TAPA DE LOS DETECTIVES SALVAJES

 

  

 

 

ACERCA DE LOS DETECTIVES SALVAJES DE ROBERTO BOLAÑO                                                  

                                 Amaru Diógenes Condorí.

                       (Especial para “Tardes Amarillas”)

 

 Sin el ánimo de parecer petulante, debo decir que, desde que era niño y mi padre me traía sus tesoros en forma de libros (Recuerdo, “Chico Carlo”, de Juana de Ibarbouru, La saga de Sandokán, esos libros maravillosos de Salgari que tiene su punto de parida en “El corsario negro” y “El pirata de la Malasia” y “El libro de las tierras vírgenes” de Kipling, entre otros, muchísimos otros que no enumero aquí para no aburrir a los lectores) la lectura ocupó un lugar preponderante en mi vida.  Durante gran parte de los años que llevo viviendo, preferí la literatura traducida desde el inglés pero, desde que la hermosa novela de Mempo Giardinelli, “Imposible equilibrio” me cambió la vida, me dediqué con ahínco a la literatura hispanoamericana.

Una de mis deudas pendientes, era, sin duda, Roberto Bolaño, el chileno que se ha transformado en un escritor de culto. Elegí, para debutar en su lectura, su más famosa novela que fuera escrita en 1998 y que recibiera innumerables premios. La obra ha vendido tantos ejemplares a lo largo y a lo ancho del mundo que (hasta el 2012, por lo menos) se sigue reeditando. La lectura de una obra con estos antecedentes no podía evitarse.  

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EL MUNDO FANTASMAGÓRICO DE HESNOR RIVERA

                                                                                                                                        Violeta Rojo

 (Texto leído en el evento Persistencia del Alucinado. Homenaje a Hesnor Rivera. UNICA/LUZ, Maracaibo, septiembre 2013 y publicado en En: paisportatil.com. Sept. 2013.http://paisportatil.com/2013/09/22/el-mundo-fantasmagorico-de-hesnor-rivera/)

 

violeta-rojo

  

 Debo hablar del mundo fantasmagórico de Hesnor Rivera, poeta apocalíptico, al que amaron mujeres que “de seguro han muerto”, habitante de “un país que destruyó la niebla”. En sus poemas hay gente horrible “como la bondad lamentable”, cuyos “antepasados marinos tenían ramas en los ojos marchitos, alas en los dientes heridos, garras en la muerte tatuada”; vive en una ciudad construida con “piedra infernal, piedra de ojo”, en la que “la muerte anda entre las rosas del patio”, tiene “el pecho agusanado de los callejones sin salida”, y “se desangra tendida sobre los racimos de bananas”; en ella hay mujeres con “muslos de serpiente acuática” que gritan “como un lobo en el alba”, y el amor “de entonces era apenas algo semejante a una estrofa de fantasmas lineales”. Me gustaría hablar de sus éxitos, de sus logros, pero debo hablar de sus fantasmas; debo hablar de sus sombras y no de sus luces.

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