EDITORIAL 

 

Comenzar un nuevo año con buen pie, no deja de ser un estímulo para quienes hacemos Tardes Amarillas. Pues bien, ya está disponible el número 73 de nuestra revista, correspondiente al mes de enero de 2020.
A pesar de los múltiples inconvenientes que tuvimos que superar el año anterior ─que no fueron pocos─, comenzamos el nuevo año con esperanzas de que nuestra suerte cambie y comencemos a tener un tránsito menos enrevesado.
Suponemos que para muchos, esta revista debe tener poco sentido pero hay otros muchos que nos escriben para agradecernos los artículos y/o su inclusión en nuestras páginas. Eso nos hace sentir orgullosos ya que hacer y subir una revista virtual no es sencillo en un siglo XXI saturado de ofertas de todo tipo de lecturas a través de las redes y competir en este mundo virtual no resulta sencillo.
Cualquier persona que se acostumbró a leer en las redes tiene acceso a cientos de revistas iguales o mejores que la nuestra, pero aun así nuestros seguidores y lectores no son pocos.
Por otro lado, salvo nuestros columnistas tradicionales ─que colaboran generosamente y de manera gratuita con la revista─, siempre estamos tratando de incorporar nuevos colaboradores a nuestra publicación con el objetivo de ampliar y mejorar nuestra oferta.
Y así, un poco a los tumbos y con mucho esfuerzo entramos al año 2020 en el que Tardes Amarillas ─si la fortuna nos acompaña─, completaremos nuestros primeros seis años de vida. No es poco para un proyecto que comenzó de manera individual y en los cuales hemos logrado conformar un pequeño grupo (4 personas) que resultó ser muy unido.
Por supuesto que todavía falta mucho para que esté como nosotros pretendemos. Por ejemplo, uno de nuestros más fervientes anhelos es que la revista alguna vez tenga una edición en papel pero, lamentablemente por ahora no podemos afrontar los gastos que ello implica en un país cuya economía está devastada y eso limita las posibilidades de los artistas.
Aunque duela, ─a pesar de que parece que la situación puede cambiar. Un claro ejemplo es el relanzamiento del Plan Nacional de Lectura aunque esperamos que no termine tan sectaria y excluyente como en su primera mención y que lo que prime sea la calidad de un texto sin excluir a los autores "que no son del palo"─, los artistas tenemos muy pocas chances de vivir la literatura sin trabajar en otro oficio para seguir viviendo.
Supongo que esto que acabamos de decir merece un tratamiento más a fondo y de un amplio espectro de la sociedad con el conjunto de los creadores ─escritores, pintores, escultores, gente que hace teatro o cine etc.─ y saber que todos tendrán voz y voto que para expresar que piensa cada uno de ellos y quizás podamos encontrar el camino correcto.
La Cultura lo necesita.

Tardes Amarillas