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ASÍ ESCRIBE Gabriel Ramos Zepeda

Selección de textos Mariano Cuevas

 

Gabriel Ramos Zepeda 

 

EL DESCUIDO
El que te hayan enterrado vivo es la peor desgracia que te puede ocurrir. Pero que en tu propio féretro se escuchen ruidos extraños...

 

A TI QUE TE RESPETE
–Mamá, mamá, hoy en la escuela Pablo me volvió a pegar.
–Cuando lo veas, enséñale que a ti te tiene que respetar. Dale con todo lo que tengas.
–Sí, mamá, así lo haré –dijo Axel apretando con fuerza el cuchillo que tenía en la mano.

 

LECTURA DE MANO
La gitana descubrió que aquel sujeto sería su asesino en tres días. Lo invitó a su casa, lo instaló en el sofá más cómodo y fue a la cocina por el mejor cuchillo.

 

COLECCIÓN
¿Para qué quieres tanto cuchillo, Jack?

 

HARTAZGO
La piedra estaba cansada que aquel sujeto se tropezara con ella una y otra vez.

 

GABRIEL RAMOS
Nació en la Ciudad de México. Es psicólogo, escritor y promotor cultural. Su interés está centrado en la creación de minificciones y cuentos breves. En Internet ha publicado en: La Revista Minificción, Falsaria, Tus relatos, Cincuenta palabras, Cultura Colectiva y Culturizando. "Vivir es arriesgarse" es su primera publicación en papel.

 

MICRORRELATOS DE LUISA VALENZUELA 

 

LUISA VALENZUELA 1 

Luisa Valenzuela (Buenos Aires, Argentina) residió varios años en París y Nueva York, con largas estancias en Barcelona y México. Durante su dilatada carrera, ha publicado más de 30 libros, entre novelas, volúmenes de cuentos, microrrelatos y ensayos. Su obra fue editada en numerosos países y traducida al inglés, francés, alemán, holandés, italiano, portugués, serbio, coreano, japonés y árabe. Fue becaria del Fondo Nacional de las Artes, Fulbright (Programa Internacional de Escritores en Iowa City) y Guggenheim, entre otras. Ha desarrollado una gran tarea como docente y es miembro de destacadas instituciones (New York Institute for the Humanities, la Cátedra Alfonso Reyes del Tecnológico de Monterrey y la American Academy of Arts and Sciences,entre otras). Se ha desempeñado como periodista en el diario La Nación y en la revista Crisis, además de otros medios de Argentina y Estados Unidos. Ha recibido distinciones de diversa índole, entre las que se destacan el Gran Premio de Honor de la SADE, el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Knox (Illinois), la Medalla Machado de Assis de la Academia Brasilera de Letras, el premio Astralba de la Universidad de Puerto Rico y el premio Esteban Echeverría de la Asociación Gente de Letras. En el año 2017 dio el discurso de apertura de la 43ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y fue declarada Doctora Honoris Causa por la Universidad Nacional de San Martín.Desde 1989 radica en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde fue declarada Personalidad Distinguida de las Letras y Ciudadana Ilustre.

Contaminación semántica

Para José María Merino

La vida transcurría plácida y serena en la bella ciudad de provincia sobre el lago.

A pié o en coche, en ómnibus o en funicular, sus habitantes se trasladaban de las zonas altas a las bajas o viceversa sin alterar por eso ni la moral ni las buenas costumbres.
Hasta que llegaron los minicuentistas hispanos y subvirtieron el orden. El orden de los vocablos. Y decretaron, porque sí, porque se les dio la gana, que la palabra funicular como sustantivo vaya y pase, pero en calidad de verbo se hacía mucho más interesante.
Y desde ese momento el alegre grupo de minicuentistas y sus colegas funicularon para arriba, funicularon para abajo, y hasta hubo quien funiculó por primera vez en su vida y esta misma noche, estoy segura, muchos de nosotros funicularemos juntos.
Y la ciudad nunca más volverá a ser la misma.

 

Hay amores que matan

 Para Claude Bowald.

Ante lo sublime del paisaje él sintió la necesidad de expresar sin palabras lo que resonaba en su corazón desde que la conoció. Estaban en lo más alto del monte, a sus pies se encadenaban los lagos y frente a ellos, tras los lagos, la cordillera se erguía majestuosa y nevada. Él busco por el suelo rocoso alguna mínima flor, no digamos ya un edelweiss, y sólo encontró una varita de plástico verde fluo, de esas que se usan para revolver el trago. Se la brindó a ella como una ofrenda: es mágica, le dijo.

Y ella, que compartía sus sentimientos, la aceptó como tal y para demostrárselo elevó la varita mágica en el aire y con gracioso gesto señaló el pico más alto que asomaba inmaculado a través de las azules transparencias pintadas por la lejanía.
-Quiero una mancha roja allá, conminó. Y ambos rieron.

Quien no pudo reír en absoluto fue el alpinista solitario que perdió pie en ese preciso instante y se desplomó sobre las afiladas aristas del barranco, poniendo una mancha roja precisamente allá, en el pico más alto. Allá donde ni los dos enamorados ni nadie lograrían jamás verla.

 

Zoología fantástica
Un peludo, un sapo, una boca de lobo. Lejos, muy lejos, aullaba el pampero para anunciar la salamanca. Aquí, en la ciudad, él pidió otro sapo de cerveza y se lo negaron:
—No te servimos más, con el peludo que traés te basta y sobra.
Él se ofendió porque lo llamaron borracho y dejó la cervecería. Afuera, noche oscura como boca de lobo. Sus ojos de lince le hicieron una mala jugada y no vio el coche que lo atropelló de anca. ¡Caracoles!, el conductor se hizo el oso. En el hospital, cama como jaula, papagayo. Desde remotas zonas tropicales llegaban a sus oídos los rugidos de las fieras. Estaba solo como un perro y se hizo la del mono para consolarse. ¡Pobre gato! Manso como un cordero pero torpe como un topo. Había sido un pez en el agua, un lirón durmiendo, fumando era un murciélago. De costumbres gregarias, se llamaba León pero los muchachos de la barra le decían Carpincho. El exceso de alpiste fue su ruina. Murió como un pajarito.

 

Otro
Ella va caminando por el parque, su pelo al viento, cuando aparece el otro surgido de la nada. Un muchachito con idénticos pantalones negros y la cara totalmente pintada de blanco, una máscara sobre la cual de manera inexplicable se sobreimprime la máscara de ella: sus mismas cejas elevadas, sus ojos azorados. Ella sonríe con timidez y él le devuelve exactamente la misma sonrisa en un juego de espejos. Ella mueve la mano derecha y él mueve la izquierda, ella da un paso amplio y él da el mismo paso, el mismo modo de andar, los idénticos gestos, las cadencias.
Empieza el juego de proyectos, proyecciones. Fantasías como la de lavarle la cara al otro y encontrar tras la pintura blanca la propia cara. O acoplarse con él como una forma un poco torpe de completarse a sí misma. O dejarlo partir y quedarse sin sombra.
Vanos proyectos mientras el otro la va siguiendo por el parque, reflejando cada uno de sus gestos. Adentrándose cada vez más en la espesura a dos pasos de distancia. Las mismas expresiones. Hasta que él cruza, sin avisar, sin proponérselo, el abismo separador de los dos pasos y ocupa el lugar de ella. Para siempre.

 

Cada cosa en su lugar
Hay dramas más aterradores que otros. El de Juan, por ejemplo, que por culpa de su pésima memoria cada tanto optaba por guardar silencio y después se veía en la obligación de hablar y hablar y hablar hasta agotarse porque el silencio no podía recordar dónde lo había metido.


Palabras Parcas
Abelardo, Arsaín, astuto abogado argentino, asesino agudo, apuesto, ágil aerobista acicalado. Atento. Amable. Amigo asiduo, afectuoso, acechante. Ambicioso. Amante ardiente, arrecho. Autoritario. Abrazos asfixiantes, ansiosos, asustados. Aluvión apagado, artefacto ablandado, apocado. Agravado. Altamente agresivo, al acecho. Abelardo Arsaín. Arma al alcance, arremete artero, ataca arrabiado, asesina. Atrapado. Absuelto: autodefensa. ¡Ay!

 

MICROCUENTOS DE RAÚL BRASCA

Selección de textos: Mariano Cuevas

 

Raúl Brasca

 

 

FELINOS

A Paula

Algo sucede entre el gato y yo. Estaba mirándolo desde mi sillón cuando se puso tenso, irguió las orejas y clavó la vista en un punto muy preciso del ligustro. Yo me concentré en él tanto como él en lo que miraba. De pronto sentí su instinto, un torbellino que me arrasó. Saltamos los dos a la vez. Ahora ha vuelto al mismo lugar de antes, se ha relajado y me echa una mirada lenta como para controlar que todo está bien. Ovillado en mi sillón, aguardo expectante su veredicto. Tengo la boca llena de plumas.

todo tiempo futuro fue peor
"Anoche se sobrepuso a las balas que lo acribillaron y huyó de la policía entre la multitud.
Se escondió en la copa un árbol, se le rompió la rama y terminó ensartado en una verja de hierro.
Se desprendió del hierro, se durmió en un basural y lo aprisionó una pala mecánica.
La pala lo liberó, cayó sobre una cinta transportadora y lo aplastaron toneladas de basura.
La cinta lo enfrentó a un horno, él no quiso entrar y empezó a retroceder.
Dejó la cinta y pasó a la pala, dejó la pala y fue al basural, dejó el basural y se ensartó en la verja, dejó la verja y se escondió en el árbol, dejó el árbol y ...buscó a la policía.
Anoche puso el pecho a las balas que lo acribillaron y se derrumbó como cualquiera cuando lo llenan de plomo: completamente muerto."

 

LA PRUEBA

A Marcelo Caruso

"Sólo cuando sea derribado tendrás a mi hija", había dicho el brujo. El hachero miró el tallo fino del árbol y sonrió con suficiencia. Un primer hachazo, formidable, marcó levemente el tronco. Otro, en el mismo lugar, apenas profundizó la herida. Bien entrada la noche, el hachero cayó exhausto. Descansó hasta el amanecer y hachó toda la jornada siguiente. Así día tras día. La herida se iba profundizando pero, a la par, el tronco engrosaba. Pasó el tiempo y el árbol se volvió frondoso; la muchacha perdió juventud y belleza. El hachero, a veces, alzaba los ojos al cielo. No sabía que el brujo conjuraba los vendavales, desviaba los rayos y alejaba las plagas que carcomen la madera. La muchacha encaneció y él seguía hachando. Ya casi no pensaba en ella. Poco a poco, la olvidó del todo. El día en que la muchacha murió no le pareció distinto de los anteriores. Ahora, ya viejo, sigue su pelea contra el tronco descomunal. No se le ocurre otra cosa: el silencio del hacha le produciría terror.

 

ÚLTIMA ELECCIÓN

A Juan Sabia

El pez resuelto al suicidio evita veloz la red en la que moriría con sus compañeros, pasa de largo frente al anzuelo del pescador rutinario que hojea una revista, y traga sin dudar el de un chico que recordará mientras viva los espasmos terribles de su asfixia.}

 

AMOR
I

A ella le gusta el amor. A mí no. A mí me gusta ella, incluido, claro está, su gusto por el amor. Yo no le doy amor. Le doy pasión envuelta en palabras, muchas palabras. Ella se engaña, cree que es amor y le gusta; ama al impostor que hay en mí. Yo no la amo y no me engaño con apariencias, no la amo a ella. Lo nuestro es algo muy corriente: dos que perseveran juntos por obra de un sentimiento equívoco y de otro equivocado. Somos felices.

II

Pretende que yo estoy enamorada del amor y que a él sólo le interesa el sexo. Dejo que lo crea. Cuando su cuerpo me estremece, lo atribuye a sus muchas palabras. Cuando mi cuerpo lo estremece, lo atribuye a su propio ardor. Pero me ama. Y no lo saco de su engaño porque lo amo. Sé muy bien que seremos felices lo que dure su fe en que no nos amamos.

 

CADÁVER

Me senté en el umbral de mi puerta a esperar que pasara el cadáver de mi enemigo. Pasó y me dijo "hasta mañana". Con tal de no dejarme en paz, sigue penando entre los vivos.

 

ESPIRITU AVENTURERO

A Miguel Gomes

Conocí todas las selvas, los desiertos y los hielos de la Tierra. Solo, en el fondo de la caverna más profunda, vi las flores que mueren cuando se las ilumina y oí el lento gorgoteo de los líquidos invisibles, la continua digestión del mundo. Ni los monstruos de las fosas abisales, ni los seres gelatinosos y transparentes de los planetas cercanos me son extraños. Estaba en la plenitud de mis fuerzas cuando agoté el espacio posible para la aventura. Entonces conocí el aburrimiento, la desesperación de haberlo visto todo.

 

Raúl Brasca: Autor de cuentos, microficciones y ensayos. En 1989 fundó, con otros cuatro escritores, la revista Maniático Textual que estuvo en quioscos y librerías hasta 1994. Compiló quince antologías, once de ellas de microficciones, algunas en colaboración con Luis Chitarroni. Su obra ficcional y ensayística fue publicada en antologías, publicaciones académicas, revistas y suplementos literarios de Argentina y numerosos países de América y Europa. En el país recibió, entre otros, los premios del Fondo Nacional de las Artes y de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. La Universidad de Carabobo (Venezuela) le otorgó la Orden de Alejo Zuluoga que confiere a personalidades de la cultura. Fue ponente y conferencista en congresos internacionales, ha dictado clases magistrales, talleres y seminarios en varias universidades europeas y americanas y se desempeñó como jurado en certámenes literarios nacionales e internacionales. Colaboró con bibliográficas sucesivamente en el suplemento literario del diario La Nación y la revista ADN. Creó las "Jornadas Feriales de Microficción" que coordina y conduce anualmente en la Feria del Libro de Buenos Aires desde 2009.

 

La imagen fue tomada de la página http://www.palabralab.com/2016/01/raul-brasca-escribir-sin-leer-conduce.html

Los textos fuero  extraídos del libro Todo tiempo futuro fue peor, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2007

 

 

 

 

 

Microrrelatos de Augusto Monterroso

 

La oveja Negra

 

LA TORTUGA Y AQUILES
Por fin, según el cable, la semana pasada la Tortuga llegó a la meta. En rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, pues su contrincante le pisó todo el tiempo los talones. En efecto, una diezmiltrillonésima de segundo después, como una flecha y maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles.

 

EL CONEJO Y EL LEÓN

Un célebre Psicoanalista se encontró cierto día en medio de la Selva, semiperdido. Con la fuerza que dan el instinto y el afán de investigación logró fácilmente subirse a un altísimo árbol, desde el cual pudo observar a su antojo no sólo la lenta puesta del sol sino además la vida y costumbres de algunos animales, que comparó una y otra vez con la de los humanos. Al caer la tarde vio aparecer, por un lado, al Conejo; por otro, al León. En un principio no sucedió nada digno de mencionarse, pero poco después ambos animales sintieron sus respectivas presencias y cuando toparon el uno con el otro, cada cual reaccionó como lo había venido haciendo desde que el hombre era hombre. El León estremeció la Selva con sus rugidos, sacudió la melena majestuosamente como era su costumbre y hendió al aire con sus garras enormes; por su parte, el Conejo respiró con mayor celeridad, vio un instante a los ojos del León, dio media vuelta y se alejó corriendo. De regreso a la ciudad el célebre Psicoanalista publicó cum laude su famoso tratado en que demues-[14]tra que el León es el animal más 4 infantil y cobarde de la Selva y el Conejo el más valiente y maduro: el León ruge y hace gestos y amenaza al universo movido por el miedo; el Conejo advierte esto, conoce su propia fuerza, y se retira antes de perder la paciencia y acabar con aquel ser extravagante y fuera de sí, al que comprende y que después de todo no le ha hecho nada.

 

LA OVEJA NEGRA

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada. Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque. Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rá- pidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

 

LA FE Y LAS MONTAÑAS 

Al principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios. Pero cuando la Fe comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía. La buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora monta- ñas permanecen por lo general en su sitio. Cuando en la carrera se produce un derrumbe bajo el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo y ligerísimo atisbo de Fe.

 

LA TELA DE PENÉLOPE, O QUIÉN ENGAÑA A QUIÉN

Hace muchos años vivía en Grecia un hombre llamado Ulises (quien a pesar de ser bastante sabio era muy astuto), casado con Penélope, mujer bella y singularmente dotada cuyo único defecto era su desmedida afición a tejer, costumbre gracias a la cual pudo pasar sola largas temporadas. Dice la leyenda que en cada ocasión en que Ulises con su astucia observaba que a pesar de sus prohibiciones ella se disponía una vez más a iniciar uno de sus interminables tejidos, se le podía ver por las noches preparando a hurtadillas sus botas y una buena barca, hasta que sin decirle nada se iba a recorrer el mundo y a buscarse a sí mismo. De esta manera ella conseguía mantenerlo alejado mientras coqueteaba con sus pretendientes, haciéndoles creer que tejía mientras Ulises viajaba y no que Ulises viajaba mientras ella tejía, como pudo haber imaginado Homero, que, como se sabe, a veces dormía y no se daba cuenta de nada.

 

SANSÓN Y LOS FILISTEOS

Hubo una vez un animal que quiso discutir con Sansón a las patadas. No se imaginan cómo le fue. Pero ya ven cómo le fue después a Sansón con Dalila aliada a los filisteos. Si quieres triunfar contra Sansón, únete a los filisteos. Si quieres triunfar sobre Dalila, únete a los filisteos. Únete siempre a los filisteos.

 

AUGUSTO MONTERROSO

Augusto Monterroso (Tegucigalpa, Honduras, 1921 - Ciudad de México, 2003). Vivió desde 1944 en México, donde trabajó en la UNAM y, como traductor, en el Fondo de Cultura Económica. De formación autodidacta, desde muy joven alternó la lectura de los clásicos de las lenguas española e inglesa con trabajos que le servían para contribuir al sostenimiento de su familia. Fue cofundador de la revista literaria Acento. Escritor de fama internacional, mereció importantes galardones y reconocimientos. Traducida a varios idiomas, la obra de Augusto Monterroso incluye títulos como El concierto y el eclipse (1947), Uno de cada tres y El centenario (1952), Obras completas y otros cuentos (1959), La oveja negra y demás fábulas (1969), Movimiento perpetuo (1969), Animales y hombres (1971), Antología personal (1975), Lo demás es silencio (1978), Las ilusiones perdidas (1985), Esa fauna (1992) o La vaca (1998).

 

La foto de Monterroso fue tomada del siguiente sitio Web:

https://minisdelcuento.wordpress.com/category/augusto-monterroso/

Los textos corresponden al libro La oveja negra y demás fábulas,  Editorial Punto de lectura (2007)

 

 

 

Quince microrrelatos de antología. 

Selección de Mariano Cuevas

 Brevilla

Autopsia
El sujeto está desnudo, es de estatura mediana, tez morena, complexión robusta, de entre 35 y 40 años. En la región torácica se observa una herida cortante de 5,2 cm de largo y 2 cm de ancho producida probablemente por un objeto filoso, punzante, metálico, y probablemente antiguo. En la frente se observa un orificio entre las cejas, de 7cm de profundidad que atraviesa el cráneo y en cuyo fondo aún reside una bala de revólver calibre 38 que produjo el deceso del individuo. Se desconoce la identidad del sujeto. Por lo demás, el cadáver se encuentra en perfecto estado de conservación. El occiso fue hallado en la página 23, a unas líneas del final del capítulo 5.

Sandro Centurión, Argentina.

La última víctima

Antes de ser ajusticiado, el asesino en serie reveló que aún le quedaba una víctima. Las autoridades presentes en la ejecución pensaron que estaba alardeando y no le prestaron atención. Muchos años después, un hombre descubre que el brutal asesino, «el monstruo de la ciudad», era su padre y se suicida.

Homero Carvalho Oliva, Bolivia

Descargos II

—¿Por qué lo mató usted?
—Para complacerlo.
—Sírvase explicar.
—Siempre se preocupaba por llegar primero que yo a todo. Lo único que hice fue garantizar que también llegara primero a la muerte.

Guillermo Bustamante Zamudio, Colombia

Habitual del delito

No tiene caso sufrir, y, sin embargo, estoy penando.
No tiene caso lamentarse, y me quejo silencioso.
No tiene caso derramar lágrimas, y no las derramo.
No tiene caso mascullar improperios, y me los callo.
No tiene caso, señor inspector. Búsquese otro sospechoso. El cadáver que examina es el mío propio. Y le juro por lo más sagrado que no fui yo quien lo mató.

Saturnino Rodríguez Riverón, Cuba.

 Justificación

Cada vez que podía el detective estropeaba el trabajo de la fiscalía, puesto que temía quedarse sin empleo.

Ian David Briceño, Nicaragua.

Un tipo con suerte

El detective Ramos se detuvo frente al cuerpo de la víctima. Era de noche y el farol detrás de él provocaba que su sombra pareciera agarrar de la mano al muerto. Sacó un cigarro y lo encendió. Arrojó el fósforo humeante y se hincó para observar los detalles.
—Este tuvo suerte —dijo.
—¿Por qué? —preguntó curioso el uniformado que lo acompañaba.
—De todos los plomazos que le encajaron solo el del corazón fue mortal —respondió, y esbozó una sonrisa.

Jorge P. Guillén (Chile-Canadá)

Lapsus de memoria

Son las ocho de la mañana. Jean Colas, inspector de la Police Judiciaire de París, se levanta de la cama con un terrible dolor de cabeza. Es febrero, los escolares de la región parisina están de vacaciones. Sufamilia está en la montaña practicando esquí. Ayer, a las seis de la tarde, habló con ellos por teléfono. Además del dolor de cabeza, hay otra cosa que le molesta y angustia. Después de esa conversación con su esposa y sus hijos no se acuerda de nada de lo que hizo ayer por la noche.
Cuando llega a su cuartel, 36 de quai des Orfebres, se encuentra con una enorme sorpresa. El inspector Pierre Durand, con el cual competía para ocupar el puesto del comisario Maigret, que está por jubilarse, había sido asesinado en su casa. La noche anterior con toda seguridad. Parte al domicilio del asesinado. A su llegada un especialista de la policía científica le informa que el inspector Durand fue ultimado con un arma blanca bien particular. La hoja no es recta, sino ondulada. «Como un kris malayo», dice espontáneamente el inspector Colas, gran coleccionista de dagas antiguas. El resto de la diligencia policiaca transcurre con algunas dificultades. El asesinato del inspector Durand atrae a la prensa. Tiene que parar en seco las preguntas de una periodista demasiado curiosa. En la tarde lo primero que hace al llegar a casa es constatar si su kris malayo está en su lugar de siempre. No lo encuentra.

Georges Aguayo, Chile – Francia

En la escena del crimen

Luego de una llamada telefónica, el Inspector Pastrana se dirigió junto a un par de subalternos al sitio del suceso, a exceso de velocidad y con la baliza sonando constantemente, se detuvo con el vehículo policial en marcha, y descendieron corriendo hasta un costado de la rivera.
Encontraron a un viejo vagabundo con una lata de cerveza en la mano, a una mujer en ropa interior y con serios síntomas de encontrarse bajo el efecto de las drogas, y a un oficial en retiro del ejército con su gorra de servicio, parecía estar un tanto enajenado.
—¿Dónde está el cadáver? —preguntó Pastrana. —Se lo llevó el río —contestó el oficial—, los otros policías rastrearon el lugar sin encontrar vestigio de un posible crimen. Pastrana observó a los testigos, y sin dudarlo, procedió a la detención inmediata de los tres.
—Son antropófagos —afirmó—, y se comieron al muerto. Sus acompañantes enmudecieron ante la asertiva decisión del oficial de policía, mientras tanto, el narrador se detuvo en este segundo de la historia, fue a la cocina, abrió la olla y revolvió la sopa en la que cocinaba la vaca que había degollado durante la tarde en un suburbio de Nueva Delhi.

Gregorio Angelcos, Chile

 

De las traiciones posibles
En mitad de la noche sonó el teléfono como un alarido. La esposa miró al esposo. El esposo miró a la esposa.

Abdón Ubidia, Ecuardor

Novela negra

Tal como había planificado, en el primer capítulo el protagonista comenzó a beber y a frecuentar los ambientes más sórdidos de la ciudad. Había muerto su mujer y estaba destrozado. Pero en el primer punto de giro, el argumento se me fue de las manos y en una pelea se cargó a un camello de poca monta. Lo que tenía que ser un texto introspectivo se fue convirtiendo en una novela negra y en la página 200 acumulaba ya 4 asesinatos. He colocado numerosas pruebas para que lo cojan y he puesto a toda la policía tras él, pero siempre va un paso por delante. He intentado que le remuerda la conciencia y se entregue; le he incitado al suicidio, pero siempre vuelve a matar. Ya no puedo controlarlo. Entre líneas he logrado leerle el pensamiento, al fin y al cabo nadie lo conoce como yo. Tiene razón. Esto debemos resolverlo cara a cara. Sentado delante del ordenador, acaricio la pistola mientras espero a que suene el timbre.

Ernesto Ortega Garrido, España.

How have you been?

Captain Reynoso lit his cigarette and the office's twilight was scarcely ignited by the lighter. He inhaled the smoke with energy as if it were oxygen and his life depended on it; the cigarette's puffs turned into little rings that traveled like a spiral until they crashed against the ceiling.
He looked at the phone because he knew he would call. There are people who are prompt and keep their word; Reynoso was also one of those beings and would never evade a meeting. The building was empty and even cadet Vargas, the young officer who occasionally would tell him to have a beer at the next-door bar, had left. «Not tonight, Cadet Vargas», Reynoso told him.
Taking advantage of the quietness, he grabbed a beer from the refrigerator after digging in a brown paper bag. He uncorked the beer and the icy barley brushed his throat cooling it down. The phone rang at 8:00 p.m. as said in a text message. Reynoso plunged his cigarette on the ashtray and looked at newspaper's headline on the desk: Hitman Nero, freed by a corrupt judge, would have fled the country.
Nero has not fled. A predator does not run away, he just hides to stalk his prey, to attack him at night and keep his word, «Captain Reynoso, when I get out I'll look for you and kill you» And Reynoso, «I'll wait for you».
«Captain Reynoso. How've you been? »
«Never been better, Nero. What can I do for you?»

¿Cómo ha estado?

El capitán Reynoso prendió su cigarrillo y la penumbra de la oficina se vio tibiamente iluminada por el encendedor. Inhaló el humo con energía como si fuera oxígeno y su vida dependiera de ello; las bocanadas del cigarrillo convertidas en anillitos viajaron en forma de espiral hasta estrellarse contra el techo.
Miró el teléfono porque sabía que lo llamaría. Hay personas que son puntuales y cumplen su palabra; Reynoso también era uno de esos seres y nunca rehuía a una cita. El edificio estaba vacío e incluso el cadete Vargas, el joven oficial que de cuando vez le decía para tomar una cerveza en el bar contiguo, se había marchado. «No esta noche, cadete Vargas», le dijo Reynoso.
Aprovechando la quietud, sacó una cerveza de la nevera tras hurgar en una bolsa papel marrón. Destapó la cerveza y el helado de la cebada rozó su garganta refrescándola. el teléfono sonó a las 8:00 p.m. cual lo anunciado en un mensaje de texto. Reynoso hundió el cigarrillo en el cenicero y miró el titular del periódico sobre el escritorio: Sicario «Nerón» liberado por juez corrupto habría huido del país.
«Nerón» no ha huido. Un depredador no huye, solo se esconde para acechar a su presa, atacarla de noche y cumplir su palabra: «Capitán Reynoso, cuando salga libre lo buscaré para matarlo». Y Reynoso: «Aquí los espero».
—Capitán Reynoso, ¿cómo ha estado?
—Nunca en mi vida me he sentido mejor, «Nerón» ¿En qué puedo servirle?

Hemil García Linares, Perú – EE.UU.

El Negro

El Negro, le decían. Pero no por el color de su piel, sino por el alma. El Negro se volvió loco una noche, y le dio por ofrecerse como matón a sueldo. Antes de acabar con cada víctima se fumaba un cigarro de colilla negra, muy negra, que luego lanzaba al agujero negro, negrísimo, que causaba su certera munición. Pero en casa no le decían el Negro cuando entraba con la cesta de la compra. Allí le llamaban simplemente «papá».

Paola Mireya Tena, México.

La pistola

En el primer capítulo, el escritor hizo una descripción del despacho del protagonista. Dominaba habitación un gran escritorio. Había una pistola escondida en el fondo del último cajón. En el segundo capítulo, el protagonista era abandonado por su mujer. El escritor no dejaba de pensar en la pistola. ¿Por qué estaba allí? En el quinto capítulo, el protagonista sufría un accidente y era hospitalizado. En el séptimo capítulo, se casaba con la enfermera que le había cuidado. El escritor seguía obsesionado con la pistola. ¿Qué hacer con
ella? Cuando estaba escribiendo el capítulo once, no aguantó más: el escritor sacó la pistola del cajón y se descerrajó un tiro en la cabeza.

Patricia Irene Colchado Mejía, Perú

Brinco de pérola

O policial procurava pelo matador de mulheres. Mais de cinco vítimas, todas jovens e loiras. E a única pista era um brinco deixado na cena de um dos crimes. Logicamente devia ser o brinco de uma das vítimas. Um brinco de pérolas.
Naquela sexta-feira, depois que saiu da delegacia sem solucionar o crime, o policial foi para a casa de sua namorada. Mas ela estava aflita naquela noite. Ela procurava, desesperadamente, por um dos seus brincos que havia perdido. Um brinco de pérolas.

El arete de la perla

La policía buscó al asesino de mujeres. Más de cinco víctimas, todas rubias jóvenes. Y la única pista era un arete olvidado en la escena del crimen. Lógicamente debía ser de una de las víctimas. Un arete de la perla.
Ese viernes, después de dejar la estación de policía sin resolver el crimen, el comisario fue a la casa de su novia. Pero ella estaba afligida esa noche. Buscó desesperadamente uno de sus aretes que había perdido. Un arete de la perla. 

Rô Mierling, Brasil.

Killer Joe

Encendió la luz, vio a sus muertos, la apagó.
En la oscuridad, sonrió con ternura.

Fedosy Santaella, Venezuela

 

Microrrelatos de Ernesto Simón.

 

Ernesto Simón

 

Pesebre
Año 2129: el mundo es un caos. Dios decide pedirle explicaciones al Papa. Lo manda a buscar. Lo encuentra. Una vez que lo tiene enfrente, le pregunta: ¿Qué está pasando? ¿Qué nos pasó? Veo que el mundo se nos fue de las manos. El Sumo Pontífice se toma unos segundos y le dice que no está claro qué es lo que sucede en la Tierra. Supongo que la ambición del hombre, sumado al predominio irreversible del Mal, están prefigurando un escenario que no habíamos contemplado. Dios se queda callado. Lo mira. Espera. Señor, dice el hombre, predicamos por doquier la palabra que nos dejó tu Hijo, edificamos un templo en cada pueblo o gran ciudad y fuimos fieles a tu mandato. ¿Qué falló? Ahora Dios lo mira extrañado. Frunce el ceño. Pregunta: ¿Una iglesia en cada pueblo?, ¿una sucursal de mi morada en cada ciudad, por pequeña o grande que sea? Sí mi señor, tal como lo dices. Dios hace silencio de nuevo. Pierde la mirada en el horizonte difuso. Suspira con nostalgia. Y dice: Quién iba a imaginarlo, si empezamos apenas con un pesebre.

 

La sombra
Cansado de presidentes que rifan el país, o de estos otros que bajo el disfraz de patriotas se sientan a la mesa del Imperio, Luciano ya no supo en quién creer. Ha subido al techo de su casa. Desde aquí todo se ve más claro, piensa. El sol pega fuerte y su sombra es nítida. ¿Qué camino debo seguir?, le consulta. Y pasan las horas. Mientras conversan, él se mueve para todos lados. Camina. Va, viene. Pero su sombra se ha mantenido apuntando siempre en la misma dirección. Luciano se pregunta si será ésta una nueva lección que le ha dejado esa cosa difusa y oscura a la que todos llamamos sombra.

 

La costura del tiempo
En el año 2666 comenzó a rajarse la costura del tiempo. Desde entonces, la historia del mundo se dividió en dos versiones. Las letras se escribieron duplicadas. Todo se supo de dos maneras. El espejo se convirtió en matriz ineludible. Hubo un lado y hubo otro. Cuentan que los hombres nunca supieron de la misteriosa costura que Dios no había terminado de unir. Un trabajo mal hecho y la fatiga inesperada del Todopoderoso contribuyeron al malogrado final. La humanidad quedó condenada a conocer una sola de las dos versiones que cifran la historia.

 

Jesús vuelve
Hora cero: Jesús entra a un bar de Manchester. Viste pantalón de yin, camisa negra, campera de cuero y unos borcegos de suela alta. Lleva lentes oscuros, a pesar de ser noche, para que nadie lo reconozca. Su pelo largo y su barba descuidada no dicen mucho más.
Cero y treinta: Jesús pide un vodka con jugo de naranja y hielo. Bebe. Mira. Se asombra.
Una y cinco: Unos chicos esquinjeds, la cabeza rasurada y tachas por todas partes, le buscan la roña. Lo insultan. Uno lo escupe. Otro lo empuja contra la barra.
Una y catorce: Jesús se quita los anteojos. Los mira con furia. Levanta sus ojos al cielo y grita: Perdónalos señor, no saben lo que hacen. Los muchachos se ríen. Ordenan una jarra de cerveza que pronto pasa de mano en mano. Lo rodean. Soy Jesús, el Hijo de Dios, les grita aterrado. He vuelto a la tierra para salvarlos. Su voz no tiembla, sus piernas sí. No eres más que un vagabundo que busca nuestro favor, dice uno. El otro lo acusa de pobre infeliz, desgraciado indefenso y le pega una patada que da justo entre sus piernas. Jesús cae. La música aturde. Parece un corazón gigante que entró en taquicardia. La cerveza sigue su recorrido por el círculo de esquinjeds que lo rodea. Uno de ellos saca una navaja, se pone en cuclillas y la clava. Jesús se retuerce. El de la navaja hace un corto recorrido con su mano. Ahora le raja todo el vientre. Ríen. Toman. Patean. Música. Luces que se encienden y se apagan.
Una y treinta: Todo sigue igual. Esta vez no hizo falta cruz. No hubo Calvario. Magdalena ni se vio.

 

 

77 historias foto libro chica 1

 

 

Las historias de Ernesto Simón son sueños redondos. Tal cosa se me representa como la consagración de un hombre que logra escribir liberado de hacer diferencias entre el vuelo infantil, delirante, de los sueños, y la vida formal, conservadora del downtown sanjuanino. Hijo, como todos los de su generación, del enciclopedismo francés, Simón retiene en su prosa la cultura universal y la suaviza con el paganismo de los cerros. Sus textos, lo quiero decir, son trucos de magia de tres minutos y, como en las pruebas de René Lavand, no se puede hacer más lento el procedimiento. La prosa certera, económica, al servicio del absoluto de la vida, la muerte, los miedos y el infierno de haber sido, condensa rápidamente, como un ilusionista, la atención del lector con la vocación gratificadora del artista que da de sí, cuando tiene ganas, el destilado de su vida completa, la del propio artista -con su recorrido, su camino- y la del hombre detrás del artista -que trabaja, pena, se reproduce y se prepara para el día de mañana- que necesita comprar las horas que hacen falta para cumplir el delirio de escribir y hacer temblar.
Simón vio luz y subió los Andes, un escritor hace lo que quiere.

 

Esteban Schmidt

 

Biografía de autor
Ernesto Simón nació en San Juan, Argentina, en 1969. Es periodista y escritor. Ha conducido ciclos de radio y ha escrito en diferentes medios gráficos. Ha colaborado con notas para la revista Rumbos, que se edita en los diarios dominicales de casi todas las provincias del país. Ha publicado cuentos en diarios de distintas provincias argentinas, incluidos diario Uno de Mendoza y diario Perfil de Buenos Aires. Escribió artículos para revistas y diarios de San Juan, Mendoza y Buenos Aires. En 2010 escribió la obra de teatro Todos dicen algo, que se estrenó en el Festival Nacional de Teatro por la Memoria. Ha sido columnista de cultura y espectáculos en programas de televisión abierta. Escribe sobre música, autores y bandas en la revista Pensar Musical. En el año 2013 publicó el libro de microficciones 77 historias (Milena Caserola) y en 2015 publicó el libro de cuentos Argentinos por nada (Wu Wei). Actualmente sigue escribiendo para diario Perfil (Buenos Aires), MDZ (Mendoza), El Federal (La Rioja) y El País Diario (San Juan).

 

 

 

ACERCA DE CÓRDOBA BREVE Y SU LLUVIA DE MICROS

 

Luis Héctor Gerbaldo

 

 

CORDOBA BREVE

 

En nuestro afán de dar a conocer el cuento breve como género en el ámbito literario de Córdoba, CORDOBA BREVE decidió concluir las actividades del año 2016 con los que dimos a llamar una "Lluvia de micros", jugando con la realidad meteorológica que nos marcó los días de diciembre en la provincia. Siempre nuestras convocatorias son una excusa para animar a escritores locales que compartan espacio con autores reconocidos del país. Dijeron presente Daniel Frini, Celina Aste, Mariángeles Abelli Bonardi, entre otros. Fueron treinta y siete los textos, de otros tantos autores. Aquí seleccionamos siete microcuentos de autores cordobeses que buscan su reconocimiento.

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