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el ombligo de piedra

 

 

    EL OMBLIGO DE PIEDRA

La columna de Rogelio Ramos Signes

Una obra de arte de los Medici

 

Le cupo a Américo Vespucio (Amerigo Vespucci, en realidad) la extraña suerte de quedarse con glorias ajenas. La verdad acerca de si fue un hombre recto o simplemente un advenedizo es algo que seguirá descansando en el cono de sombra de la historia. No demasiado ensalzado por las crónicas de la época, ni muy citado por los textos históricos posteriores, Vespucio fue largamente distinguido con un equívoco.

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      EL OMBLIGO DE PIEDRA

La columna de Rogelio Ramos Signes

Todo tiempo pasado (tal vez) fue mejor

Dicen que eran épocas mejores; pero, si nos atenemos a los avisos publicitarios, a una joven de 19 años le decían «la solterona» sólo porque no usaba jabón Palmolive. Claro que ella se lo buscaba; porque Palmolive, que como su nombre lo indica, estaba fabricado con «balsámicos aceites de oliva y de palma», era usado por las mellicitas Dionne, y nadie (que yo sepa, nadie) jamás les dijo «solteronas» a esos angelitos. Eran épocas cuando el triunfo estaba reservado a los más aptos; es decir, a los que seguían por correo un Curso de Cálculo Mercantil; cuando el cerebro dormido (no el de los lectores de don Jorge Manrique, obviamente) se despertaba con Nucleodyne; cuando 9 de cada 10 enfermedades se evitaban con el antiséptico Lysoform; cuando el «albricias para el mundo femenino» se llamaba crema Lechuga; y cuando el apetito de los hijos se estimulaba con Taniol.

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