre: Ferreteros, Parapsicólogos, Agricultores, Autores de Teatro, Boxeadores, Carteros, Magistrados, Fosforeros, Laneros, Psicólogos, Perfumistas, Colectiveros y Empleados de Droguerías.
El Bochófilo («hombre que juega a las bochas», aunque usted no lo crea) decidió que su día es el 12 de octubre, como buen golpeador «de raza» que es, dos días después que el Árbitro Deportivo y dos semanas antes que el Curtidor. Los Joyeros, Relojeros, Pedicuros, Deportistas, Obreros Plásticos y Cafeteros se amontonan en noviembre; dejando diciembre en manos de Camarógrafos, Mosaistas, Gauchos, Carroceros, Autónomos, Amas de Casa, Ejecutivos, Ópticos, Reporteros Gráficos y Estibadores Portuarios.
Además de Madres, Padres, Abuelos, Tíos, Hermanos, Novios, Padrinos, Ahijados y Niños (en días flotantes que favorecen la venta de regalitos) todos tienen su día, y si alguno (por esas cosas inexplicables de la vida) no lo tuviese, debería tenerlo, sin más ni más. El señor que acciona una palanca para que dé vueltas la calesita, se lo merece; se lo merece también el telgoporero, el fabricante de copos de azúcar, el tractorista y, sólo por mencionar a algunos: el empleado de playas de estacionamiento, el service de aire acondicionado, el maquillador de cadáveres, el repositor de supermercado, el limpiador de parabrisas en los semáforos, el cadete de farmacia, el vendedor de lotería. Todos se ganan la vida a su manera y, junto a ella, el derecho a festejar.
En un cuento algo delirante titulado Una semana de amor, una pareja vive un romance a lo largo de siete días. Con el permiso del autor (que en verdad lo tengo, siempre que no lo mencione) reproduciré algunas partes que están directamente relacionadas con este tema: «Nos conocimos el jueves 13 (Día del Duplicador de Llaves) durante la cena semanal de la Sociedad en Comandita de Trabas y Candados para el Sudeste Asiático... Ella era rubia. Sus ojos celestes reflejaron la gloria, pero del día siguiente (viernes 14, aniversario de la Última Combinación Exitosa en Relación a un Número Impar) y en verdad no cantaba como una calandria. Sabía cocinar, eso me dijo. Recién pude comprobarlo el sábado 15 (Día de las Huellas Dactilares de Juan Sebastián Elcano) cuando, entre el vapor de una olla que se abría y la ráfaga polar de un congelador que se cerraba, me confesó su deseo... El Día de San Roque (domingo 16) amaneció lloviendo nuevamente y nadie gritó "empanadas calientes para los tucumanos valientes" bajo nuestra ventana... El lunes 17 (Día del Expendedor de Pomadas Curativas en la Vía Pública) descubrimos que el mutuo aliento matutino atentaba contra las mejores intenciones y hasta con la vida de las plantas de interior... El martes 18 (aniversario de la muerte del Primer Osito Koala Amamantado en Cautiverio) nos dijimos cuanto había que decirnos... Excitados por los festejos del Día del Personal de Limpieza en Institutos de Cirugía de Alta Complejidad, el miércoles 19 despertamos con una sonrisa (sólo con una, compartida, que fue poniéndose mustia con el correr de las horas)... El jueves 20 (Día del Estacionamiento en Zonas de Privilegio Pagado con Monedas de un peso) nos levantamos con la sensación de que algo importante, decisivo, inolvidable, sucedería en nuestras vidas». Y aquí corto la larga cita. Quienes quieran saber los entretelones y el desenlace, que lean el cuento.
Por lo demás, hoy (10 de enero, Día del Pizzero) doy por terminado el texto de esta columna que, como van las cosas, tal vez entre en imprenta el 13 de abril (día del Kinesiólogo) y esté en sus manos, amigo lector, recién el 22 (Día del Empleado de la Construcción). Mi intención era que estuviese en la calle el Día del Colocador de Mamparas de Aluminio y Acrílico (para agasajar a un viejo amigo), o bien el Día del Fabricante de Esmaltes para Uñas (generalmente femeninas, aunque no siempre), pero nadie me supo decir en qué fechas se celebran esos dignos oficios.
Con tanto olvido injustificado, no sé a dónde iremos a parar. Pero ¿qué otra cosa podía esperarse de un país donde el 10 de junio, Día de la Reafirmación de la Soberanía sobre las Islas Malvinas, fue sustituido por el 2 de abril, día del desembarco, cuando unos militares inescrupulosos e irresponsables mandaron a morir a nuestros chicos que hacían el servicio militar? ¿Qué otra cosa podía esperarse de un país donde los feriados nacionales, otrora inamovibles, se pasaron al día lunes? «¿Para qué?» se preguntará usted. Pues para que funcionarios y empleados de la administración pública (como quien dice "el verdadero motor que mueve la República") tengan fines de semanas de tres días, fomentando así patrióticamente el mini-turismo.

ddenda: Fueron 648 los soldados argentinos muertos en la aventura demente de retomar las Islas Malvinas por la fuerza; 350 suicidados y 1063 heridos. Todas las fechas son igualmente tristes para recordarlos. Pero, para agasajar a quienes tomaron la maldita decisión de empujarlos hacia allá, hacia esas "tinieblas" que habrían hecho espeluznar al genial Joseph Conrad, tal vez haya que inventar el Día del Alcohol Etílico.

 

RogelioRogelio Ramos Signes, nació en La Rioja a fines de 1949, pasó toda su infancia en San Juan, su adolescencia en Rosario (provincia de Santa Fe) y vive en Tucumán desde 1972. Periodista literario y difusor cultural, publicó un libro de cuentos: "Las escamas del señor Crisolaras"; cinco novelas: "Diario del tiempo en la nieve", "En los límites del aire, de Heraldo Cuevas" (Premio MÁS ALLÁ a la Mejor Novela Argentina de Ciencia Ficción, 1986), "En busca de los vestuarios" (Premio ALIJA, 2005), "Por amor a Bulgaria" (Primer Premio Luis de Tejeda, 2008) y "La sobrina de Úrsula"; tres libros de ensayos: "Polvo de ladrillos", "El ombligo de piedra" y "Un erizo en el andamio"; tres libros de poesía: "Soledad del mono en compañía", "La casa de té" y "El décimo verso"; y un libro de microrrelatos: "Todo dicho que camina". Colabora con publicaciones nacionales y del exterior. Dirige desde 1982 la revista "A y C" (Arquitectura y Construcción). Dicta talleres literarios y de expresión escrita. Parte de su poesía y de su narrativa han sido traducidas y publicadas en francés, portugués, rumano, inglés e italiano. Es miembro fundador de la Asociación Literaria "Dr. David Lagmanovich".