Tonio 3

 

 

EL ¿MELANCÓLICO? JOHN LE CARRÉ 

Antonio Cruz*


Hace poco leí en la red un artículo sobre John Le Carré (en realidad David John Moore Cornwell, Poole, Dorset, Inglaterra, 19 de octubre de 1931) en la cual se dejaba constancia de que la escritura de Le Carré era melancólica.
Hacía mucho tiempo que no releía a Le Carré y dicha afirmación me llamó mucho la atención, por lo que encontré el pretexto perfecto para ejercitar su relectura. Sin embargo, sin dejarme llevar por el impulso, decidí dedicar un tiempo prudencial al ejercicio de la misma y traté de recordar la mayor cantidad de datos acerca de su escritura releyendo párrafos subrayados con lápiz o resaltados con colores transparentes , en los libros de su autoría que habitan en mi biblioteca, lo que para mí resulta una sana costumbre pues me ha permitido, a lo largo de más de cuarenta años, tener presente al autor y su obra ya que, si hubo escritor que se destacara en mis preferencias de lectura de mi primera juventud y que, por si fuera poco, se mantuviera entre mis predilectos a lo largo de toda una vida, ese es, fue y será Le Carré. 


Maestro del espionaje (En la vida real fue espía y trabajó para una de las secciones del MI5 inglés, aunque hay quienes sostienen que también, durante la Segunda Guerra Mundial, espió para Inglaterra estacionado en territorio enemigo) y actor importante en le guerra fría, Le Carré, que en Argentina era considerado un escritor "de culto" por toda una generación (junto a Jean Lartéguy y algunos otros) pasó a un segundo plano cuando se desató el boom latinoamericano y muchos de nosotros dejamos de lado la literatura en inglés (que por aquellos tiempos solo podíamos leerla traducida, lo que es ya una lata) por libros de autores de nuestro continente (García Márquez, Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Jorge Luís Borges y todos aquellos que llevaron a primer plano a la literatura en castellano).
Graduado de las universidades de Berna y Oxford, también dio clases de Lenguas Modernas en Eaton. Dueño de un estilo propio y muy particular que, en la praxis no puede compararse con otras formas de narrar, Le Carré representa una nueva forma de escritura en el género de espionaje, alejado por completo de los ya por entonces conocidos Ian Fleming y de uno de los pioneros de este tipo de novelas: Somerset Maugham quien estableció las bases del mismo con sus relatos fundacionales Ashenden publicados en 1928. Según sostienen algunos estudiosos, si alguna influencia hubo en la escritura de Le Carré ella proviene de Graham Greene en lo estrictamente literario y de Joseph Conrad en sus principios morales y su discernimiento acerca del bien y del mal. El estilo de Le Carré es innovador, refinado, pero con una facilidad deslumbrante para crear la atmósfera precisa para que el lector se sienta identificado.
Según sostienen sus biógrafos, tuvo su alter ego en uno de sus personajes favoritos: George Smiley, quien sí resulta ser un espía melancólico, con ostensibles problemas cotidianos que le sacan el acartonamiento de cualquier personaje de novela y lo humanizan haciendo que el lector, más allá de cualquier otra cosa, se sienta hermanado y a veces hasta reflejado en él. La pregunta que queda pendiente es cuánto de John Le Carré había en George Smiley o viceversa. Algunos libros de Le Carré
A pesar de sus éxitos con las novelas de espionaje, hay qué decir que no siempre escribió sobre espías. Sus primeras novelas ("Llamada para el muerto" y "Asesinato de calidad") enmarcadas en el género policial, presentaban una trama compleja y morosa pero de fácil lectura ya que en general, a pesar de los avatares de cada capítulo, seguían una escritura lineal y sin empleos de recursos como el flash back literario. Lo que más se destaca en ellas, es el manejo magistral de los tiempos y la mezcla de un humor mordaz con el estilo policial más clásico, probablemente heredado de la novela policíaca tradicional de autores norteamericanos.
No obstante, su éxito y su fama crecieron de manera inesperada con "El espía que volvió del frío" que enseguida llamó la atención al gran público y especialmente a la prensa por lo que Le Carré se vio obligado a renunciar a su trabajo en el Servicio secreto inglés para dedicarse de lleno a la literatura.
Su pericia para elaborar la trama de una novela a partir de ciertas pistas que, por decirlo de manera metafórica, nos llevan de la mano por intrincados caminos en busca del desenlace, trasforma la escritura de casi todos los libro de Le Carré (sobre todo en aquellos en los que cuenta historias que podrían ser verdaderas y que en realidad hayan ocurrido) en una flecha que va directamente al blanco. A veces nos obliga a volver sobre nuestros pasos para buscar la explicación de ciertas situaciones pero esto, curiosamente, no entorpece la lectura; por el contrario, la enriquece. Otra cosa a resaltar en este autor es la destreza para crear una atmósfera determinada y hacernos partícipes de la narración a través de las emociones y sentimientos de sus personajes.
Lo curioso es que, lo poco que se conoce de él, de su vida privada, de sus verdaderas y reales funciones de espía, nos hacen sospechar que Le Carré no necesitó recurrir a la ficción para hacerla parecer verdadera, sino que, por el contrario, para escribir sus novelas solamente tuvo que amoldar hechos reales a los que transformó en ficción retocando nombres, situaciones y locaciones (lo más factible aunque no podamos probarlo). En este punto es menester aclarar que esta especulación no es más que eso ya que su carácter difícil y la densidad del entorno cotidiano durante su desempeño como espía, no van a permitirnos jamás saber con exactitud cuánto de veraz hay en esta afirmación. De cualquier manera, ese escenario caracterizado por agentes dobles, por espías topos, por desertores de uno y otro lado de la cortina de hierro y con la escalofriante guerra fría como telón de fondo sirvió perfectamente para dar mayor veracidad a las novelas que escribió Le Carré. Como para muestra basta un botón, debo decir aquí que, además de no conceder entrevistas, tampoco acepta premios literarios, más allá de que algunas instituciones persisten en premiarle.
Para el final, una breve aclaración sobre el título de este trabajo. Si nos atenemos a las características de personalidad, pensamiento y acción de cada uno de los personajes que supo crear, es probable que ello no sea otra cosa que el reflejo de su propia personalidad, pero esto tampoco podremos establecerlo de manera certera por su aversión a entrevistas y su actitud de permanente rechazo a los premios y a la vida pública.

 

OBRA

Entre sus numerosas obras literarias recordamos Llamada para el muerto (Call for the Dead, 1961). Asesinato de calidad (A Murder of Quality, 1962). El espía que surgió del frío (The Spy Who Came in from the Cold, 1963). El espejo de los espías (The Looking Glass War, 1965). Una pequeña ciudad de Alemania (A Small Town in Germany, 1968) El amante ingenuo y sentimental (The Naïve and Sentimental Lover, 1971) El topo (Tinker Tailor Soldier Spy, 1974). El honorable colegial (The Honourable Schoolboy, 1977). La gente de Smiley (Smiley's People, 1979). La chica del tambor (The Little Drummer Girl, 1983) Un espía perfecto (A Perfect Spy, 1986) La casa de Rusia (The Russia House, 1989) El peregrino secreto (The Secret Pilgrim, 1990). El infiltrado (The Night Manager, 1993) Nuestro juego (Our Game, 1995) El sastre de Panamá (The Tailor of Panamá, 1996) Single & Single (Single & Single, 1999) El jardinero fiel (The Constant Gardener, 2001) Amigos absolutos (Absolute Friends, 2003) La canción de los misioneros (The Mission Song, 2006) El hombre más buscado (A Most Wanted Man, 2008) Un traidor como los nuestros (Our Kind of Traitor, 2010) Una verdad delicada (A Delicate Truth, 2013)

 

*Director de tardes Amarillas