LA POESÍA DE ADAM ZAGAJEWSKI

 

  ADAM ZAGAJEWSKI

 

Adam Zagajewski (Lwów, actualmente en Ucrania, 21 de junio de 1945). Novelista, ensayista y poeta polaco. Se graduado en Filosofía y Psicología en la Universidad de Jagiellonica en Cracovia. Perteneciente a la Generación del 68 o también llamada Nueva Ola de autores marcados por un gran compromiso político.En los años setenta se unió a un grupo de disidentes de Cracovia, Teraz (Ahora) y en 1972 publicó su primer poemario: Komunikat (Comunicado), seguido por posteriores novelas, ensayos y publicaciones en revistas, entre ellas Zepis, una revista clandestina y principal oposición democrática polaca. Obligado al exilio en 1982 y a residir en diferentes países, Alemania, Francia y Estados Unidos, donde cada año enseña como profesor invitado en la Universidad de Houston, ya en el 2002 regresa a su país donde actualmente reside. Considerado uno de los autores contemporáneos más importantes y famosos de su generación, sus obras están llenas de crítica social y política. Entre sus obras más destacadas tenemos a: Caliente y frío (1975), Trazo (1983), Ir a Lviv (1985), Retorno (2003), Releer a Rilke (2017); los ensayos Solidaridad y soledad (1968), En defensa del fervor (2002); y el poemario Tierra de fuego (1994). Galardonado en 2010 con el Premio Europeo de poesía y en 2017 con el Premio Princesa de Asturias de las Letras.

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ANTOLOGÍA DE POESÍA DE SANTIAGO DEL ESTERO

STELLA BERNASCONI

Stella Bernasconi  

Stella Bernasconi: Profesora de Castellano, Literatura y latín. Licenciada en Letras por la UNSE (Universidad Nacional de Santiago del Estero). Se desempeñó mucho tiempo en la Docencia. Entre sus publicaciones podemos mencionar Desde el Ángel (1985). Silencio incandescente (2001) y Vestida de infinito (2012). Su obra se ha difundido y se difunde en diarios, revistas y publicaciones especializadas en distintas provincias de nuestro país y del extranjero. 

Hombre 

Te amo hombre
desde la potencia rotunda de tu ancla
sedienta de raíces,
hasta tu área vocación de alturas...
a tu embriaguez de cielos. 

Amo en el hombre
la solidez del árbol.
Venero los surcos profundos de tu tronco
generador de vida,
multiplicador de cunas y de panes,
madero fundador y féretro.
Admiro el poderoso abrazo de tus ramas,
tu apertura de cruz,
tu población de pájaros...
Amo en el hombre
la firmeza del árbol
apoyo y sombra,
austeridad y trino.
Porque hay hombres sin flores y sin frutos
porque hay árboles vencidos en sí mismos
que ahuyentaron las brisas,
que no abrigan los nidos,
que se olvidaron de beber estrellas.
Por eso amo en el hombre
la quimera vertical del álamo,
su demudada desnudez de invierno,
fragilidad venciendo en la tormenta.
Y te amo, hombre
cuando esperas lineal, definitivo,
sin concesiones turbias a la muerte
de pie como los árboles... 

 

Signos 

la memoria en raíz
signa indeleble
los surcos de la sangre.
Supe de alguien
de miradas en cristales marinos
trizándose las sienes
buscar el sendero
que un joven en batalla
toma a la eternidad
y recorrerla hacia
los últimos luceros. 

Supe también de alguien de mirar diamantino
enfrentar las tinieblas
con furia de tigresa
rescatando
la gema de tus sueños
para poblar con ella
todos los desiertos
y abrigar
la sabia descalza
en los inviernos.
Y así
las sombras
de mano de la aurora
cincelando
en la sangre
los atávicos signos
de la vida. 

Silente

 

A un silencio asomada
Era anterior el arpa a la lluvia, a las palabras.
RAFAEL ALBERTI.

Me despojo de gestos y memorias,

de máscaras y días.
Me sumerjo desnuda, sin piel, en la marea del tiempo.
Los oleajes oscuros se alimentan de estrellas.
Me abrigo de silencios rojizos, centelleantes y tibios... 

Vital caleidoscopio
que reitera los ecos
de nadie y de la nada. 

Un silencio sin límites me ciega
los ojos y las manos.
Un silencio infinito me adormece
la sangre y los recuerdos.
Un silencio de espadas que se instala
cual nueva fundación entre mis huesos. 

Todo es nada y es nadie.
Nadie es nada y es nunca.
Vuelvo absorta a la playa.
El silencio en mi piel es una danza,
desde mis hombros cae como una túnica
de nieblas y de trinos. 

Entreabro los ojos mansamente
para apresar una ciudad de pájaros.
Y mis manos... Mis manos aprietan todavía
un puñado de sueños y de espigas... 

Existencial 

El círculo del ser y de la nada

ha concluido.

Vacíos, en la piel...

Somos nada, solos ante el origen.

Somos nadie, en desnudas heridas.

Somos nosotros mismos.

en este instante transparente, único,

raíz y trascendencia de la luz.

 

 

 
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