NANIM REKACZ 

      TRANSGÉNEROS LITERARIOS

Nanim Rekacz*

 

Deambulaba por los anaqueles de Librería Mágica(1) observando portadas cuando una imagen de sandalias sobre la arena atrajo mi vista por empatía. Leí el título: Temporadas. Una novela en tweets (2). El autor, Stefan Antonmattei (3), no me resultaba conocido y debí pronunciar en voz alta el apellido para aprehenderlo. La curiosidad por develar quién era ese escritor cuya existencia había hasta ese momento permanecido fuera de mi conocimiento, me impulsó a tomar el libro y abrirlo al azar. Así descubrí que estaba subdividido en siete períodos de tiempo/lugar, comenzando en 1963 y terminando en 2013. Cada uno de los 140 capítulos fue redactado en formato de tweet, (un subgénero que me atrae por su densidad significativa), por lo tanto no tiene más de 140 caracteres. A su lado estaba el mismo libro, pero en inglés; tomé la versión en español y fui a la caja, mientras observaba en la contratapa las etiquetas #amistad #parejas #familia #exilio #pánico #muerte #sobrevivir. 

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MICRORELATOS DE PÍA BARROS

Pía

 

Pía Barros Bravo nació en Melipilla, Chile, en 1956. Ha destacado en el cuento, aunque también ha escrito algunas novelas. Además, ha publicado una treintena de libros-objeto con material literario ilustrado por destacados artistas gráficos chilenos, lo que le ha valido la obtención del Fondart (Fondo Nacional de las Artes) en dos oportunidades. Obtuvo también la Beca de la Fundación Andes, con la que escribió la primera novela de difusión digital en Chile, Lo que ya nos encontró, y la Beca del Escritor, del Consejo Nacional del libro y la lectura.
Dirige los talleres literarios Ergo Sum desde 1976; también es directora de Ediciones Asterión. Sus cuentos han sido publicados en más de treinta antologías. ha publicado los siguientes libros: Miedos transitorios (de a uno, de a dos, de a todos) (1985), A horcajadas (1990), El tono menor del deseo (1991) Astride (1992), Signos bajo la piel (1995), Ropa usada (2000), Lo que ya nos encontró (2001), Los que sobran (2003), Llamadas perdidas (2006), La Grandmother y otros, cuentos (2008), El lugar del otro (2010). Ha obtenido los siguientes premios: Finalista del Premio Altazor (2003) Finalista del Premio Altazor (2008) y Premio Altazor (2011) entre otras numerosas distinciones. 

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MINIFICCIÓN PERUANA

SELECCIÓN ESENCIAL

 Una compilación de Rony Vásquez Guevara

 LIBRO RONY

En el año 2013, Rony Vásquez Guevara uno de los estudiosos más constantes y perseverantes de la minificción en Perú, fundador (entre muchas otras actividades relacionadas con el género) de la Revista Plesiosaurio (Primera revista de ficción breve peruana) realizó un breve pero valioso aporte al estudio del género en la nación hermana.

Ese año, con el sello de Micrópolis (una de las editoriales independientes más prestigiosas de Sudamérica dedicado en exclusiva a la narrativa hiperbreve) vio la luz su MINICCIÓN PERUANA (Selección esencial) que, a pesar de su brevedad es un gigantesco paso en la investigación de la minificción en el Perú.
En el mínimo prólogo, del propio antologador, Vásquez Guevara destaca que «La presente selección de minificciones peruanas pretende mostrar los mejores textos que se han producido en nuestra narrativa» y más adelante subraya «Como en toda selección, siempre resaltan los textos (y escritores) ausentes (pero jamás olvidados)» y deja constancia de que la limitación no se debió a un capricho del compilador sino a las limitaciones de espacio en este tipo de publicaciones.
Lo más destacable es que, contrariamente a lo que han hecho algunos investigadores que también escriben minificción, Vásquez Guevara se autoexcluye de la selección, lo que da a este conjunto de microtextos un valor agregado.
Se publican siete de los textos que eligiera Vásquez Guevara. La selección fue realizada por el equipo de Tardes Amarillas.  

Mariano Cuevas

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MICRORRELATOS DE JOSÉ MANUEL ORTIZ SOTO

 Manolo Soto 1

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 MRORRELATOS DE ALBERTO SÁNCHEZ ARGÜELLO

 Alberto Sánchez Argüello 

LOS RIESGOS DE LLEVAR LO PRIVADO A LO PÚBLICO

Después de varios años de malestares digestivos decidí hacerme un chequeo médico completo. Mi esposa insistió en que fuéramos a una clínica privada, pero yo no estaba dispuesto a darle mis ahorros a esos chupasangre. Así que hice todas las filas necesarias en el seguro social hasta obtener una cita.

Me tocó un internista joven que sin mayores preámbulos me dijo que mi caso era muy extraño, digno de un estudio médico. A manera de explicación me mostró las imágenes tomadas en los exámenes. En ellas se podía apreciar claramente una comunidad de hombrecitos y mujercitas labrando grandes campos de cereal en mi intestino delgado.

Yo me sorprendí mucho y mi mujer me regañó por toda la cochinada que como en el mercado durante la compra de fin de semana. El internista entusiasmado aseguró que había mapeado una ciudad que iba desde mi esófago hasta el duodeno. Luego trató de contarme sobre las maravillas de sus medios de transporte pero yo lo interrumpí, lo que me interesaba era saber cómo deshacerme de ellos. Él hizo todo lo posible por hacerme cambiar de parecer apelando a mi deber con la ciencia, la piedad cristiana y cosas así, pero al final logré sacarle una receta con fuertes antibióticos acompañados de laxantes y un subsidio.

Les ahorraré la descripción de mis terribles idas y venidas al baño, sólo diré que fueron días bastante duros y que nuevos exámenes confirmaron que mi cuerpo estaba deshabitado.

Un par de meses después recibí un citatorio. Cuando abrí el sobre me encontré con una acusación de genocidio premeditado en mi contra. Mi mujer aprovechó aquello para sacarme en cara que esto no habría pasado si hubiésemos ido con un privado. Tuve que darle la razón.

EMESIS

La farmacia estaba llena cuando entré. Algún tipo de promoción convocó a todos los vejestorios del barrio. Una fila de ancianas pelo teñido y calvos barbados con sus sonrisas destentadas me miraban curiosos mientras yo trataba de evitar que las náuseas me botaran.
-Usted tiene que vomitar, sacarlo todo- me dijo un setentón medio bizco. Yo lo quedé viendo con odio y sentí que estaba a punto de cubrirlo con mi bilis. Para mí no hay nada más repugnante que vomitar, desde niña siempre lo he evitado.
-Él tiene razón, se nota que anda un montón de mierda jodiéndola por dentro. Vaya, saque todo en el baño del fondo- agregó una vieja pelo rojizo que se abanicaba con la revista cinematográfica. Yo empecé a ver doble y no tenía ninguna esperanza de conseguir un anti emético.
Mi cuerpo se dirigió hacia el fondo de la farmacia, traté de evitarlo sujetándome de las paredes, pero mis piernas caminaron solas. De repente todo se puso rojo, cerré los ojos y dejé salir todo en el inodoro. Cuando los abrí la tasa estaba llena de mis padres, mis hermanas, mi novio, mis ex, mis vecinas chismosas, mis profesores de la universidad, mi jefe, varios sujetos que me dicen cosas morbosas en el trayecto al trabajo y la mayoría de mis amigos.
Todos estaban muy serios y me hacían gestos para que los sacara, pero yo sólo me limpie la boca y dejé ir de la cadena con una sonrisa.

LAS COMPLICACIONES DE LEVANTARSE TEMPRANO

Puse la cafetera de metal en la hornilla y encendí un fósforo. La llama ardió despacito modulada por mi mano. Me concentré en las cucharadas de café, tratando de lograr el nivel perfecto de acidez y suavidad, pero un grupo de cavernícolas interrumpió mi ritual.
Eran siete, embutidos en pieles de animales, gruñendo y gesticulando. Dos de ellos cargaban un gran pedazo de carne –probablemente mamut- y por más que lo intentaron no lograron que alcanzara en mi cocinilla. Traté de comunicarles por gestos que se me hacía tarde para el trabajo, pero los sujetos sólo entornaban sus enormes cejas como vacas mirando un tren.
Les di varias cajas de fósforos y se las comieron. Así que hice una demostración práctica de su uso. Apenas encendí una cerilla los tipos cayeron de rodillas, entonando un cántico salvaje.
Para cuando mi esposa se despertó yo me había convertido en un dios neolítico.

EL ÚLTIMO VUELO

Después de sobrevivir cinco horas de atraso por condiciones climáticas, me ubiqué al lado de la ventanilla buscando distraerme, pero las luces de la ciudad desaparecieron bajo el manto gris de la tormenta que no terminaba de irse.

Decidí devorar las revistas del asiento delantero. Me enteré de la nueva fase del gran colisionador de Hadrones y sobre las bellezas turísticas de Costa Rica. Al llegar a los artículos gastronómicos di por finalizada mi lectura aérea y cerré los ojos para forzar el sueño.

Cuando los volví a abrir estaba solo en la cabina. Caminé desesperado entre quinientos asientos vacíos hasta que un trueno me hizo mirar hacia afuera. En el ala derecha un enorme ser alado estaba destruyendo uno de los motores. Me di cuenta que estaba soñando, así que me coloqué un puñetazo en la cara.

Adolorido abrí los ojos y me encontré con tres miembros del personal de vuelo encima de mí, zarandeándome, gritando que dejara de soñar con dragones, que iba a provocar la muerte de todos. Les escupí todo tipo de improperios y el forcejeó me hizo golpearme la cabeza y perder la conciencia.

Al volver en mí, el avión estaba nuevamente vacío y afuera de la ventanilla el dragón se afanaba con el motor que ya estaba en llamas. No sé porque se me vino a la mente Ludwig y la quinta sinfonía empezó a sonar en el espacio, retumbando a lo largo del pasillo. Me acomodé en el asiento dispuesto a disfrutar.

A lo lejos, unos gritos intentaron llegar hasta mí, sin embargo, el magnífico sonido de las explosiones en perfecta sincronía con la música, pronto los callaron.

DETENER EL TIEMPO

Nuestras órdenes son sencillas: servir a nuestro general en su retiro con todos los honores. Tantos años de servicio intachable hacia nuestra patria demandan que así sea.

Por eso al quedar su memoria congelada en aquel glorioso 14 de noviembre de 1916, cuando se alzó sobre la pira de cadáveres de ambos bandos, cubierta de sangre sus botas, clamando victoria ante los gritos estentóreos de hombres mutilados; nosotros no dudamos en reconstruir todos los días aquella escena: con los sesenta y seis mil trescientos cincuenta y cuatro cañonazos, las réplicas perfectas de las dos torres enemigas –que luego reconstruimos por las noches- el humo sofocante de doscientas barricadas ardiendo y por supuesto los mismos ochocientos heridos y mil novecientos muertos.

EL HILO

A Solange Rodríguez Pappe y su hilo rojo...

Una mañana encontré el hilo que une al mundo. Estaba encima de una cama como si fuera cualquier otro hilo. Lo tomé y empecé a jalarlo despacio hacia mí.

Fui viendo cómo se deshacían largas montañas cubiertas de bosques de abedules, lagos cristalinos como espejos, aves que alzaban el vuelo y junto con ellas las nubes y el sol. Luego seguí con las casas de madera y las personas que caminaban junto a sus perros en una pradera de flores.

Cuando el mundo se terminó de deshilar entró mi abuela al cuarto. Miró tranquila lo que había hecho y me alzó con dulzura para sentarme en la larga mecedora del abuelo. Luego tomó su colcha y volvió lentamente a bordar.

Alberto Sánchez Arguello (1976 Managua Nicaragua) Psicólogo. Ganador del primer concurso de cuento versión juvenil de la Fundación Libros para niños, Nicaragua (2003) con "La casa del agua". Primer lugar en el VII concurso nacional "Otra relación de género es posible" categoría cuento, de CANTERA Nicaragua. Selección de jurado para publicación en el 2008 por la obra "Chico largo y charco verde" en el cuarto concurso nacional de literatura infantil "libros para niños y niñas" (2008) categoría cuento. Primer lugar categoría lengua castellana IIª Convocatoria Internacional de Nanocuento Fantástico y de Ciencia-ficción "Androides y Mutantes" (2012). Finalista del I Concurso Centroamericano de Literatura Infantil con "Mi amigo el dragón", publicado por Libros para niños, Nicaragua (2014) Ganador del II Concurso Centroamericano de Literatura Infantil con "Ítaca" (2016) Incluido en Destellos en el cristal: Antología de microrrelatos de espejos, publicado por la revista digital Internacional Microcuentista (2013) Incluido en antología "Flores de la trinchera" del fondo editorial Soma, Nicaragua (2012). Incluido en "99 crímenes cotidianos" antología de minificciones publicada por La pulga editorial en Madrid España (2015) Incluido en "Viaje a la oscuridad" Antología de cuento breve Lengua de Diablo editorial México (2015). Incluido en "50 demonios" antología de minificción de ArteSano Digital y Penumbria, México (2015). Publicaciones en las revistas Narrativas, Periplo, Hilo Azul y Karebarro y en los sitios Dos disparos y Realidad Bohemia. Autor invitado a Canvas - Festival de Cultura Digital. Nicaragua (2014) al Conversatorio "nueva literatura nicaragüense" organizado por la Cill Unan-Managua (2014) a Centroamérica Cuenta, Nicaragua (ediciones 2014 y 2015) al festival de literatura de la Universidad Centroamericana, Nicaragua (2015) y la XXVI Feria Internacional del libro, Costa Rica (2015)

Blog: http://ofrendando.blogspot.com/
Twitter: @7tojil

 

ASÍ ESCRIBE Gabriel Ramos Zepeda

Selección de textos Mariano Cuevas

 

Gabriel Ramos Zepeda 

 

EL DESCUIDO
El que te hayan enterrado vivo es la peor desgracia que te puede ocurrir. Pero que en tu propio féretro se escuchen ruidos extraños...

 

A TI QUE TE RESPETE
–Mamá, mamá, hoy en la escuela Pablo me volvió a pegar.
–Cuando lo veas, enséñale que a ti te tiene que respetar. Dale con todo lo que tengas.
–Sí, mamá, así lo haré –dijo Axel apretando con fuerza el cuchillo que tenía en la mano.

 

LECTURA DE MANO
La gitana descubrió que aquel sujeto sería su asesino en tres días. Lo invitó a su casa, lo instaló en el sofá más cómodo y fue a la cocina por el mejor cuchillo.

 

COLECCIÓN
¿Para qué quieres tanto cuchillo, Jack?

 

HARTAZGO
La piedra estaba cansada que aquel sujeto se tropezara con ella una y otra vez.

 

GABRIEL RAMOS
Nació en la Ciudad de México. Es psicólogo, escritor y promotor cultural. Su interés está centrado en la creación de minificciones y cuentos breves. En Internet ha publicado en: La Revista Minificción, Falsaria, Tus relatos, Cincuenta palabras, Cultura Colectiva y Culturizando. "Vivir es arriesgarse" es su primera publicación en papel.

 

MICRORRELATOS DE LUISA VALENZUELA 

 

LUISA VALENZUELA 1 

Luisa Valenzuela (Buenos Aires, Argentina) residió varios años en París y Nueva York, con largas estancias en Barcelona y México. Durante su dilatada carrera, ha publicado más de 30 libros, entre novelas, volúmenes de cuentos, microrrelatos y ensayos. Su obra fue editada en numerosos países y traducida al inglés, francés, alemán, holandés, italiano, portugués, serbio, coreano, japonés y árabe. Fue becaria del Fondo Nacional de las Artes, Fulbright (Programa Internacional de Escritores en Iowa City) y Guggenheim, entre otras. Ha desarrollado una gran tarea como docente y es miembro de destacadas instituciones (New York Institute for the Humanities, la Cátedra Alfonso Reyes del Tecnológico de Monterrey y la American Academy of Arts and Sciences,entre otras). Se ha desempeñado como periodista en el diario La Nación y en la revista Crisis, además de otros medios de Argentina y Estados Unidos. Ha recibido distinciones de diversa índole, entre las que se destacan el Gran Premio de Honor de la SADE, el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Knox (Illinois), la Medalla Machado de Assis de la Academia Brasilera de Letras, el premio Astralba de la Universidad de Puerto Rico y el premio Esteban Echeverría de la Asociación Gente de Letras. En el año 2017 dio el discurso de apertura de la 43ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires y fue declarada Doctora Honoris Causa por la Universidad Nacional de San Martín.Desde 1989 radica en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde fue declarada Personalidad Distinguida de las Letras y Ciudadana Ilustre.

Contaminación semántica

Para José María Merino

La vida transcurría plácida y serena en la bella ciudad de provincia sobre el lago.

A pié o en coche, en ómnibus o en funicular, sus habitantes se trasladaban de las zonas altas a las bajas o viceversa sin alterar por eso ni la moral ni las buenas costumbres.
Hasta que llegaron los minicuentistas hispanos y subvirtieron el orden. El orden de los vocablos. Y decretaron, porque sí, porque se les dio la gana, que la palabra funicular como sustantivo vaya y pase, pero en calidad de verbo se hacía mucho más interesante.
Y desde ese momento el alegre grupo de minicuentistas y sus colegas funicularon para arriba, funicularon para abajo, y hasta hubo quien funiculó por primera vez en su vida y esta misma noche, estoy segura, muchos de nosotros funicularemos juntos.
Y la ciudad nunca más volverá a ser la misma.

 

Hay amores que matan

 Para Claude Bowald.

Ante lo sublime del paisaje él sintió la necesidad de expresar sin palabras lo que resonaba en su corazón desde que la conoció. Estaban en lo más alto del monte, a sus pies se encadenaban los lagos y frente a ellos, tras los lagos, la cordillera se erguía majestuosa y nevada. Él busco por el suelo rocoso alguna mínima flor, no digamos ya un edelweiss, y sólo encontró una varita de plástico verde fluo, de esas que se usan para revolver el trago. Se la brindó a ella como una ofrenda: es mágica, le dijo.

Y ella, que compartía sus sentimientos, la aceptó como tal y para demostrárselo elevó la varita mágica en el aire y con gracioso gesto señaló el pico más alto que asomaba inmaculado a través de las azules transparencias pintadas por la lejanía.
-Quiero una mancha roja allá, conminó. Y ambos rieron.

Quien no pudo reír en absoluto fue el alpinista solitario que perdió pie en ese preciso instante y se desplomó sobre las afiladas aristas del barranco, poniendo una mancha roja precisamente allá, en el pico más alto. Allá donde ni los dos enamorados ni nadie lograrían jamás verla.

 

Zoología fantástica
Un peludo, un sapo, una boca de lobo. Lejos, muy lejos, aullaba el pampero para anunciar la salamanca. Aquí, en la ciudad, él pidió otro sapo de cerveza y se lo negaron:
—No te servimos más, con el peludo que traés te basta y sobra.
Él se ofendió porque lo llamaron borracho y dejó la cervecería. Afuera, noche oscura como boca de lobo. Sus ojos de lince le hicieron una mala jugada y no vio el coche que lo atropelló de anca. ¡Caracoles!, el conductor se hizo el oso. En el hospital, cama como jaula, papagayo. Desde remotas zonas tropicales llegaban a sus oídos los rugidos de las fieras. Estaba solo como un perro y se hizo la del mono para consolarse. ¡Pobre gato! Manso como un cordero pero torpe como un topo. Había sido un pez en el agua, un lirón durmiendo, fumando era un murciélago. De costumbres gregarias, se llamaba León pero los muchachos de la barra le decían Carpincho. El exceso de alpiste fue su ruina. Murió como un pajarito.

 

Otro
Ella va caminando por el parque, su pelo al viento, cuando aparece el otro surgido de la nada. Un muchachito con idénticos pantalones negros y la cara totalmente pintada de blanco, una máscara sobre la cual de manera inexplicable se sobreimprime la máscara de ella: sus mismas cejas elevadas, sus ojos azorados. Ella sonríe con timidez y él le devuelve exactamente la misma sonrisa en un juego de espejos. Ella mueve la mano derecha y él mueve la izquierda, ella da un paso amplio y él da el mismo paso, el mismo modo de andar, los idénticos gestos, las cadencias.
Empieza el juego de proyectos, proyecciones. Fantasías como la de lavarle la cara al otro y encontrar tras la pintura blanca la propia cara. O acoplarse con él como una forma un poco torpe de completarse a sí misma. O dejarlo partir y quedarse sin sombra.
Vanos proyectos mientras el otro la va siguiendo por el parque, reflejando cada uno de sus gestos. Adentrándose cada vez más en la espesura a dos pasos de distancia. Las mismas expresiones. Hasta que él cruza, sin avisar, sin proponérselo, el abismo separador de los dos pasos y ocupa el lugar de ella. Para siempre.

 

Cada cosa en su lugar
Hay dramas más aterradores que otros. El de Juan, por ejemplo, que por culpa de su pésima memoria cada tanto optaba por guardar silencio y después se veía en la obligación de hablar y hablar y hablar hasta agotarse porque el silencio no podía recordar dónde lo había metido.


Palabras Parcas
Abelardo, Arsaín, astuto abogado argentino, asesino agudo, apuesto, ágil aerobista acicalado. Atento. Amable. Amigo asiduo, afectuoso, acechante. Ambicioso. Amante ardiente, arrecho. Autoritario. Abrazos asfixiantes, ansiosos, asustados. Aluvión apagado, artefacto ablandado, apocado. Agravado. Altamente agresivo, al acecho. Abelardo Arsaín. Arma al alcance, arremete artero, ataca arrabiado, asesina. Atrapado. Absuelto: autodefensa. ¡Ay!

 
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