VIOLETA ROJO 

 

 

      EL ARCHIVO DE MINIFICCIÓN DE LOS JUEVES

 
Violeta Rojo*

 

Entre Julio de 2014 y diciembre de 2015, la Dra. Violeta Rojo, de Venezuela, publicó en el diario El Nacional de Caracas, una columna llamada "Minificción de los jueves" dedicada a difundir textos de autores de minificción de todo el mundo. Con enorme generosidad, nos ha cedido ese material para que sea difundido a través de nuestra revista. Agradecemos a Violeta por ello. No dejen de buscar nuestra sección especial "El archivo de Minificción de los Jueves". Les aseguramos que no se arrepentirán pues el trabajo de Violeta es impecable.

JUAN ROMAGNOLI 

Juan-Romagnoli 

Juan Romagnoli, Argentina, 1962. Se crió en Mendoza. Reside en Buenos Aires. Algunas de sus microficciones han sido publicadas en la revista mexicana "El cuento" e incluídos en antologías como "4 voces de la microficción argentina", de Raúl Brasca; "El límite de la palabra. Antología del microrrelato argentino contemporáneo" (Menoscuarto, Palencia, 2007), de Laura Pollastri; "Velas al viento. Los microrrelatos de la Nave de los Locos", Fernando Valls (Cuadernos del Vigía, Granada, España, 2010); "Minificcionistas de El Cuento" (Alfonso Pedraza, compilador. Ficticia, México DF, 2014). Su primer libro de microficciones, "Universos Ínfimos", (Tres Fronteras ediciones, Murcia, 2009); reeditado por Macedonia (Buenos Aires, 2011). "#ElSueñodelaMariposa", twiteratura (Macedonia, Buenos Aires, 2013). "Narrar es humano" (Macedonia, Buenos Aires, 2015).

EMBESTIDA
Solamente ver que el rinoceronte gira sobre sí y arremete en loca carrera hacia nuestra posición nos basta para saber que no habrá forma de evitarlo, pues el terror nos ha paralizado. Alguna vez nos hemos informado un poco, en alguna enciclopedia, acerca de este peculiar animal generalmente apacible, que transcurre sus días comiendo hierbas y arbustos, y a veces derribando árboles medianos para pelarlos de hojas con comodidad. Recordamos que puede pesar hasta tres mil quinientos kilos y vivir unos cuarenta años. Por lo general es solitario, salvo cuando forma pareja temporaria con una hembra en celo, o mientras la hembra amamanta y cría a su vástago. Les gusta mucho el agua, especialmente el barro, donde se revuelcan para refrescarse y a la vez protegerse de parásitos. Si lográramos rascar en nuestra memoria, como en el fondo de un frasco, comprobaríamos que poseemos alguna información más sobre este impetuoso animal, pero la tremenda embestida ocurre y aprendemos con crudeza instantánea que ni el más vasto conocimiento nos libraría del final inevitable.

TRAMPA
Una trampa es alguna especie de dispositivo o circunstancia previamente dispuesto y que oficia de nexo entre, cuanto menos, un cazador o trampero y una presa o víctima. El cazador apuesta al factor sorpresa. La víctima cuenta con sortear la trampa inesperada asistida por su instinto en permanente estado de alerta. La trampa es un oxímoron de fe y raciocinio por el cual se intenta manipular el futuro, ajustarlo hasta reducirlo a una única posibilidad: el éxito.
Veámoslo de éste modo: lo que se genera es un centro de gravedad que atraerá no sólo a la víctima, ya que una vez dispuesto el ardid, nadie ni nada estará exento de su fuerza centrípeta. Se trata de un nudo en el continuo espacio-tiempo, un complejo al estilo junguiano, que producirá una taza de atracción determinada, enlazando el mundo físico con el psíquico, más allá del principio de causalidad. Es esta última circunstancia la que vuelve caótico el resultado, hecho que trampero y presa por lo general ignoran.
Hay quienes sostienen que la Creación es una inmensa trampa.

PLEGARIA
-Discúlpeme la interrupción, Elizabeth, pero yo no opino así de ese amor del que me habla. Dice usted que era monótono, sin matices, pero yo creo que era realista. Dice usted que era poco ambicioso, sin embargo yo creo que era completo en sí mismo. Contra su opinión de que era chato, yo pienso que, a su modo, era espiritual. Y si, como usted dice, era infecundo, yo no creo que el único objetivo del amor tenga que ver con los hijos...
De todas maneras, y permítame sólo un momento más de su atención, Elizabeth, estoy de acuerdo en que un amor de esas características tiende a confundir los sentimientos y ahondar las dudas previas, pero no es suficiente prueba de que ha sido traicionado, de modo que no se lo debe dar por muerto.
Pero en fin, ya no sé qué más decirle para convencerla de mi punto de vista, Elizabeth. Por favor, se lo ruego amada mía, deje de apuntarme con esa arma, que alguien puede resultar lastimado.

PESADILLA
Pedro despierta, muy angustiado, tras una pesadilla en la que alguien lo persigue y siente, de inmediato, un profundo alivio... pero le dura apenas unos instantes, justo el tiempo que le lleva descubrir que su perseguidor está allí, frente a él, en carne y hueso. De inmediato emprende la huida.
Pasado un tiempo, Pedro está tan cansado que decide dejar de correr. Al detenerse (justo antes de ser atrapado) vuelve a despertar. Ahora sí se siente realmente aliviado; sólo era un sueño dentro de otro sueño, se dice. Sin embargo, también esta vez el alivio le dura apenas un instante: su perseguidor está frente a su cama. Vuelve a escapar.
La situación se repite, con angustia creciente, hasta que pasados varios niveles de sueño (o vigilia, quién puede saberlo ya), no siente el cansancio de la corrida anterior y logra sacar alguna ventaja.
Ve a un hombre parado en la esquina y aminora el paso para preguntarle:
-Oiga, ¿para qué lado queda la realidad?
-¿Para qué lado...? Estás en ella –le digo, sorprendido por la obviedad, pero con firmeza-. ¿Cuándo lo vas a entender?
Y seguimos persiguiéndonos.

ESTIRPE
Cuentan que el albo Pegaso, ya viejo y sin alas, cansado de acarrear la pesada ambición de los héroes hasta la cima del monte Olimpo o hasta las profundidades del Hades, fue sorprendido en el pobre establo en el que descansaba, y preparado para nuevas e interminables aventuras, como montura de otro ambicioso, a la vez que humilde, héroe nacido en un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme.

MAGIA
Sentada a la mesa de la cocina, ella intenta, no bien oye que el niño se acerca, enjugarse las lágrimas al tiempo que esconde en la mano esa última nota. Con los ojos húmedos aún, lo mira y dibuja una mueca de sonrisa en su rostro.
Desde hace tiempo, el niño cree que sus manos hacen magia. La acaricia, le acomoda el cabello, se abraza a su vientre. Sólo desea verla sonreír.
Ella hace un esfuerzo y se levanta. Tira el papel a la basura y se dispone a preparar la cena. Su ánimo mejora, cree que las manos de su niño hacen magia.

 

*Violeta Rojo. Profesora titular en la Universidad Simón Bolívar. Profesora invitada en la Universidad del Comahue (Argentina), Universidad de los Andes (Venezuela) y Universidad Central de Venezuela. Doctora en Letras y Magíster en Literatura Latinoamericana (Universidad Simón Bolívar); Licenciada en Letras (Universidad Central de Venezuela). Research (Fellow Kingston University, Reino Unido) 2000-2001. Individuo correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Ha publicado: Las heridas de la literatura venezolana y otros ensayos. (Caracas, 2018); La lectura de minificción (Chile, 2016); Liberándose de la tiranía de los géneros y otros ensayos sobre minificción (Lima, 2015); (con Kira Kariakin y Virginia Riquelme) Cien mujeres contra la violencia de género (Caracas, 2015); Mínima Expresión. Una muestra de la minificción venezolana (Caracas, 2009); Breve manual (ampliado) para reconocer minicuentos (Caracas, 2009); (con Héctor Abad Faciolince y Carlos Leáñez Aristumuño) Antología de la novísima narrativa breve hispanoamericana (Caracas, 2008); Teresa Carreño (Caracas, 2005); El minicuento en Venezuela (Bogotá, 2004 y 2007); Breve manual para reconocer minicuentos (México, 1997 y Caracas, 1996).