Carlos Enrique Saldivar 2 

 

 

   DANIEL SALVO Y LA CIENCIA FICCIÓN PERUANA

CARLOS ENRIQUE SALDIVAR

 

I

Conocí a Daniel Salvo en el año 2007, en el mes de febrero, lo recuerdo bien. Aunque en realidad lo conocí mucho antes, y bastante tuvo que ver mi inserción en el mundo virtual, a inicios de este siglo. Recuerdo que aprendí a chatear, y a utilizar de manera correcta el Internet, así me aboqué a la lectura de diversas páginas digitales dedicadas al terror, la fantasía y la ciencia ficción. Muchos de los relatos que leía, sobre todo de autores extranjeros, me sorprendían de manera positiva, anoté escritores y títulos, muchas de estas narraciones las copié en documentos de Word y las tengo en mi computadora, donde puedo leerlas una y otra vez. No obstante, los que permanecen hasta ahora en mi mente son los creadores literarios; el Internet no solo me ayudó a encontrar información sobre diversos temas, me permitió acceder a publicaciones, en formato libro o de textos cortos, de varios escritores de todo el mundo; establecí contacto con varios de ellos, y hasta ahora tengo amistad con muchos, y los sigo leyendo, disfruto de sus poemas, artículos, cuentos. Algo que aún me resulta fabuloso es que por ese entonces yo deseaba ser como estos escritores, quería publicar en dichas páginas, mandé algunos relatos, recuerdo que escribí un texto largo, titulado «El señor que corría para ir al baño», lo coloqué en la sección de comentarios de una web de cuentos de terror y gustó a los lectores; por desgracia, dicha web se cerró al año siguiente.

Daniel Salvo 2

Lo bueno fue que, a partir de 2006 comencé a fechar cada relato que publicaba, y colocaba el sitio donde se incluía la ficción de turno. Sin duda, lo que más me agradó de aquella etapa de mi vida, en la cual leía infinidad de cuentos, poemas, revistas, libros de autor, antologías, colocados en plataformas virtuales, fue hallar escritores peruanos que no había leído. Me interesaba la literatura general, y había espacios dedicados a esta, pero en el mundo real muchas revistas físicas le daban gran importancia a la ficción realista y al texto académico (sobre literatura realista); la literatura fantástica, en cambio, había encontrado un camino, un lugar muy importante en las páginas de la red, en los blogs, y en algunos foros, por ejemplo, en los grupos de correo electrónico, que eran y siguen siendo algo parecido a lo que son ahora las redes sociales. Los escritores fantásticos peruanos no se adscribían a un sistema literario, creaban sus propias rutas, sus propios espacios, y esas plataformas servían para que otros autores pudieran colocar sus creaciones. No fue una página digital peruana la que me interesó sobremanera por aquella época, fueron al menos tres, pues hubo más. Una fue la revista de ciencia ficción Velero 25, dirigida por Víctor Pretell y surgida en 2003; aparecieron cincuenta y cinco números hasta abril del año 2010. Esta publicación estaba realizada por el grupo Coyllur, ¿quiénes eran? Más adelante lo sabría. En Velero 25 se publicaban textos de ficción y no ficción de autores nacionales y extranjeros; gracias a esta publicación periódica, pude conocer a nuevos escritores del género, como Giancarlo Stagnaro, y pude ahondar en la obra de varios creadores, a los cuales ya había leído antes en alguna que otra antología impresa, como Enrique Prochazka. Otro espacio virtual muy llamativo era el blog La Casa de Jarjacha, creado en octubre de 2005. En la presentación se menciona como promotores al grupo QUINX; en realidad, la presente plataforma estaba promovida por el grupo Coyllur y se denominaba un «sub-producto» de la revista Velero 25, aunque dedicado a la fantasía, el terror y el misterio (de seguro por la cantidad de material fuera de la ciencia ficción del que disponían). El tercer espacio que me llamó la atención, y que lo hizo de modo especial, fue el blog Ciencia Ficción Perú. Me atrajo de una particular forma porque era el primer espacio que encontraba que estaba dedicado íntegramente a la ciencia ficción peruana. El blog era administrado por Daniel Salvo. Había relatos de autores peruanos y reseñas del mismo Salvo, de volúmenes de ciencia ficción, de escritores nacionales o internacionales. Cabe mencionar que prácticamente todo el material que allí se publicaba era de alta calidad, pude leer más trabajos de escritores que ya había conocido en los libros que adquirí durante mi adolescencia, como Clemente Palma, José B. Adolph y Héctor Velarde. Pude ingresar en la obra de talentosos autores de los cuales no había escuchado hasta ese momento, como Adriana Alarco de Zadra –hoy la decana de la ciencia ficción peruana–, Yelinna Pulliti, Paul Francis Muro, Pedro Félix Novoa, Rubén Mesías Cornejo, entre otros. «Ciencia Ficción Perú» no solo era una vitrina que intentaba encapsular a los autores nacionales de ciencia ficción, del pasado y del presente, también era una zona de noticias, donde el administrador daba sus opiniones, y recibía las de otras personas en los comentarios a las publicaciones. Enfatizaré aquello de que era una suerte de centro donde convergía gran parte de la literatura del género que se hacía en nuestro país: era increíble ver la cantidad de datos puntuales que nos facilitaba Daniel Salvo, era una especie de semidiós borgiano que sabía muchas cosas, los libros, los artistas, los eventos que se realizaban por aquel entonces, fue por él que conocí la literatura de José Güich Rodríguez, por ejemplo, pues Salvo publicitó y reseñó el libro El mascarón de proa, el cual adquirí de inmediato y devoré con gran gusto; mi rango de lecturas se ampliaba y era interesante saber que estas publicaciones pertenecían a compatriotas míos. Por supuesto, Daniel Salvo difundía a autores de todo el Perú, gracias a la Internet lo contactaban creadores de diversas latitudes y Salvo les colocaba un cuento en su blog, les comentaba su libro, o reseñaba el cuaderno y publicaba un relato de ese volumen (un excelente modo de conocer la obra de ese autor). Una labor desinteresada y bastante profesional, las reseñas y artículos, al día de hoy, de Daniel Salvo poseen un encanto que atrapa, maneja un estilo muy dinámico cuando escribe no ficción, el cual consigue interesar al lector enseguida: no solo eso, Salvo es acucioso, es bastante crítico y acertado al momento de abordar alguna obra literaria o de no ficción. Además posee una extraordinaria capacidad investigativa, una cualidad de la cual no muchos pueden vanagloriarse. Recuerdo algunas lecturas que él desenterró, como el relato «El círculo de la muerte» (1916), de Abraham Valdelomar, texto de ciencia ficción, el cual hizo dialogar nada menos que con El fugitivo, de Stephen King, y mencionando el gran aporte del relato del peruano: el trabajo de Valdelomar es muy anterior al del maestro estadounidense. Fue Daniel Salvo quien primero habló de la novela Lima de aquí a cien años (1843), de Julián M. Del Portillo, y mencionó su importancia para la literatura de anticipación. Fue Daniel Salvo quien mostró la ciencia ficción peruana al mundo, él nos brindó una gran cantidad de datos muy valiosos a investigadores, editores y escritores de todo el globo, quienes estaban y aún se hallan muy interesados en la ficción científica que se trabaja por estos lares. Podría decirse que Daniel Salvo es el crítico literario y escritor que más ha hecho por la ciencia ficción nacional y quien ha creado una buena parte de las bases en las cuales muchos hacemos nuestras investigaciones, él nos ha acortado el camino, y se encuentra en plena actividad, realizando una monumental labor, ha de haber publicado a la fecha decenas de textos de no ficción y de relatos en diversas plataformas, del Perú y del mundo. En 2014 publicó con la editorial Altazor su primer libro de cuentos, El primer peruano en el espacio, volumen de gran calidad que recibió comentarios positivos. Daniel Salvo 3Daniel Salvo es, como dije, el más importante promotor de ciencia ficción peruana, hoy en día su labor se complementa con el trabajo de notables académicos y comentaristas literarios, como Tanya Tynjälä, Luis Bolaños De La Cruz, Elton Honores Vásquez, José Güich Rodríguez, Isaac Robles, Benjamín Román Abram, entre muchos otros, que con dedicación están demostrando que el universo de la literatura fantástica peruana es vasto y asombroso.

II

En el año 2006, edité junto con el escritor y académico Jorge Luis Obando la revista impresa Argonautas, dedicada a la fantasía, el terror y la ciencia ficción. En diciembre difundimos el volumen –la época de fiestas fue propicia– y Jorge Luis contactó con el grupo Coyllur, de aficionados al terror, la fantasía y la ciencia ficción. Coyllur se reunía el último sábado de cada mes, para almorzar y conversar sobre diversos temas relacionados con los géneros que disfrutaban. Coyllur se interesó en nuestra revista y Jorge Luis se las dio en la reunión de enero. En febrero me contacté con Daniel Salvo mediante un correo electrónico y asistí a la reunión de ese mes, donde pude conocerlo, así como a otros miembros, con los cuales hasta el día de hoy me une una amistad literaria, como Adriana Alarco, Yelinna Pulliti, Luis Bolaños De La Cruz, Isaac Robles, Pino Calambrogio y Víctor Pretell, quienes además son notables escritores y/o editores del género. Sobre todo, al día de hoy me une una gran amistad con Daniel Salvo, la cual está signada por la lealtad, la admiración, la ciencia y la literatura. Las conversaciones con él, a propósito de diversos planes y proyectos creativos me siguen nutriendo y siento que he aprendido mucho gracias a su mirada crítica, no solo ha sido un aprendizaje literario, sino también personal, y aun cuando discrepamos podemos entender de inmediato el punto de vista del otro y aceptarlo, como una opinión válida y pertinente. El hecho de conocerlo y a los señores de Coyllur fue muy importante para la revista Argonautas, pude incluirles algunos cuentos y artículos, y los volúmenes se hicieron sólidos, publiqué ahí mis propios relatos con mayor confianza, siempre aprobados por el editor Jorge Luis Obando. No solo eso, el apoyo de Coyllur me sirvió para crearme una vía, por la cual transitar e ingresar al medio literario, además ellos me pusieron en contacto con José B. Adolph, con quien mantuve correspondencia virtual, y que colaboró en la revista Argonautas, números 2, 3 (2007) y 4 (2009). Sin duda, un gran aporte para mi revista fueron los relatos de Daniel Salvo; yo tuve mucho contacto con la literatura peruana desde mi niñez y me creé una especie de canon de autores que me gustaban más. Ya en este siglo, leí los cuentos de Daniel Salvo en el blog Ciencia Ficción Perú y en otras plataformas extranjeras, pude notar que sus narraciones poseían un encanto distinto, el tono era clasicista, con un lenguaje sencillo, un humor refinado por momentos, incisivo en otros, y tramas muy inteligentes, trabajadas con gran meticulosidad, las cuales me enganchaban de inmediato; sus relatos me recordaban a los escritos por los grandes de la ciencia ficción del pasado, quizá por eso me sentí especialmente unido a su literatura, tal vez por ello empecé a devorar todo lo que fuera escrito por Daniel Salvo, y, en definitiva, por eso le publiqué cuatro cuentos: «El regalo de las estrellas» (Argonautas, número 2), ambientado en la sierra de Huancavelica, una delirante historia que nos narra el contacto entre un extraterrestre y una pareja de esposos pastores, el alienígena les brinda un regalo a los humanos: el don de leer la mente; por supuesto, ellos no estaban en condiciones morales y, sobre todo: esenciales para utilizar aquel maravilloso (o trágico) obsequio; al parecer, la evolución humana deberá tardarse un poco más, para que no nos matemos entre nosotros. «Necronomicon peruvianis» (Argonautas, número 4), como lo indica el título, aparece el famoso Libro de los muertos, creado por H. P. Lovecraft y usado por este y su círculo de autores en diversas narraciones de terror cósmico. Empero, esta excelente ficción tiene un valor agregado, pues en esta aparece nada más y nada menos que el mismísimo José B. Adolph, quien en realidad hace de un personaje memorable, el sarcasmo, la ironía y, sobre todo, un finísimo humor negro son las claves de esta historia donde se toca un tema en apariencia banal, pero muy consultado: ¿para utilizar libros malditos en rituales es básico contar con el original o con una sencilla (y muy peruana) fotocopia? «El amante de Irene» (El Horla, número 1), un texto que demuestra la notable capacidad de Daniel Salvo para el terror, el contacto con seres de otros planetas se hace presente de nuevo, hay amor, hay traición, hay un suspenso muy bien manejado que desemboca en un desenlace siniestro, nótese cómo empieza el relato: «Irene me engañaba con otro hombre. No podía haber otra explicación para su reciente cambio de actitud.»; aquí podemos ver cómo el argumento se inicia desde la normalidad y la construcción, a medida que la narración avanza, hace que la situación troque en una serie de hechos perturbadores, e incluso atípicos dentro de este quiebre de la cotidianeidad; cuando lean el relato sabrán a qué me refiero. «La carcocha» (El Horla, número 2), dinámico escrito de ciencia ficción que mezcla de modo preciso y estilizado el entorno limeño, en específico el del transporte público; el personaje central es el chofer de la carcocha del título, un ómnibus viejo y destartalado; este cuento es excelente, porque revela que el carro es en realidad un robot (viejo y destartalado, obvio), pero no es cualquier robot, sino el símbolo de una marca importante, de una trasnacional, el cual ahora está venido a menos, y, como muchas cosas o individuos en decadencia, ha terminado, desde luego, teniendo un pequeño empleo en Perú. Como puede verse, Daniel Salvo es un escritor con una poética atípica, seria y envolvente, su capacidad para la crítica social, política, humana lo colocan a la par con los gigantes del género, me es muy difícil emparentarlo con algunos autores clásicos y/o contemporáneos; desde luego no caeré en el error de decir «guardando las distancias», Daniel Salvo es un maestro de la ciencia ficción, en general, a nivel mundial, y no lo digo de modo exagerado, estoy convencido de que sus relatos, escritos y por redactar, sentarán las bases del género a corto plazo, en cuatro o cinco años será un referente total, de momento ya lo es, de forma parcial, su producción requiere mayor alcance. Daniel Salvo es una especie de centro que produce energía cuyos rayos han de alcanzar a la mayor cantidad de gente posible, es necesario que así sea. Se habla de una suerte de ebullición de la ciencia ficción en nuestro país, Salvo es uno de los protagonistas de este pequeño boom que a todas luces va a acentuarse en años venideros. Aunque retomemos la faceta crítica del autor desde este otro ángulo: aparte le he publicado algunos excelentes textos de no ficción, como fue una versión completa de su Panorama de la ciencia ficción en el Perú (Argonautas, número 3). Daniel Salvo es un grande, hay personas cuyo trabajo, cuyo modo de vida resulta inspirador para los demás, hay individuos que deben de estar, que brillan con luz propia y que se merecen el aprecio, bien ganado, de artistas de todas las esferas. Daniel Salvo es hoy en día una de las personalidades literarias más respetadas en el mundo, lo citan en Argentina, en España, en Colombia, lo traducen, lo mencionan como un importante informador de la ciencia ficción nacional. En el Perú ya le han dado un valioso lugar; que su legado siga creciendo y que su obra llegue a más lectores. 

Lima, febrero de 2016

 

Carlos Enrique Saldivar (Lima, 1982). Director de la revista impresa Argonautas y del fanzine físico El Horla; es miembro del comité editorial del fanzine virtual Agujero Negro, publicaciones dedicadas a la literatura fantástica. Es director de la revista Minúsculo al Cubo, dedicada a la ficción brevísima. Finalista de los Premios Andrómeda de Ficción Especulativa 2011, en la categoría: relato. Finalista del I Concurso de Microficciones, organizado por el grupo Abducidores de Textos. Finalista del Primer concurso de cuento de terror de la Sociedad Histórica Peruana Lovecraft. Finalista del XIV Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura 2016. Publicó los libros de cuentos Historias de ciencia ficción (2008), Horizontes de fantasía (2010); y el relato El otro engendro (2012). Compiló las selecciones: Nido de cuervos: cuentos peruanos de terror y suspenso (2011) y Ciencia Ficción Peruana 2 (2016).

 

Geraudí dos 

  

   Rafael Cadenas: vida y poesía en comunión

Geraudí González Olivares

 

Leer a un escritor consagrado es una cosa. Conocerlo, tenerlo tan cerca, otra muy distinta. Su llegada al recinto ferial implicaba para mí una suerte de acercamiento que bien podía pasar por debajo de la mesa; pues, no era yo la única que sentía enormes deseos de conocerlo, ya no desde la platea de los asistentes a la Feria del Libro de la Universidad de Carabobo (Filuc), sino desde el lado que involucra al comité organizador. Pensaba que, quizás, eso me daría la opción de conversar con él, o al menos de observarlo con prudencia, ya desde una óptica más próxima.
El poeta llegó a la ciudad y luego al recinto ferial. De caminar pausado, aspecto reservado, algo parco en sus expresiones, aquel hombre se convirtió en el centro de atención de aquella congregación literaria que celebra cada año la Universidad de Carabobo, en Valencia, Venezuela. Lo que siguió fue posiblemente el eje de mis pensamientos el día de su llegada: acercarme y poder hablarle. Sin embargo, esta pretensión se convirtió en una tarea un tanto difícil y dudosa. ¿Qué podía decir yo de útil a aquel hombre sabio y brillante que ahora tenía enfrente? ¿Acaso había algo importante que decirle a un escritor que ha manejado la palabra con la más sensible y depurada inteligencia? Creo que ya imaginan cuál sería entonces mi respuesta. 

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