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     DE QUÉ HABLA MURAKAMI CUANDO HABLA DE ESCRIBIR

Geraudí González Olivares

 

Las obsesiones de los escritores es un tema por el que siento una morbosa fascinación. Creo que cada autor, como todo artista, se mueve por energías internas que lo confrontan con sus fortalezas y debilidades para sacar de sí la fuerza y la persistencia para crear. Es en este proceso en el cual me gusta indagar, hurgar partiendo de las experiencias de los autores, quienes en definitiva, aunque puedan tener coincidencias, nunca tendrán el mismo patrón para determinar y encauzar los derroteros de su trabajo creativo.

Haruki Murakami (1949) es un narrador japonés contemporáneo que ha querido transitar estos caminos del proceso de creación en su libro De qué hablo cuando hablo de escribir (2017). Para ello se ha valido de situaciones y vivencias personales y literarias que dan fundamento a su experiencia como lector y escritor. En este sentido, Murakami establece una conexión íntima con sus lectores y seguidores, pero además presenta, tal vez sin proponérselo, una relación con aquellos que aun sin haberlo leído antes pueden acercarse a él desde un enfoque no ficcional, pero sí más íntimo y exclusivo.

El libro está compuesto por once capítulos; en cada uno el autor japonés cuenta de forma amena y cercana sus impresiones sobre ciertos aspectos referentes al proceso de la escritura: desde cómo se acerca a la vocación, casi sin sospecharlo; hasta el hecho de compartir su trabajo creativo ya fuera de sus fronteras geográficas. No obstante, no inicia hablando de novelas como pudiera pensarse; inicia hablando de escritores, y eso, creo, lo hace más interesante. "En esencia, los escritores somos seres egoístas, generalmente orgullosos y competitivos".

Murakami establece un diálogo abierto con sus lectores, y se confiesa sin dobleces ni reservas, con lo cual deja por fuera la fama de hombre tímido y circunspecto con la que ha sido tildado. En ese tránsito literario y personal hace un recorrido por esos primeros años como adulto independiente, en la que como él mismo cuenta, no hizo sino "trabajar, trabajar y trabajar". Cada capítulo rinde los frutos y las desavenencias de Murakami en su intento, en principio por vivir como cualquier mortal, y más tarde en el camino que sin planearlo le tocó afrontar como escritor reconocido.

En este recorrido, a veces literario, otras íntimo, el autor nipón distribuye estas experiencias contadas en diversos asuntos propios del arte de escribir y la relación de este con la vida misma. Subraya temas sobre su condición de novelista, sus inicios en la escritura, los premios literarios, la originalidad, el porqué y el para qué de la escritura, el tiempo como aliado, la importancia de la buena condición física y su relación con el acto de escribir, la influencia de la escuela en los individuos, los personajes de sus ficciones, y finalmente, las nuevas fronteras a las que se lanza una vez que decide salir de su país natal ("Asumir los desafíos que suponen las nuevas fronteras es muy importante para quien se dedica a cualquier cosa relacionada con la creación"). Murakami comparte las hazañas y peripecias de esta ruta literaria, mientras nos relata algunos fragmentos de su vida. Todo, con la cordialidad de un amigo franco y generoso que nos hace un acto de confesión: "He escrito siempre lo que quería, cuando quería y como quería".

Murakami termina sus once secciones con un guiño final: el epílogo que argumenta y concluye todos los asuntos que plantea en el libro. Y en el cual sostiene sistemáticamente sus opiniones personales en cuanto a la escritura de novelas, siempre con la sorpresa que implica para este asiático el oficio de escribir bajo tres aspectos fundamentales: talento propio, algo de suerte y su carácter obstinado.

Finalmente nos hace una última confesión: "Mi vida durante estos estos treinta y cinco años ha consistido, en gran medida, en el esfuerzo constante para no dejar escapar esa sorpresa". Quizás, a un escritor, en suma, no le quede otra elección que la de sucumbir a estos procesos mentales y muy personales sobre sus volcanes creativos. Murakami no ha sido la excepción.

 

Nota: El presente ensayo está incluido en el libro Oficio de la elipsis (Taller Blanco Ediciones, Bogotá, 2019) y se publica con expresa autorización de la autora.  

  

Geraudí González Olivares. Valencia, Venezuela. Investigadora de la minificción y los estudios del discurso. Magíster en Lingüística. Gestora cultural. Perteneció al comité organizador de la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo (FILUC). Coordinó la Jornada de Microficción durante siete ediciones de esta feria. Dirigió la revista Zona Tórrida, adscrita a la Dirección de Cultura, UC. Ejerció la docencia universitaria en las áreas de Poesía, Narrativa y Escritura Creativa. Algunas de sus minificciones aparecen publicadas en el libro colectivo Urgencia del relato II (2015). Ha publicado reseñas en diversos medios impresos y digitales, entre ellos, el «Papel Literario» del diario El Nacional. Participó como actriz de teatro durante algunos años en su país natal. Reside en Bogotá y recientemente inició junto a un equipo el sello editorial El Taller Blanco Ediciones, en el cual coordina la colección Comarca Mínima dedicada al género breve.