Mario Cerón

 

 

 

 

 

 El arte es algo subjetivo.

               Por Mario Cerón (Especial para Tardes amarillas)

 Hace algún tiempo, el director de Tardes amarillas, Antonio Cruz, con quien me une una gran amistad, me visitó para realizar una entrevista que fue después publicada en la prestigiosa revista que se edita on line.

En un momento de nuestra conversación hablamos de la subjetividad en el arte. Inmediatamente, le leí un artículo llamado “El subjetivismo en el arte” que había escrito para la revista de la Fundación Cultural Santiago del Estero y le dije que podía publicarla, bajo mi autorización, en su revista. Pues bien, Antonio, que es sumamente respetuoso de  los derechos de copyright, me pidió que reescribiera el texto ya que no quería lesionar las licencias de la mencionada publicación. 

Desde mi modesto punto de vista, en la actualidad el arte (en cualquiera de sus expresiones) no es otra cosa que una contradicción ya que hay opiniones y puntos de vista diferentes. Probablemente, esto se deba a que él mismo es en sí, intrínsecamente contradictorio y sus motivos de impulsión, la mayor parte de las veces, antagónicos.

No tengo absolutamente ninguna duda de que la forma fundamental y doctrinaria del subjetivismo estético (que es lo que en realidad justifica la acción individual del artista) es la psicológica, es decir, aquello referido al artista como ser soberano en la ejecución de sus labores.  La concepción subjetiva del arte, en alguna manera también representa una forma ideológica de procurar el placer estético, tanto es así que en su corpus, esta concepción termina por representar una filosofía de vida.

Trataré de expresarme con mayor propiedad; El subjetivismo tiene componentes narcisistas y no pocas veces tiene como objetivo la auto exaltación del artista .

¿Cómo pueden enunciarse a través del hecho artístico los sentimientos subjetivos? Una obra de arte no necesariamente expresa sentimientos ni afectos del corazón: Quizás al escribir poesía, un artista pueda decir en sus versos que está expresando emociones pero en el caso de la pintura carece de sentido decir que una figura cuadrada o circular «expresa» un sentimiento subjetivo de serenidad.

En el transcurso de los primeros años de este siglo se ha asistido a una total aniquilación de las formas; como consecuencia de ello, se ha llegado a la anulación de las mismas en beneficio de otros elementos no representativos, que han ido ejerciendo un alto papel protagónico en el resultado final del hecho estético.

Como es de imaginar, todo este proceso ha demandado un alto refinamiento de sensibilidad y potencia creadoras extraordinarias. El artista (cualquiera sea el arte elegido) era y es un observador de la realidad y por tanto, se transforma un legítimo intérprete de la misma. Cuando los otros no perciben esa realidad el artista la muestra con toda su carga interpretativa. De acuerdo al apotegma aristotélico, el artista es un simpático “mentiroso virtual” ya que interpreta lo que ve y nos lo cuenta como él quisiera que lo viéramos nosotros. En este aspecto, es tan amplio el panorama de individualidades que, teorizar con un método convencional, sobre este mundo creativo cada día más diverso y complejo resulta una tarea harto difícil.

Según se sostiene, el quiebre entre lo que podríamos llamar Arte Antiguo, Arte Clásico, Arte de Siempre y el Arte Otro (no “Otro Arte” que es distinto; porque “Otro” según algunos teóricos, quiere decir otra realidad, otra creación, otro universo que no puede vinculare con algo precedente), o las nuevas formas de manifestar el arte, se produce en el momento en que, con el afán de exponer obras con una concepción distinta, con una inédita forma de ver, con un resuelto afán de sacar la pintura de los oscuros recintos del taller y llevarlos a la luz y a las brillantes fluctuaciones del color en sus más atrevidas consecuencias un grupo de noveles pintores decidieron reunirse y conformar un movimiento que sería llamado “Muestra de los impresionistas”.

El arte tiene unos 25.000 años de historia y su significación es tan concreta que a veces resulta extremadamente difícil que la palabra que lo nombra sirva para designar algo, sobre todo, algo que nada tiene que ver con el concepto definido anteriormente. No tengo dudas de que, en estos tiempos veloces y fragmentarios y como nunca antes, el arte no es otra cosa que el reflejo de la sociedad en la que se desarrolla. Vivimos tiempos convulsivos, con inmensas desigualdades y en los que se ha perdido por completo no solamente la solidarida sino aquellos valores más elementales que han sido desplazados por el materialismo, la violencia, la desintegración de las ideologías, etc. Este panorama no se limita a los antiguos enconos entre naciones  sino que estos paradigmas se manifiestan adentro de cada país demostrando que el entramado social está cada vez más enredado y decadente. Por tanto, un artista no puede permanecer ajeno a este paisaje lo que lleva a que este ser exprese su arte exactamente como lo piensa: un mundo turbado que lo mantiene a veces perplejo y desorientado.

En definitiva, a lo largo de toda su historia, los cambios que ha sufrido el arte, no son nada más que diferentes formas de expresión pero que contienen en su corpus todo el proceso estético anterior. La fuerza que genera esas variaciones es siempre la misma; cambiaba únicamente el gusto y el artista era el que modificaba ese gusto. Antes de la aparición del Arte-Otro y desde el Paleolítico, la médula que ha recorrido el arte era la Naturaleza misma, la Tierra como escenario de los dramas del hombre, la tierra y el cielo sobre ella, como ámbito de la divinidad. Ahora ese modelo ha desaparecido, se ha transformado. La fuerza generatriz de la inspiración ha pasado con giro copernicano de la realidad al alma, de la naturaleza a la conciencia y, naturalmente, se ha pasado de la realidad externa a la interna.

A este nuevo “Arte-Otro” lo podríamos llamar arte del subjetivismo. La radicalización del subjetivismo lleva a este arte, en el que las formas estéticas desfilan por una gama que va desde la interpretación naturalista estilizada, según la personalidad de cada artista, a los informalismos abstractos más absolutos. Hay que tener en cuenta que nunca comprendemos plásticamente un objeto antes de poseer su representación formal.

Desde la realidad que pasa a través de la conciencia y ahí se reelabora, hasta que la conciencia es reelaborada del tema único del artista, aflorando desnuda y sin asideros naturalistas de la misma. He aquí, en síntesis, casi todo el proceso de elaboración del arte subjetivo. Ya no solo es el ojo, con fidelidad fotográfica, el instrumento del arte, filtrando unas veces por ello, a la naturaleza y otras surge en colores y líneas sin apoyo descriptivo alguno.

Lo importante no es la separación entre arte figurativo y arte subjetivo, sino el arte como fiel reflejo, ya sea del mundo real o del arte como reelaboración del mundo a través de la conciencia. Después de esto cada cual se quede con lo que más le prenda.