Jaime Muñoz Vargas

 

 

 

    Elogio del cuartaforrista

Jaime Muñoz Vargas*

 

 

Algún día alguien, quien sea, incluso yo, debe dedicar unos párrafos a ponderar el valor de las cuartas de forros o contratapas (esa parte de los libros que los lectores de a pie suelen llamar "contraportadas"). Sin darme cuenta, sin valorar lo suficiente su gravitación en mi entusiasmo, he leído contratapas tan buenas que de inmediato me han llevado a comprar o a leer el libro. Por supuesto no han sido pocas las ocasiones en las que, luego de conocer el contenido del libro, las palabras de "la cuarta" se antojan excesivas, lo que de ninguna manera le resta mérito al autor, generalmente anónimo, de esos breves textos, pues él hizo su chamba al persuadirnos.

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El ombligo de piedra

 

 

       EL OMBLIGO DE PIEDRA
La columna de Rogelio Ramos Signes
En busca del sabor perdido

 

Buscando una nueva ruta para llegar a las carísimas especias de Oriente es que Cristóbal Colón, a fines del siglo XV, descubrió lo que luego dio en llamarse América. Incluso murió sin haber salido de su error, ya que siempre creyó haber llegado a algún lugar de Asia, posiblemente a la India; de allí el nombre de indios dado a nuestros aborígenes. Es historia sabida
Las especias, codiciadas y necesitadas por la sociedad europea que no podía reproducirlas en su propia tierra, eran importadas desde el Lejano Oriente y su precio era exorbitante. Éstas sufrían un incremento del 800 por ciento sobre su valor, en calidad de impuesto, que los turcos otomanos aplicaban sobre ellas para permitirles a los cristianos transportarlas a través de sus amplios territorios; era casi un desborde más de fanatismo religioso pero que dejaba buenos dividendos. Se sabe que 2.500 toneladas, como mínimo, pasaban por Venecia, y ésa no era la única ruta. El jenjibre, el clavo y el cardamomo (en ese orden), así como la canela, la nuez moscada y la pimienta, eran las especias más requeridas para fabricar salsas que hiciesen soportable lo insípido del pescado seco que se consumía durante todo el año. Estas salsas de por sí ya eran desabridas puesto que aún no contaban con lo que terminaría siendo su ingrediente principal: el tomate (gentileza de América)

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