JAIME MUÑOZ VARGAS

 

 

 

 

 

DE ANTOLOGÍA

Jaime Muñoz Vargas. 

Inolvidable aquel hombre ilusionado que me compartió la inquietud de publicar un libro de su cosecha. Me mostró el obeso engargolado que en la primera página ostentaba el registro ante Derechos de Autor. Luego, en la segunda cuartilla, el voluminoso monstruo de palabras ofrecía su título: Antología de mis poemas, y el dibujo de una flor, un tintero y una espectacular plumota de ganso. No era necesaria más información para saber de qué iba el asunto, pero atreví algunas tímidas y educadas preguntas.

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AQUELLA CANALLADA: MITIFICACIÓN NARRATIVA DE UN INSTANTE

Jaime Muñoz Vargas

Poco a poco vamos rebasando el lugar común que piensa en el futbol como tema poco literario, sólo confinable en el espacio de la frivolidad. Cierto que hay detractores e indiferentes, y legítimo derecho tienen para serlo, pero en el otro lado del campo de juego trotan los entusiastas, muchos escritores que no por escribir sobre futbol pueden ser hoy considerados del montón, menos escritores que los escritores “serios”. Por las razones que queramos —económicas, sociales, mediáticas y hasta religiosas—, el futbol se ha colado por todos los poros de la realidad y dado que parte de la realidad es la literatura, también allí ha dejado huellas. Lo ha hecho con tanto vigor, ludismo y frescura que no son pocas, de veras, las obras maestras que concilian el ingrediente de los goles con el de las palabras.

Voy a detenerme aquí en un caso extremo de excelencia futbolero-literaria. Es el cuento “19 de diciembre de 1971”, de Roberto Fontanarrosa (Rosario, 1944-2007), modelo acabado de lo que me atrevo a denominar “mitificación narrativa de un instante”.  Leerlo, indagar un poco en su origen, en su procedimiento, en el velado homenaje que rinde a Borges y en la sutil reflexión que insinúa sobre la dicotomía “civilización y barbarie” es aproximarnos a la comprensión de un fenómeno que surge de la inmediatez, de la vida cotidiana y sus pequeñas grandezas y miserias, resortes que, activados por la buena literatura, logran aupar un hecho deportivo aparentemente ínfimo hasta colocarlo en las esferas de lo artístico.

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