El ombligo de piedra 

 

El ombligo de piedra       

La columna de Rogelio Ramos Signes

El jaspe de la cistitis. La obsidiana del amor

 

Un hombre, que escala una montaña en busca de un récord imposible, se sienta a descansar sobre una roca ligeramente transparente (es un feldespato; para ser más exacto, un feldespato hialino). Tras unos pocos segundos, y para su sorpresa, comprueba que no sólo ha aliviado rápidamente su cansancio sino que también ha dejado de sentir calor. «Es una adularia», le informa un baqueano señalándole la roca que ayudó a su descanso. La historia es mucho más larga; pero lo cierto es que el hombre, maravillado por aquel prodigio de la naturaleza, bautiza con el nombre de Adularia a su hija y preconiza las bondades de la piedra. Paralelamente (dice la leyenda) pierde su fobia al número 13, vuelve a contraer matrimonio, detiene la avanzada carrera de su cáncer y contrarresta los efectos de gota que lo aquejan. Como aseguran que la adularia también evita el embarazo, debo aclarar que esa propiedad de la piedra no pudo ser comprobada (en su propio cuerpo) por el padre de Adularia, el montañista. Salvo que esa cualidad sea mucho más extensa de lo que suponemos, y la adularia también produzca esterilidad e impotencia. 

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                 EL HUMOR DE BORGES 

Jaime Muñoz Vargas *

 

La edición tira a feyita y el ejemplar que el azar con celofán me deparó está descabalado —le faltan algunas diez páginas—, pero no importa, es un gran libro. Me refiero a El humor de Borges (Lectorum, 2008, 207 pp.), de Roberto Alifano, amigo y colaborador de Borges. Sé que hay una edición más reciente y, supongo, mejor, más aseada, así que es de relativamente fácil consecución. Hago énfasis en la idea de conseguirlo sobre todo a los borgólatras, aunque no está de más para los no iniciados en este autor que, como el mismo Borges señalaba de Quevedo, es menos un escritor que una literatura, una amplia y profunda y divertida literatura. 

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El ombligo de piedra

  

     En campo de sinople una rosa de gules 

Rogelio Ramos Signes

 

La heráldica (o blasón o ciencia heroica) es un arte, tal vez agresivo, pero para nada caprichoso, que enseña a componer e interpretar los escudos de linaje, ya sean éstos de ciudades o de personas.
Valiéndose de siete colores y de infinidad de particiones diferentes sobre la superficie de un escudo, la heráldica sintetiza en una serie de símbolos (que van desde coronas, lambrequines y yelmos, hasta hojas, bastos, animales de todo tipo, escaleras y corazoncitos en forma de panelas) el orgullo por una divisa «casi» personal, forjada a fuerza de campañas bélicas y aristocráticos contactos con divinidades oficiales.
Es moneda corriente, cuando nos adentramos en algún texto específico sobre la heráldica y su genealogía, encontrarnos con frases como «no existe título que no haya ostentado la casa de (Tal y Tal), desde duques hasta príncipes, pasando por grandes capitanes, obispos, cardenales y papas. Todos los honores han resplandecido en este linaje»; pero ni una sola palabra hay allí para el aprendiz de bruñidor, gracias a quien el escudo destelló bajo el sol en aquella salida donde el señorito fue a cazar unos patos. 

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El ombligo de piedra

 

 

    EL OMBLIGO DE PIEDRA 

La columna de Rogelio Ramos Signes

 El mundo a cuadritos

 

Unos dicen que exaltan el «american way of life», otros dicen que esconden cierto racismo; algunos hablan de penetración ideológica; y tal vez todos tengan razón. Pero sólo quien asegure, y sin mentir, que alguna vez en su vida no leyó con placer una historieta de Walt Disney, puede arrojar la primera piedra. Nos guste o no nos guste, debemos reconocer que esas historietas, desplegadas en páginas hipnotizadoras a todo color, están abrochadas para siempre a nuestros viejos y buenos recuerdos de la infancia. Después crecimos, después analizamos y después atacamos, munidos de nuestra capacidad crítica. Así es la vida. Hoy los niños pasan horas frente al televisor viendo cosas infinitamente peores, y es muy poco lo que hacemos para evitarlo. Los años lo harán por ellos. 

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TAPA MEGAFON O LA GUERRA

 

 

 

 

      Los asedios y las batallas en "Megafón o la guerra" de Leopoldo Marechal

Fernanda Elisa Bravo Herrera*

Università di Siena 

De tal suerte, mi canto nunca fue
sino la espiga exacta de una
guerra.
Leopoldo Marechal, Heptamerón


Para Leopoldo Marechal la novela es el «sucedáneo de la epopeya» que recoge, como lo sugiriera Macedonio Fernández, las historias de los posibles y distintos destinos, entendidos éstos como las experiencias espirituales de sus héroes. Esta actualización de la epopeya se realiza en la traducción de la razón profunda y de las líneas internas de los simbolismos épicos. 

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