JAIME MUÑOZ VARGAS

 

 

GENIO FONTANARROSA    

                         Por Jaime Muñoz Vargas

Sé que es difícil conseguir su narrativa, obra literaria tan vasta y divertida como inteligente. Más fácil es hacerse de sus libros de historietas, ya que en México han circulado lo suficiente como para ubicarlo como dibujante excepcional. Tuve el privilegio de conocerlo personalmente en la FIL de Guadalajara, de comprar dos de sus mejores libros de cuentos y sobre todo de escucharlo y deslumbrarme: Roberto Fontanarrosa, el creador de Boogie el Aceitoso, me dejó pasmado y con toda conciencia puedo afirmar que nunca había oído a alguien que manejara el humor oral con tanto veneno, inteligencia, ternura y desenfado juntos. 

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 Gloria Quispe

 

 

 

 

EL SEXO EN LA LITERATURA: APROXIMACIONES A DOS AUTORES JUJEÑOS

Gloria Carmen Quispe

 

 

Lo propio de las sociedades modernas no es que hayan obligado al sexo a permanecer en la sombra, sino que ellas se hayan destinado a hablar del sexo siempre, haciéndolo saber, poniéndolo de relieve como el secreto.

Michel Foucault, Historia de la sexualidad

El hablar del sexo estuvo y está reservado al espacio íntimo; cualquier manifestación explícita constituye una transgresión y por consiguiente,  un exceso discursivo.

Resulta común y hasta agradable hablar de “El erotismo en la literatura” y no así de “El sexo en la literatura” por considerarlo ofensivo, polémico y porque no, morboso. En el 2006, se publica Cualquiera puede ser un rock- star[1] de Matías Teruel, un libro en el que encontramos historias cotidianas, íntimas, fuertes; atravesadas por la sexualidad. En esta oportunidad nos referiremos a un solo cuento del volumen, “Un día de mierda o la síntesis de todo”. También nos detendremos en “Mudos ojos azules” de Maximiliano Chedrese, publicado en el 2010[2]

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El ombligo de piedra 

EL OMBLIGO DE PIEDRA

(La columna de Rogelio Ramos Signes)

 

                             Un pelado en la nieve                                                         

   En su simpático y muy vendido libro Abrázame, Kathleen Keating propone el instinto del abrazo como una respuesta natural a los sentimientos de afecto, compasión, necesidad y alegría. Partiendo de una teoría razonable y de una base lógica que solidifica su propuesta, Keating (asesora en salud mental) no desdeña el sarcasmo o la paradoja como método didáctico. "El abrazo ayuda a dominar el apetito -nos dice-. Comemos menos cuando tenemos los brazos ocupados en estrechar a los demás".

   Autodefiniéndose como abrazoterapeuta, apela (siempre desde su pequeño libro de venta en supermercados) constantemente al humor, sabiendo que éste muchas veces es el paso previo a la reflexión: "El abrazo es un ejercicio de estiramiento para los de poca estatura y un ejercicio de flexión para los altos"

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 Armando Perez de Nucci Cortázar, la Medicina y la Política

                                                                 Por Armando Pérez de Nucci

ARGENTINA.- Hacia 1980, siendo un joven Profesor de Historia de la Medicina que pretendía actualizar contenidos y conceptos de esta disciplina, empecé a preguntarme de qué forma podía hacerlo y entre las ideas que surgieron, hubo una que alcanzo un desarrollo y suceso que no me había imaginado y que era la creación de un Ateneo de Literatura y Medicina, que intentara unir ambas disciplinas baja el eje de la historia. Aparecieron entonces, autores en los que iba encontrando una cierta " medicalización” en su lenguaje literario y uno de los preferidos fue justamente Julio Cortázar (1914-1984). Analizamos diversos textos de autores argentinos viejos y noveles escritorios que nos mostraron claramente que podíamos leerlos desde la medicina. Este ateneo duró varios años y enriqueció nuestros espíritus con una sangre nueva y diferente a lo que los viejos libros de medicina nos habían enseñado a la vez que enclaustrado en ella. 

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Rony

 

 

 

 

Memoria 1

Rony Vásquez Guevara*

Especial para Tardes Amarillas

El “negro literario” (conocido también como ghost writer) es aquella persona a quien se contrata para escribir diversos textos sin recibir los créditos. Es una práctica de antaño; muchas personas (acaso políticos, militares, abogados, etc.) necesitan un negro literario para expresar claramente sus ideas, pues alejados de un papel escrito o de un parlamento ordenado sus palabras se transforman en una telaraña sin salida para sus interlocutores.

No puedo negar que también pertenezco a ese grupo anónimo de “negros literarios” que siente la lucha interna de los adjetivos, los verbos y los sustantivos al momento de enfrentarse al papel en blanco. Entonces, un verbo pretende interceptar a un adjetivo -y muchas veces logra sorprender al redactor (o escritor)- o un sustantivo intenta trastocar a un adjetivo, e incluso un sustantivo ambiciona modificar a un verbo, pero mi enérgica alma de “negro literario” pretende aparecer como un héroe desconocido para luchar en contra de estas palabras y ordenarlas.

Nadie imagina que cuando termino de escribir un artículo o cualquier nota que me ordenan, cuando he sobrevivido a esa lucha de palabras hasta llegar al gran punto final, el sentimiento de escribir enormemente se satisface aunque minutos después dejarán de ser mis palabras, mis ideas, mis puntos, mis comas y mis punto y comas.

El jefe, entonces, lee su artículo. Le añade una palabra y la borra. Intenta corregir su artículo. Finalmente, me dice “está bien”. Ordena que impriman un ejemplar y que añadan su nombre, esta vez, completo. “¿Y mi nombre?”, siempre me pregunto.

 

*Erick Rony Vásquez Guevara (Lima, 1987) Escritor, investigador y estudioso de la microficción peruana. Director/Fundador de Plesiosaurio, Primera revista de ficción breve peruana.  

 

 
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