Jaime Muñoz Vargas

 

 

 

     CON UN ARMA EN LA NUCA

Jaime Muñoz Vargas

 

 

Nuestro oficinista sobrevive a los tumbos en una urbe sombría e inhumana, demasiado inhumana. Se trata de un tipo mediocre, tan apocado que casi es invisible. La rutina lo cerca y los días van minándolo hasta límites inconcebibles. No es dueño de su vida, y todo alrededor se confabula para hacerlo papilla, para machacarlo en el mortero de la desdicha. El oficinista no tiene nombre, así que basta llamarlo así: el oficinista, quien parece ser el resultado individual de un proceso —¿económico, político, social, moral, todo eso junto?— que ha pulverizado la vida de inmensas colectividades. El oficinista, pues, es uno y millones, una sinécdoque de la devastación mundial.

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el ombligo de piedra

 

 

 

    EL OMBLIGO DE PIEDRA

 La columna de Rogelio Ramos Signes

Las modas de La Moda

 

El 11 de noviembre de 1837 aparece en la ciudad de Buenos Aires lo que podría considerarse la primera revista argentina: La Moda. Este «gacetín semanal», según estimaban sus propios editores, tocaba temas afines a la música, la literatura y las costumbres de la época. Aparecieron veintitrés números hasta el 21 de octubre de 1838, y si bien no sabemos si logró convertirse en el medio de expresión del «Bello Mundo Federal», como prometía satíricamente antes del primer número, sí podemos comprobar que cumplió con la periodicidad de una revista semanal. Pero ¿quiénes estaban detrás de ella? ¿quiénes daban la cara o quiénes la escondían, según su propia conveniencia? Juan María Gutiérrez (director), Rafael Jorge Corvalán (editor) y un tal Figarillo (es decir: Juan Bautista Alberdi) eran los responsables de La Moda. Estos jóvenes apasionados, fieles a la consigna de «reformar y regenerar», rendían culto a la inteligencia, parapetaban con su comportamiento las teorías de Saint Simon, vivían con pasión el momento histórico que les tocaba vivir, criticaban a su manera el gobierno de Juan Manuel de Rosas, y militaban (a pesar de sus gustos personales) en la etapa más humanitaria y social del Romanticismo.

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